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La conjura de los necios

14/04/2010 19:01 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Autor: José Luis Valladares

Las Cortes de Cádiz bautizaron como culiparlantes a los diputados que no presentan proyectos de ley, ni aportan nada sustancial en los debates. Se limitan a dar su voto de acuerdo con las indicaciones concretas de su propio partido. José Luis Zapatero era un culiparlante clásico, que jamás abrió su boca en La Cámara hasta que su partido lo utilizó para evitar el desembarque de José Bono, aupándolo a la Secretaría General del PSOE. Tan pronto tuvo en sus manos la responsabilidad del partido socialista, se rodeó de cerebros acreditadamente grises que, sin hacerle sombra, le ayudaran a instalarse en la consigna de la propaganda vacua y mendaz más absoluta.

Como las desgracias nunca vienen solas, en el mes de marzo de 2004, Zapatero llega a La Moncloa en unos trenes de cercanías que fueron criminalmente despanzurrados con explosivos. Pero las funciones de Gobierno le desbordan completamente. Como es un traje que le queda demasiado grande, quiere justificarse tratando de hacernos creer que es un genio incomprendido y que, por tal motivo, los necios se han conjurado contra él. En realidad se comporta de manera similar al protagonista de 'La conjura de los necios', novela escrita por el estadounidense John Kennedy Toole. Las peripecias de Zapatero parecen calcadas en las de Ignatius J. Reilly, que es el personaje central y excéntrico de la novela.

El protagonista de dicha obra literaria es un ser desgraciadamente inadaptado y anacrónico que quiere implantar de nuevo la moral y la forma de vida del Medioevo. No le hace caso nadie y, además, es el hazmerreir de todo el mundo. Sin abandonar este cometido, se embarca simultáneamente en unas estrafalarias aventuras para competir con una amiga suya en el terreno de la agitación social. Zapatero no pretende que adoptemos las formas de vida medievales, pero trata de que olvidemos parte de nuestra historia y nos retrotraigamos sumisos a los desgraciados tiempos de la II República. También emula a Ignatius J. Reilly metiéndose continuamente en líos, alterando la convivencia pacífica de los españoles. En su afán por restaurar las dos Españas de la República, no ha dudado en burlarse de sus conmilitones catalanes y pactar con el líder de Convergencia y Unión un Estatuto para Cataluña claramente anticonstitucional.

Gracias a la testarudez de Zapatero, España se ha convertido en un país tremendamente anómalo y bananero. Se está contagiando España del progresismo sectario del jefe del Ejecutivo, lo que nos aleja cada día más de de Europa y nos acerca paso a paso a la Cuba de Castro y a la Venezuela del Gorila Rojo. Con su política desleal y populista se está cargando las distintas instituciones españolas. Hasta la propia Justicia, de la mano de Zapatero, parece darle la razón al alcalde de Jerez, Pedro Pacheco, cuando la definió como un "cachondeo". Solamente en ese contexto puede tener explicación el aquelarre organizado o consentido ayer por el Rector de La Universidad Complutense, Carlos Berzosa. En ese acto vergonzoso, en defensa de Baltasar Garzón, se cuestionó vilmente el Estado de Derecho y el principio de igualdad ante la Ley

Pero Zapatero también tiene su lado cómico. Es capaz de hablar durante horas de cualquier cuestión, y no decir absolutamente nada. Pero no por eso abandona su talante trasnochado. Nadie como él puede presumir de tener un elenco tan elevado de frases pretenciosas, que pueden sonar muy bien pero que no dicen nada de nada. Recordemos sus palabras de mayo de 2006, pronunciadas en la entrega del premio 'Leonés del año' al poeta Antonio Colinas. Aquí se retrató perfectamente dejando al descubierto la medida de su inteligencia y su claridad de ideas: "La gran poesía enseña que la única debilidad es la mentira, cuando el egoísmo y el miedo pretenden pasar por amor a la tierra, desoyendo el papel legislador del pensamiento y el papel mediador de la sensibilidad". Tampoco tiene desperdicio su discurso en la Cumbre de Copenhague de diciembre pasado, donde dijo en tono poético: "(en la Tierra) viven pobres, demasiados pobres. Y ricos, demasiados ricos, pero la Tierra no pertenece a nadie, salvo al viento".

En la actualidad, es habitual sorprender a Zapatero oteando el horizonte, en busca de los fantasmagóricos brotes verdes que nos van a llevar a la recuperación económica. Y al igual que el que se pierde en un desierto, después de muchas horas bajo el sol y dominado por la sed, comienza a ver oasis por todas partes, Zapatero no ve más que brotes verdes ilusorios, naciendo por todas partes. De ahí que anuncie, un día sí y otro también que si no hemos abandonado la recesión, estamos a punto de hacerlo. Y que la creación de puestos de trabajo, que al final resulta reiteradamente ilusoria, comenzará en unos meses, siempre a finales del próximo trimestre o, como mucho, a finales del semestre actual.

Como Zapatero es tan celoso de su imagen y los desastres económicos continuados han dañado tan profundamente su valoración mediática, esperaba como agua de mayo el momento de hacerse cargo de la presidencia de turno de la Unión Europea. Asumió esa presidencia con grandes alharacas, pensando que le iba a devolver con creces la popularidad perdida. Pero nada de eso ocurrió. Ni la UE le presentó, tal como él esperaba, como cuajado estadista, ni le hizo el más mínimo caso. Es más, a lo largo de estos meses, cada vez que ha habido que tomar alguna decisión importante, le han ignorado claramente. Los que de verdad cuentan en la UE, consideran que Zapatero no es la persona adecuada para dar consejos sobre la mejor forma de gestionar la crisis.

Nada útil de cuanto se ha propuesto nuestro presidente del Gobierno llegó a cristalizar en algo real, ni siquiera la tan cacareada igualdad entre los distintos estamentos de la sociedad. Quiso que la igualdad fuera la suma expresión de su mandato. De ahí que creara el Ministerio de Igualdad, al frente del cual puso a Bibiana Aido. La igualdad, tal como la entiende la indocumentada ministra, y en cualquier orden que se mire, ha resultado ser un manifiesto fracaso. En muchos casos ha terminado por convertirse en una burla, en un desprecio hasta para el propio concepto de igualdad. La mayor desigualdad la produce el hecho de que haya un número tan desorbitado de parados que se ven obligados a vivir prácticamente de unas escasas limosnas.

La única igualdad conseguida por Zapatero tiene un valor muy pírrico, aunque se trate de una igualdad perfecta. Se empeñó en tener un Gobierno paritario, con igual número de mujeres que de hombres y lo consiguió. Más aún, dado su afán de que ningún ministro le hiciera sombra, consiguió que, hombres y mujeres, fueran todos iguales en incompetencia e incapacidad.

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