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La era de los niñatos

22/01/2010 22:23 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

¿Me retas? Abordáis la calzada y gritáis a vuestros padres. En el colegio, los profesores interinos sufren amenazas de muerte. ¡Te voy a rajar el cuello! Dice un crío de quince años. Mañana amenazará con quemarte la casa. ¡Sé dónde vives! ¿Y tras estos testimonios aún nos exigís silencio? ¿Progreso?

No te cruces conmigo, tío; que ya no te tengo miedo. Soy inmune a las aceras y a los collares de oro. No me mola el rollo que escupes; ni me inspiran las figuras que pintas en las paredes. Que un “biba ETA” me increpa en los cuartos de baño de Puente Dé. ¡Cosas de críos! Nos venden. Tu atrevimiento no me resulta indiferente; ni tu caminar chulesco, despectivo, desgraciado; tus babas son la única huella que quizá puedas imprimir ahí afuera. ¿A qué me refiero? A ti, tío, a ti, heredero de la carencia. Respeto, me exiges, y tus pantalones vaqueros se arrastran por nuestra calle mostrando unos calzoncillos de marca. Mi coche se detiene. Te crees, estúpido adolescente consentido, con derecho a desafiarme y a pisarme porque eres de esos que ni estudian ni trabajan. ¿Y tus padres? Mis viejos, los llamas. No gozaron del tiempo para seguir el ritmo equivocado que te ha llevado presumir de ser el dueño de la calle... pero la calle no es de nadie, chaval. Sólo del frío.

Los niñatos. Mera imagen, sólo eso; he aquí los niñatos. He aquí la nueva era de progreso. La calle no brilla, ahora el claqué resuena sucio, como las mentes de quienes nos persiguen y nos condenan a diario por la espalda. ¿A quién le importa? Vive tu vida, que yo viviré la mía. Mas esto interesa. La poli luce sus ropas impecables. De noche, unos muchachos arrancarán el espejo retrovisor de tu coche, quemarán contenedores o se reirán de las viejas cuando sean increpados por ellas ¡desgraciados! Pipas, pipas... Me niego a ser siempre yo el equivocado. Ya no somos niños. No nos merecemos esto. ¿No ves mis pies? Fíjate, parece que vaya más deprisa, pero no sé qué coño va a ser de nosotros.

¿Me retas? Abordáis la calzada y gritáis a vuestros padres. En el colegio, los profesores interinos sufren amenazas de muerte. ¡Te voy a rajar el cuello! Dice un crío de quince años. Mañana amenazará con quemarte la casa. ¡Sé dónde vives! ¿Y tras estos testimonios aún nos exigís silencio? ¿Progreso? Wyoming no sabe del sentido del humor. No todo es relativo, uno no ha de mofarse del sufrimiento de los demás. El rostro de Bin Laden no tiene ni puta gracia. Te presentas como un triste ejemplo; un bufón para toda esa prole de insensatos, inmersos en la insensibilidad, amos de la ceniza, herederos de la imbecilidad más supina, o quizá inoculada; eso seguro. Papá Estado ya se ha ocupado de ello. ¿Sistema? Esto es un claro ejemplo de hacia dónde vamos; que todo vale por la pasta y por el sexo; inspiráis miedo. ¿Ya no se puede ser niña sin vivir a la vez con miedo? Ahora los buenos resultan ñoños. Cosas de la moda, justifican. Ayudar a los demás no mola. ¿Acaso no? Flanquea la esquina, rastrea la calle, pero no llores, por favor no llores más. La televisión les hace fríos bajo el aura de un mundo en el que la violencia se afianza como el más lucrativo espectáculo. ¿Dónde se encuentran los límites?

No existe la libertad donde no reina la justicia. ¿Cómo ha de fomentarse el respeto en plena eclosión del desamparo para los más débiles e inocentes?

Pandilleros. Vivimos en la era de los pandilleros; se mofan y disfrutan de sus rasgos afilados, sus dientes blancos. Su disfraz apesta. Su aliento huele a hierba. Malos, malos ¡qué malotes! Cuando regreso a casa me pregunto por qué hemos de vivir de rodillas los sensatos. Cuál es la razón de tanta desidia moral, de tanto cenagal. Los cañizos se han quemado y yo temo acostumbrarme a ver el humo desde una ventana. ¡La calle es nuestra! ¡Coño! Qué sinrazón acuna esta Nación con sus familias supeditadas. Te han rellenado el cerebro de progreso. ¡Salvad a los toros! ¡Matad a los niños no nacidos! La generación “nini” ha tomado la calle mientras los padres sufrimos en las trincheras de nuestras casas. Del trabajo al hogar, del hogar al trabajo. ¿Ley de conciliación de las familias? ¿A quién le importa? ¡Pónganmelo más difícil! Total, estoy acostumbrado a que aprieten mi cuello. Luego, no me consuelen; déjenme tranquilo.

Me siento decepcionado. “Si no haces lo que te dicen lo vas a pasar mal”. Odio esta frase. Y así se escapan los años. ¿Quién se atreve quebrantar el orden establecido? Yo solo no conseguiré abrir el camino a la justicia. Si un niñato puede follar, también puede asumir las consecuencias de sus actos. Apelo al sentido común de quienes sobreviven refugiados en sus casas. Ruego al resto. Por favor, si no lo desean, no ayuden a las familias, pero tampoco nos pongan trabas. Si unos jóvenes pandilleros se ven confiados como para intimidar y dar lecciones a unos ancianos, entonces estaremos permitiendo que el mundo se vuelva loco. No existe la libertad donde no reina la justicia. ¿Cómo ha de fomentarse el respeto en plena eclosión del desamparo para los más débiles e inocentes? De nuevo me dirán que sigo equivocado. Ya corren unos cuantos años.

Paco Bono

Más en http://www.pacobono.com

Más en http://www.democraciatotal.com

Colaborador en http://www.espana-liberal.com

Inciso: la generación "nini" significa la abreviatura del "ni estudian, ni trabajan".


Sobre esta noticia

Autor:
Paco Bono (52 noticias)
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Opinión
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