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La España Westfaliana

14/07/2010 19:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

"cuius regio, uius religionis"

(cada región tendrá su religión)

Algunas veces algunas personas me confunden (y se confunden) porque me dicen que España está volviendo a "postulados medievales", donde volveríamos a "reinos de taifa" en los que habría muchos reinos, cada uno más o menos independiente y unidos por unos intereses no religiosos, que es lo que nos distinguiría de la Edad Media.

Aún pesa sobre nosotros la imagen de Voltaire según la cual la Edad Media es una época "oscurantista"; pero le recomiendo a mis amigos que "entren" en la Edad Media de la mano de Le Goff y de George Duby: seguro que se apasionan por ella y se le caen mucho tópicos; aparte que esa división de las "edades" como que ya no convence mucho.

Es verdad que en la Edad Media no había teléfonos móviles ni medicina como la conocemos actualmente; pero sus paradigmas les llevaban a "conclusiones" que hoy nos admiran.

Por ejemplo, en la península ibérica, y más en concreto en los reinos de Castilla y Aragón no había reinos de "taifa": estos estaban en el "mundo" musulmán; legítimo, también, pero no en el "paradigma" cristiano.

En el mundo cristiano, y más en concreto en esos reinos, lo que llamaríamos "clase popular", a través de sus representantes, quiso la unión de los dos reinos: no voy a decir al margen de sus reyes, pero sí digo que la iniciativa la marcó "el pueblo" y los por él representados, y la conclusión fue "el Compromiso de Caspe".

O sea, la Edad Media, no fue una época de divisiones, sino de uniones, de "universitas", de universalidad; y el "concepto de nación" fue un concepto de "claustro universitario", de cuando surgen las primeras universidades, que en absoluto es entendido como algo excluyente.

Ya introducidos en la "Edad Moderna", y después que Lutero clavara las 95 tesis en la puerta de la iglesia de Wittemberg, Europa, la vieja Europa, entra en ebullición. La primera diferencia con la etapa anterior es el nacimiento de multitud de grupos que cada uno pretendía interpretar la "voluntad de Dios" a su antojo: dicha interpretación llevó a enfrentamientos violentos. Hubo varias "paces" para acabar en lo que marcó la "separación de Europa" hasta, prácticamente, hoy día y que fue la "paz de Westfalia".

¡Qué diferencia entre la representación de Caspe y la interpretación de Westfalia!

Con la representación se llegó a la unión y a la prosperidad; con la interpretación de la voluntad divina se llegó al enfrentamiento y a que la única voluntad era la del Príncipe.

España, sin duda se está alejando del mundo de la representación, del mundo de las formas; y, por contra, está entrando en un mundo que Europa occidental ya dejó, que fue el mundo de las sectas, el mundo sectario, donde el príncipe correspondiente, de la ideología correspondiente, hablaba sin tener en cuenta al pueblo aunque todo fuera por el bien de su pueblo, pero hablaba de revelaciones divinas; y con fórmulas que llegaron hasta bien entrado el siglo pasado: desde todo para el pueblo pero sin el pueblo, hasta todo dentro del Estado y nada fuera del Estado. En definitiva, son fórmulas "westfalianas" generadoras de grandes injusticias, y cuyas consecuencias aún colean en nuestra memoria.

Alejándose del espíritu universalista que cuajó en la Edad Media, España está entrando en un espíritu provinciano, en un mundo cerrado, alejado de las corrientes de nuestro entorno europeo.

Y no sólo porque quiere "imponer" el mundo cerrado del nacionalismo en cada región ("cuius regio"), sino porque quiere saltarse la misma sentencia de tribunales que, aunque dejan mucho que desear, son de obligado cumplimiento, para imponer sus criterios ("uius religionis") aunque estén al margen del devenir de los tiempos, de las sociedades y de la ley.

Sin duda, medimos la "solidaridad" con criterios económicos, y qué duda cabe que no es del todo justo; pero si nos ceñimos a ese criterio, la injusticia con los más débiles se cebará aún más si cabe, y no sólo entre las propias regiones de España, sino en las mismas regiones donde se aplica el nacionalismo, pues sin duda nuestros políticos no son los claustrales de otras épocas: su saber no sólo es muy corto sino muy opaco.

Antonio Fidalgo

Secretario de Cultura del CDS

Criterio Liberal. Diario de opinión Libre.

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