La Gran Muralla China
La Gran Muralla China es un construcción militar china, conocida en su nombre original como Wan Li Chang Cheng ('largo muro de los diez mil li'), y está considerada una de las obras de ingeniería más portentosas construidas por el hombre. La Gran Muralla es la fortificación defensiva más extensa jamás construida, con una longitud aproximada de 6.800 kilómetros, o 12.000 li según las medidas chinas (cada li equivale a unos 500 metros); tras el hallazgo de nuevas ramificaciones, la longitud total alcanzaría los 7.200 kilómetros. Su principal misión consistía en proteger la frontera septentrional del Imperio Chino de las invasiones de los pueblos bárbaros.
Partiendo desde el Este, la Gran Muralla se extiende desde Shanhaiguan, a orillas del mar de Bohai, hasta la región desértica de Lop Nur, en Xijiang; anteriormente se pensaba que finalizaba en el paso de Jiayuguan, en la provincia de Gansu, pero descubrimientos posteriores han probado que su longitud es mayor de lo que se pensaba. Asimismo, uno de sus tramos más antiguos transcurre por la provincia de Shandong, al Sur de Pekín, hasta terminar cerca de la ciudad costera de Qiadong. En definitiva, la Gran Muralla atraviesa en su largo recorrido un municipio, seis provincias y dos regiones autónomas del Norte de la República Popular China, a saber: Shandong, Hebei, Pekín, Shanxi, Mongolia Interior, Ningxia, Shaanxi, Gansu y Uygur de Xinjiang.
Características
La Gran Muralla tiene una altura media entre siete y ocho metros, llegando a diez en algunos puntos, una anchura entre seis y seis metros y medio en su parte superior, y de unos siete metros en la base. Fue construida a base de grandes bloques de piedra, algunos de ellos de más de dos metros de longitud y una tonelada de peso, ladrillos de arcilla y tierra compactada mediante rodillos hechos con troncos de árboles. El empleo de estos materiales no siempre era uniforme, dependía de las características del terreno, de las necesidades defensivas en cada zona o de los recursos disponibles, ya que no a todas las dinastías les fue posible movilizar la ingente cantidad de hombres y recursos que esta magna obra de ingeniería requería. Uno de los rasgos más llamativos de esta construcción es su trazado serpenteante de acuerdo con las irregularidades del terreno, de carácter montañoso en la mayoría de las regiones que atraviesa, lo que sin duda debió suponer una dificultad añadida.
La terraza de la parte superior de la muralla constituía un auténtica carretera, cuidadosamente pavimentada con losas cuadradas para facilitar la circulación y sólo dotada de escalinatas en los tramos de mayor pendiente; de hecho, la Gran Muralla hacía las veces de eficaz vía de comunicación para el transporte de las tropas encargadas de guarecerla, con un ancho suficiente para que por ella pudieran transitar seis jinetes de forma simultánea o un carro de armas y soldados. También se ha constatado su utilización para el transporte de personas y mercancías, poniendo de relieve su importancia como ruta comercial del Imperio Chino.
Su muro no es continuo, ya que cada cierta distancia está jalonado de puertas de entrada y salida, así como de elementos defensivos como bastiones, atalayas, troneras y torres de señales. Estas últimas, levantadas en los lugares altos del terreno, constituían una auténtica red de comunicación militar con la misión de alertar sobre un posible ataque mediante columnas de humo o, tras la invención de la pólvora, con cañonazos. El número de columnas o disparos indicaban la cantidad de enemigos. La muralla está protegida en su lado exterior por un parapeto almenado de dos metros de altura, mientras que la pared interior está desprovista de defensas y el parapeto es más bajo, apenas de un metro. En los puntos estratégicos que cruzan con otras vías de comunicación se situaban los pasos y fortines, donde se acantonaban el grueso de las tropas imperiales. Protegidos por dichos fortines, unos portones de gran belleza arquitectónica estaban destinados a dar salida a dichos contingentes cuando se emprendía una campaña militar, o en su caso, permitían el tránsito civil hacia fuera o fuera del territorio chino.
Historia
El origen de la Gran Muralla se remonta al denominado período de los Estados Combatientes, entre los siglos VII y IV a.C., cuando algunos de sus gobernantes comenzaron a levantar enormes muros en las fronteras de sus respectivos estados como defensa tanto frente a los ataques de los pueblos del Norte, principalmente los belicosos hunos, como de los principados feudales vecinos. Así, el tramo de muralla encontrado en Shandong fue mandado construir por las dinastías Qi (770-476 a.C) y Chu para proteger su frontera meridional de los reinos rivales; su construcción se prolongó durante más de ciento cincuenta años y constaba de nueve puertas, cincuenta torres de vigías y doce de señales.
Tras la unificación de China en el siglo III a.C., el primer emperador de la dinastía Qin, Shihuangdi (221-206 a.C.), quien tradicionalmente había sido considerado el primer soberano en iniciar su construcción, mandó conectar los tramos de muralla preexistentes y erigir otros nuevos para consolidar de esta manera su imperio por la frontera septentrional. La empresa requirió de esfuerzos titánicos: se calcula que en diez años de trabajos se levantaron algo más de cinco mil kilómetros de muralla, razón por la que recibió el nombre de "Muralla de los Diz Mil Li", a través de un terreno muy accidentado, empleándose en ello cantidades ingentes de material; cuando la piedra se agotaba, los ingenieros mandaban utilizar la propia tierra extraída de la zona. La mano de obra utilizada fue igualmente de proporciones gigantescas, alrededor del millón de personas, siendo reclutada según el despiadado sistema de exacciones: hombres, mujeres y niños eran obligados a dejar sus regiones para dirigirse al Norte para una vez allí, trabajar en turnos extenuantes que se cobraron la vida de miles de ellos. Finalmente acabada, esta muralla causó no obstante el agotamiento de los recursos del Estado y la miseria del pueblo, contribuyendo al descrédito de la dinastía y su caída pocos años más tarde.
En el periodo de la dinastía Han (206 a.C.-220 d.C.) el Imperio experimentó una expansión territorial en la cual la Gran Muralla desempeñó un importante papel: la protección de las rutas comerciales hacia el Oeste, y más concretamente la célebre Ruta de la Seda. El emperador Wudi movilizó en esta época a más de medio millón de trabajadores que repararon los tramos de muro derruidos después de la caída de la dinastía Qin y construyeron unos 500 kilómetros nuevos, la mayoría de los cuales discurren a través del desierto de Gobi. En esta región, el principal problema fue encontrar materiales sólidos, de modo que los ingenieros chinos tuvieron que recurrir a un antiguo y laborioso método consistente en mezclar la masa de tierra con ramas y juncos. Asimismo, la muralla Han introdujo la importante novedad del levantamiento de torres de señales cada quince o treinta millas, las cuales encendían columnas de humo si avistaban un ataque exterior: una única columna significaba que la fuerza enemiga era reducida, sobre los quinientos hombres, mientras que dos columnas equivalían a un ejército de tres mil o más soldados.
Durante las siguientes dinastías apenas se realizaron obras de relevancia, limitándose los trabajos a leves reparaciones de tramos concretos. Fueron los soberanos de la dinastía Ming (1368-1644) quienes reanudaron de forma sistemática su construcción, hasta un total de dieciocho proyectos, ampliándose su longitud hasta los actuales más de siete mil kilómetros. La altura media de la muralla Ming, casi ocho metros, es superior a las anteriores, así como su anchura, que en algunas zonas alcanza los siete metros. Asimismo, la calidad de los materiales, la perfección técnica a través de un sinuoso trazado y su estado de conservación es sensiblemente mejor, lo que no sólo revela la relativa modernidad de estos tramos sino la mayor capacidad tecnológica y organizativa de la que dispusieron los emperadores de dicha dinastía, que emplearon en las obras a miles de trabajadores, la mayoría esclavos, y vastos recursos económicos. Pese a todo, hay que señalar que en esta época la Gran Muralla había perdido ya gran parte de su valor militar, principalmente porque el uso de armas de fuego la convertían en un obstáculo fácilmente franqueable. La muralla Ming es también la más conocida, seguramente debido a su localización en las cercanías de la capital, Pekín.
El siglo XX vio la caída del Imperio y la llegada del régimen comunista, para el que la Gran Muralla no era más que un símbolo de la China milenaria, y como tal, durante muchos años los gobiernos de Pekín apenas le prestaron atención. Esta tendencia ha cambiado en las últimas décadas del siglo XX, cuando una nueva corriente de pensamiento ha valorado la importancia de mantener en buen estado de conservación los testimonios materiales del pasado, al margen de su significación ideológica. En consecuencia, se emprendieron obras de reparación y restauración en varios sectores claves de la Muralla, en concreto el comprendido entre el paso más oriental de Shanhai Kuan (Shanhaiguan), también conocido como "El Primer Paso bajo el Cielo", en la provincia de Hebei, y el de Chiayu Kuan (Jiayuguan), en Gansu. Esta importancia cultural se vio confirmada en 1987, cuando la UNESCO declaró la Gran Muralla China Patrimonio Universal de la Humanidad.
Curiosidades y leyendas
La Gran Muralla ejerció y sigue ejerciendo una poderosa influencia en la imaginería china, siendo un elemento frecuente en la literatura y artes. Además, ha dado origen a numerosas leyendas transmitidas a lo largo de los siglos, en los que se resaltan tanto la grandeza de la obra como los sacrificios que su construcción costó entre el pueblo. Así, en algunos escritos se cuenta que muchos de los cuerpos de los trabajadores fallecidos eran emparedados entre sus piedras, y los jesuitas relatan en sus crónicas la crueldad con que eran tratados los esclavos: si uno de ellos dejaba un pequeño hueco entre los grandes bloques de piedra, los guardianes le cortaban de inmediato la cabeza para que sirviese de ejemplo a sus compañeros.
Por otra parte, durante mucho tiempo ha suscitado un debate sobre si realmente era eficaz en su misión de proteger el Imperio de las invasiones externas. Si al parecer en un principio pudo cumplir a la perfección con esta función, con el tiempo se reveló como un elemento defensivo de dudosa eficacia frente a invasiones de grandes ejércitos adecuadamente pertrechados, especialmente tras la invención de la pólvora; en cambio, sí siguió constituyendo un barrera formidable frente a pequeñas incursiones de bandoleros o saqueadores, así como en la protección de las vitales rutas comerciales que conducían a los reinos asiáticos occidentales.
A causa de su espectacularidad, la Gran Muralla se ha convertido en una de las construcciones más famosas del mundo, así como en el principal reclamo turístico de la República Popular China. No resulta exagerado afirmar que ningún visitante del país, incluidos jefes de Estado extranjeros, lo abandona sin antes haberla visitado y retratado fotográficamente con esta bella obra como fondo. El sinuoso sector de Bandaling, situado cincuenta kilómetros al noroeste de la capital, es uno de los tramos más espectaculares y mejor conservados, y por ello es el más visitado; no obstante, también son célebres los pasos amurallados de Huangya, en Tianjin, Mutianyu o Gubeikou. Como curiosidades que remarcan su grandiosidad, se suele señalar que es la única construcción humana que puede ser vista desde el espacio, aunque al parecer este extremo aún no ha sido probado, y que con la cantidad de material empleado en su construcción se podría levantar otra muralla que diera una vuelta completa a la Tierra, evidentemente de menor tamaño.
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Sobre esta noticia
Autor: Jfl (475 noticias)
Fuente: lahistoriaconmapas.com
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Tipo: Reportaje
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