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La locura ajena y él

11/08/2011 03:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Esta es una historia que narra las peripecias de un hombre que cae envuelto en la injusticia social que provoca un malentendido, resultando internado en un nosocomio psiquiátrico

El hombre ya venía alterado, atravesaba el parque rápidamente dejando ver signos de preocupación y desconformidad. Había transcurrido su noche, inmerso en el paisaje y oculto sobre el lugar más cómodo y a la vez oscuro que encontró. Pero justamente ese fue su error, algo fácil, por no decir simple, de ser robado, quedando totalmente despojado de las únicas y totales pertenencias que le acompañaban y que muchachotes tan fugaces y experimentados se llevaron escondiéndose mientras corrían en aquel extenso perímetro verde, marrón y sin luces adecuadas.

Cuando llegó a la circunvalación, se quedó quieto atento a dos vehículos que pretendían doblar dejándolos pasar primero. Ya se podía ver incluso desde la garita allí existente que caminaba descalzo. Su intención, cruzar. En primer lugar hacia la fuente que se encuentra en el centro de ese ir y venir de coches incesantemente y una vez desde el otro lado de la fuente, continuar con la intención desesperada y creada en función de las circunstancias de llegar al consulado. Ni campera, ni aún sin zapatos, y ni el frío ni el viento de la mañana impidieron que no tuviera otra alternativa que introducirse en el casi metro de agua que posee la fuente con la intención de recuperar de la misma un papel, arrugado, mojado ahora, pero que no dejaba de ser un billete de cien pesos, encontrado al poner su mano en el bolsillo y que se perdió volándose de su mano al instante de ser descubierto. Le faltaban dos metros para rehacerse del muro y trepar salvando la situación y ya había paradas en el borde dos guardaparques, una de ellas le decía a la otra que ya se comunicaba, ansiosa movía el teléfono, la otra, le gritaba estrepitosamente, que allí no se podía bañar. Están llegando, dijo una, entonces el hombre comprobó que quién venía era ni más ni menos que un patrullero del cual bajaron dos osos dispuestos a comerse una corvina. Hubo forcejeos pues no entraron las explicaciones, también hubieron golpes y un brazo doblado hasta casi romperse porque el hombre se negaba a ser trasladado a la comisaría arrestado y a la cual nunca llegó porque fue prácticamente depositado en la emergencia de un hospital, del cual y a pesar de las explicaciones, parecía de fundamental importancia el paradero de los cien famosos pesos. Cuarenta días después fue dado de alta de otro hospital donde fuera derivado, pero esta vez entonces, y por los motivos que desconocen o no quieren entender, obtuvo un diagnóstico psiquiátrico y como recompensa, son seis y siete las pastillas que tiene para tomar diariamente y consolarse.


Sobre esta noticia

Autor:
Secto (2 noticias)
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