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La mirada del masovero

29/04/2012 14:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Fue en la Feria de Mosqueruela del año 2007. Era una mañana soleada hacia el mediodía y el solar junto al Pabellón Municipal donde se exhibía el ganado bullía de gente curioseando entre los cercados. Aunque se cerraba algún trato de cuando en cuando con el consabido apretón de manos, la mayoría eran curiosos que acudían allí a pasear tranquilamente viendo los animales, o familias con niños que metían las manos entre los barrotes para acariciar a las ovejas. Todo era un sinfín de saludos entre gente que hace tiempo no se ven, pues son muchos los chinchirinos que viven fuera y cada año aprovechan esta fiesta para acudir al reencuentro con los suyos.

Allí estaba yo también, mezclado entre el gentío como un chinchirino más, respirando complacido el suave olor a estiércol que me lleva a la Mosqueruela de mi infancia; cuando al levantar la mirada me llamó la atención una figura que se recortaba sobre las piedras de un muro. image Era un hombre de avanzada edad que desde lo alto observaba la escena. ¿Quién era y que hacía allí? Sin duda era del pueblo. Quizá viviera muy cerca, en las últimas casas que dan a las eras, y a pasos cortos, sosteniéndose en su cayado, se acercó al borde del bancal, donde él sabía que podría verlo todo sin tener que dar un rodeo y bajar la empinada cuesta... que ya los años habían hecho mella en sus piernas y a duras penas podían soportar sus frágiles huesos.

Sus dos manos, de dedos gruesos y encallecidos, se apoyaban con firmeza en un desgastado garrote. Tenía la espalda ligeramente encorvada y su rostro curtido por el sol y el frío. ¿Cuántas gavillas de trigo segó con la hoz en sus tiempos mozos? Sin duda fueron muchas y al final acabaron arqueando su espalda, como una espiga que dobla el viento. ¿Cuántos días pasó a la intemperie, pastoreando ovejas o detrás de la mula sosteniendo el arado? Expuesto al viento helado en invierno o al sol abrasador en verano, su rostro, con los años, acabó atezado y surcado por profundas arrugas. image

Aquella mañana de domingo, el viejo masovero se había vestido con su mejor ropa, como hacen los chinchirinos el día de Feria. Una gorra nueva y reluciente cubría su cabello encanecido y sobre su camisa blanca, recién lavada, llevaba el chaleco de mudar sin pasarse los botones. El hombre miraba tras sus gafas de pasta, mientras entre sus labios sostenía olvidado un cigarrillo, tal vez apagado hacía rato. image Parecía absorto y meditabundo y entre las arrugas de su rostro esbozaba un gesto como de resignación dolorosa. Los pensamientos que nublaban su semblante en aquel instante capturado por la cámara no los sabemos, pero esa mirada tras los cristales, perdida y ausente, quizá lo decía todo. ¿Tal vez presentía que aquella iba a ser su última Feria?

Casi cinco años después, muchas de las preguntas que me hice en aquel momento tienen respuesta. El viejo masovero era Francisco Salvador Tena, conocido como "Fransisquet, el del mas Blanco", nacido en Mosqueruela en diciembre de 1924.

Francisco fue el mayor de 11 hermanos, vivió y trabajó casi toda su vida en las masías, además de ejercer como pastor. Sus padres fueron masoveros y él nació en el masico Maravillas, en un tiempo en que en España reinaba Alfonso XIII; tenía 6 años cuando se proclamó la II República y 14 cuando acabó la Guerra Civil. Aquellos años sombríos y de penuria los pasó en el mas Blanco, donde se trasladaron sus padres con su numerosa prole. Fueron años vividos bajo la amenaza del maquis, que les exigían víveres a punta de pistola, y de la Guardia Civil, que los veía como colaboradores de la guerrilla por ello. Más tarde Francisco se casó y se trasladó a la masía Vallejos para formar una nueva familia y años después al mas de la Suegra, última etapa de su sacrificada vida de masoguero.

Después vinieron nuevos tiempos que iban a cambiar aquel modo de vida secular. A medida que la sociedad española se desarrollaba las masías comenzaron a vaciarse. Muchos masogueros emigraron a Castellón y a otros lugares más lejanos, pero Francisco prefirió quedarse en Mosqueruela, donde reposaban sus antepasados y donde él quiso vivir el declive de su vida, como una metáfora de tantas masías desoladas.

Francisco murió en diciembre de 2007, tres meses después de tomarse estas fotografías. Descanse en paz.

Alberto Agudo. Agradezco a Conso Tena la información aportada sobre la vida de Francisco. ----oooOooo----

Francisco se ha ido, y con su marcha se cerró el libro de una vida que apenas conocemos, como la de tantos masoveros y pastores que le precedieron, generaciones abnegadas de chinchirinos que con su trabajo y tesón forjaron la Mosqueruela que hoy conocemos. Sirva esta entrada como homenaje sincero a todos ellos.

Desde Mosqueruela en el Corazón


Sobre esta noticia

Autor:
Maestrazgomagico (2333 noticias)
Fuente:
maestrazgomagico.blogspot.com
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Reportaje
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