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La mitad de la humanidad

13/03/2010 00:19 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Entre las diversas luchas que en el terreno de las ideas libraron durante el siglo pasado, y que se siguen librando hoy con más o menos denuedo, el combate por los derechos de las mujeres es uno de los que posiblemente resulta menos conocido.

Entre las diversas luchas que en el terreno de las ideas libraron durante el siglo pasado, y que se siguen librando hoy con más o menos denuedo, el combate por los derechos de las mujeres es uno de los que posiblemente resulta menos conocido, y en el que aún subsisten numerosos problemas por resolver. Sin embargo, el simple derecho a voto, la garantía legal respecto a la salud y la integridad física, u otros tipos de valores que en algunas realidades como la nuestra se dan hoy por sentado, no están a la orden del día en gran parte del planeta.

Sea porque son lapidadas como en algunos países de musulmanes, mutiladas como en algunas naciones africanas, u obligadas por ley a abortar por razones solapadamente eugenésicas o abiertamente demográficas como en China, la mitad de la humanidad, acaso más que cualquier otra etnia o pueblo originario, la mujer es todavía marginada, maltratada y vejada. En lo que se refiere a tales extremos, América Latina no parece estar tan mal en ese sentido (excepción sea hecha respecto a situaciones extremas como “las muertas de Juárez”, en México, o las menores obligadas a combatir en la guerrilla en Colombia, por citar algunos ejemplos), pero restan todavía muchas tareas pendientes, típicamente recurrentes de norte a sur, que son fundamentalmente aquellas relacionadas con los maltratos intrafamiliares, o respecto a sus derechos laborales y de su vida reproductiva.

Empero, buenas bases en la construcción de una sociedad equitativa en este sentido es solamente una parte de la tarea, pues incluso en naciones donde las mujeres disfrutan de amplias libertades y en las que se ha avanzado enormemente en la materia, presentan también sus dificultades, menos graves quizás, pero que dan cuenta de las dificultades a las que se enfrenta una mujer a lo largo de su vida. Por ejemplo, en Europa la participación de la mujer en la vida política y económica de las naciones no se fundamenta en un acuerdo único para los 27 miembros de la Comunidad, pues cada país establece sus prioridades en tal materia, pero sí existen líneas generales en ese sentido, lo que asegura la igualdad de posibilidades. Lo cierto es que, de manera general, mientras más al norte del continente nos desplazamos, más igualitaria es la sociedad (principalmente en los países escandinavos), mientras que en las costas del Mediterráneo, la situación es harto menos favorable y el rol de la mujer en la sociedad es mucho menos determinante en diversos planos.

En países como Francia, a medio camino entre las tradiciones meridionales y nórdicas, aun cuando existen una serie de leyes laborales tendentes a evitar la discriminación de género, las mujeres ganan en promedio un 20 % menos que los hombres, incluso efectuando el mismo tipo de trabajo. Por otra parte, y aunque un acceso aproximadamente equitativo a la enseñanza secundaria y superior está asegurado para los jóvenes (a través de sistemas de becas y con universidades cuyos costos de inscripción son relativamente bajos), las mujeres logran incorporarse en el mercado laboral con más dificultad que los varones a pesar de haber obtenido mejores resultados académicos durante el período escolar, de licenciatura e inclusive a nivel de maestría.

Es imposible no ver detrás de cada mujer a una hermana, una madre, una hija o una esposa, por lo que reclamar y defender su emancipación..

Para evitar este tipo de contradicciones, más o menos patentes, otras naciones como España apuestan directamente, en la medida de lo posible, por la aplicación de cotas, es decir, favorecer la igualdad de género (o al menos impulsarla fuertemente) asegurando que la mitad de los funcionarios de un organismo gubernamental sean hombres y la otra mitad mujeres, aunque ello no se aplica ni en todos los sectores del Gobierno, ni mucho menos en la empresa privada.

Indudablemente, la integración de la mujer en una sociedad equitativa, respetuosa y atenta a las peculiaridades biológicas del género (principalmente las vinculadas a las primeras fases de la maternidad) pasa por su incorporación al mercado laboral, en el que puedan participar respecto a los hombres en una relación de igual a igual. Pero para que ello sea posible, existen varios pasos previos que dar, y evidentemente uno de ellos, el primero, es lograr el acceso a la educación. Garantizar y promover el acceso a la educación a las mujeres desde la infancia es una condición necesaria, pero no suficiente, para su integración en el quehacer económico nacional, y ello porque, como lo demuestran las experiencias extranjeras, incluso después de varios años de estudios universitarios existen pequeñas trabas culturales o administrativas que las marginan de una u otra manera.

Es imposible no ver detrás de cada mujer a una hermana, una madre, una hija o una esposa, por lo que reclamar y defender su emancipación es, pues, un asunto que también nos compete a los hombres, por una cuestión de dignidad, y porque después de todo, cuando se juega el juego de la democracia, debe tomarse en cuenta que no nos referimos ni a un pueblo dado, ni a una religión, sino que nos referimos nada más y nada menos que a la mitad de la población mundial, la gran olvidada.

Articulo publicado en EL Diario, de La Paz, Bolivia.

8 de Marzo de 2010, Día Internacional de la Mujer

Cristian Garvía Araoz


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Autor:
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Tipo:
Opinión
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