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Publicada el 29-01-2012 15:19 0 2

La música y el lenguaje

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La música y el lenguaje Publicado el 28 de enero de 2012 en Curiosidades por omalaled

Tiempo aproximado de lectura: 3 minutos y 10 segundos

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Siempre se dice que la música es una forma más de expresión, como si fuera un lenguaje más. Si os preguntaran si la música está en las mismas zonas cerebrales que el lenguaje, ¿contestaríais que sí? Entonces, si alguien perdiera la capacidad de hablar, ¿perdería también las capacidades como músico? Lo que leeréis a continuación está extraído del libro ‘Neurocotilleos’, de Adolf Tobeña y está centrado en lo que le sucedió a Maurice Ravel.

Los primeros síntomas de destrucción del talento de Maurice Ravel fueron detectados por un discípulo suyo, a principios de 1933, al observar errores flagrantes en la partitura de Don Quijte y Dulcinea, la obra que el maestro llevaba entre manos. Casi al mismo tiempo, diversos amigos del compositor notaron errores importantes en las cartas manuscritas que reibían. Los déficits neurológicos se acentuaron rápidamente y, en pocos meses, Ravel quedó convertido en un analfabeto verbal y musical.

La pérdida progresiva de habilidades del celebrado autor francés tuvo, sin embargo, unos resultados finales tan peculiares que los neurobiólogos aún se apasionan por el caso. El motivo de interés es fácilmente comprensible: Ravel sufrió, parece ser, un proceso degenerativo que afectó, selectiva y moderadamente, algunas de las regiones de su cerebro, dejando unos síntomas que constituyen una valiosísima grieta de acceso a las intimidades del cerebro musical.

Justine Sergent, del Instituto Neurológico de Montreal revisó el tema no hace mucho (1993) y nos dejó una descripción espléndida. Ravel quedó totalmente privado de la facultad de componer música. De hecho, después de unas primeras reacciones negando el déficit, se dio cuenta perfectamente de su incapacitación progresiva y la comentó con sus amigos más íntimos. Les explicó, por ejemplo, que tenía la ópera Juana de Arco en la cabeza, pero que ya no era capaz de trasladarla al pentagrama. Perdió también la habilidad para leer partituras y acabó sin poder tocar ni cantar de memoria, fuera de las primeras estrofas de algunas piezas.

Podía, en cambio, ejecutar escalas al piano sin ningún problema y conservó, aparntemente, en plenitud, la memoria musical, reconociendo melodías y saboreándolas, y siendo capaz de seguir sus propias composiciones hasta el punto de indicarles los errores a los intérpretes.

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Sus habilidades lingüísticas también quedaron afectadas de una manera particular y, aunque perdió las facultades de leer y escribir, podía hacerse entender a través de un habla inexacta pero suficiente, y conseguía seguir, con ciertas dificultades, las conversaciones ajenas.

Murió cuantro años más tarde, en 1937, y de los comentarios del neurocirujano que le hizo la autopsia, se desprenden una probable afectación en unos territorios cerebrales del hemisferio izquierdo que gobiernan la elaboración del lenguaje en la mayoría de las personas. Es un lugar donde confluyen la inforamción auditiva y visual, así como los patrones de organización espacial. Esta zona fue descrita a finales del siglo XIX por el neuropsiquiatra alemán Karl Wernicke.

Y curiosamente, en esos mismos territorios, un grupo de investigadores de la Universidad de Düsseldorf encontraron en 1995 evidencias anatómicas en individuos sanos que las relacionaban con el talento musical, una zona llamada planum temporale. A través de rsonancias magnéticas compararon medidas hechas en 30 músicos de 26 años de edad media con las de 30 médicos de la misma edad, con igual distribución de sexos, pero sin entrenamiento y habilidades musicales. Los músicos podían ser especialistas tanto en teclados como en cuerdas y todos eran diestros, salvo tres en cada grupo que eran ambidiestros.

La diferencia era más fuerte en aquellos músicos que tenían ‘oído absoluto’, o sea, aquellos capaces de reconocer una nota sin una referencia previa.

Y estas eran aquellas mismas zonas que habían afectado a Ravel.

Parece ser, por tanto, que comparten las mismas zonas cerebrales y que los músicos expanden estas zonas cerebrales para encajar otro código. No obstante, a través de otros estudios sabemos que no se mezclan del todo. Es posible incluso que, en caso de lesión, preservar un lenguaje a pesar de un déficit en otro. Ese fue el caso de otros músicos como el ruso Shebalin, el francés Langlais o el británico Britten, quienes, después de padecer ataques de apoplejía que afectaron a sus habilidades verbales, no mostraron déficits musicales.

O sea, que no toda la música está en la zona del lenguaje, aunque la composición y la interpretación la necesitan.

Adolf Tobeña, Neurocotilleos.

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Autor: Historiasdelaciencia (14 noticias)

Fuente: historiasdelaciencia.com

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