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La otra cara del periodismo

06/05/2009 18:28 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El viernes 27 de marzo mi compañero Santiago Ferri y yo asistimos a la Ciutat Deportiva del Valencia. Tras varios meses de duro trabajo y mucho insistir, por fin nuestro pequeño periódico había conseguido una entrevista con Joaquín, el jugador del Valencia.

PABLO ARANGUREN. El viernes 27 de marzo mi compañero Santiago Ferri y yo asistimos a la Ciutat Deportiva del Valencia. Tras varios meses de duro trabajo y mucho insistir, por fin nuestro pequeño periódico había conseguido una entrevista con Joaquín, el jugador del Valencia. Todo parecía ir bien, incluso teníamos la tranquilidad de que el Jefe de Prensa del Valencia nos había confirmado la asistencia del jugador a la entrevista, después del entrenamiento.

Llegamos a poco más de las 11, media hora antes de cita acordada para no tener ningún problema. Con los nervios a flor de piel por ser nuestra primera entrevista importante, nos adentramos en la Ciutat Deportiva. Ahí empezaron los problemas.

Nuestra primera sorpresa al llegar es que no estaba el Jefe de Prensa. Tratamos de mantenernos tranquilos, y hablamos con una señora que parecía ser la encargada, una tal Belén. Pues bien, ya de entrada nos recibió con malas maneras por el simple hecho de ser menores, hablándonos de forma despectiva y con bastante poca amabilidad. Nos dijo, entre otras perlas, que ella no tenia ni idea de todo eso, y que le daba igual quien nos hubiera autorizado (aún estamos tratando de entender para que sirve entonces estar autorizado). Cuando le dijimos quién nos había mandado a hacer la entrevista pareció dudar, y le llamo al teléfono. A continuación, de forma algo más correcta, nos informó de que nos esperásemos a que terminara el entrenamiento del equipo y después fuéramos al exterior.

La cosa parecía haberse solucionado. Aun así, tuvimos que esperar durante más de dos horas, pero estábamos tan ilusionados que no nos importó. Sin embargo, hubo algo que nos produjo bastante intranquilidad. Mientras los minutos pasaban la señora se dedicaba a pasear y charlar con los otros periodistas mientras se fumaba sus cigarritos. Si osábamos molestarla en su “trabajo” se limitaba a mirarnos con desprecio y a repetirnos un “ahora hablamos” que a la quinta vez empezaba a tener cierto regusto amargo.

El entrenamiento terminó y los jugadores comenzaron a marcharse. Esperamos, aún con ilusión, hasta que vimos el Ferrari rojo de Joaquín. Estábamos bastante indignados al ver marcharse al futbolista con el que, en teoría, habíamos quedado, y después de las más de dos horas a pleno sol. Buscamos de nuevo a la tal Belén. Con muy malas maneras nos dijo que no podía ser, y que así es el mundo del fútbol. Así, abandonamos la Ciutat Deportiva del Valencia con Canal 9 a nuestras espaldas haciendo su entrevista. Claro, es que ellos “son profesionales de verdad”, dicho literalmente por la insufrible encargada.

Es curioso cómo desde la misma recepción de periodistas (porque lo somos, unos periodistas jóvenes y amateurs, pero periodistas al fin y al cabo) pudimos observar muy bien el reflejo de lo que es ahora mismo el Valencia: desorden, caos e irresponsabilidad, y me parece decir poco. Tal vez sea lo único de provecho que nos llevamos de la visita, a fin de cuentas.

Tomamos un taxi para regresar a Valencia y pensamos en cómo les íbamos a explicar a los profesores y a nuestros padres que pese a haber perdido una mañana de clase para conseguir una entrevista para nuestro periódico, nos volvíamos no sólo con las manos vacías, sino además indignados y humillados.

Nos marchamos con la inevitable sensación de que desde el primer momento esta señorita ya sabía que no podríamos entrevistar a nadie. Y aún así nos hizo esperar por algún motivo que no alcanzamos a comprender. Sin embargo, probablemente lo más doloroso fue el comentario de que nosotros no éramos profesionales y por eso no podíamos hacer la entrevista. No obstante, debo discutir esta afirmación de tan incorrecta mujer, que parece pensar que por ser nosotros niños y ella adulta puede pisotearnos de esa manera. No, señora. Nosotros no somos profesionales. Somos jóvenes de dieciséis años, periodistas en ciernes que no cobran y escriben por la ilusión de poder avanzar y aprender cada día que pasa. Aunque con un poco menos de ilusión después de esta experiencia, desde luego.

Aún así, hay algo que debemos agradecer al Valencia. Gracias a ellos hemos aprendido la parte negativa de la profesión, esa en la que te tratan como a un apestado, te miran con desprecio, te toman por tonto y encima se ríen de ti. Pero opino que aunque seamos adolescentes tenemos el derecho de ser tratados con respeto y educación, dos cosas que han brillado por su ausencia durante nuestra “breve” estancia en la Ciutat Deportiva del Valencia CF.

Si ser periodista significa esto, tal vez debamos dejar de escribir artículos, pelear por conseguir entrevistas y luchar por ver publicados nuestros textos. Tal vez sea mejor para todos que nos dediquemos a algo más provechoso y más respetado, algo más digno y agradecido. Tontos de nosotros, que creímos que el periodismo era todo eso y más y volcamos nuestras ilusiones y esfuerzos en formarnos para, algún día, poder ejercer esa profesión.

 

 


Sobre esta noticia

Autor:
Pablo Aranguren (1 noticias)
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Tipo:
Opinión
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