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La palabra, ¿el dardo?

16/03/2010 23:32 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Cuando las cosas tenían un nombre y los nombres eran palabras. ¿Por qué las hemos convertido en insultos?

Con la venia de Fernando Lázaro Carreter, desde niño mamé vocabulario y educación. Las cosas tenían un nombre y los nombres eran palabras. Todas educadas y cabales: así, un negro lo era porque lo era su color (recuerdo los tirones a la capa de mi padre --¡mira, un negro! -- como signo de admiración y orgullo de que tal singularidad se dignase asomar por mi población castellana); el moro era moro por su origen; el gitano (en el pueblo de mi abuelo los había sin sufrir distingo), gitano; el chino (más exótico si cabe), chino; el enano (más tirones a la capa --¡qué señor tan bajito!--), enano y el mongólico (madre, ¿por qué tiene esa cara?: es mongólico, hijo, me decía, sin atisbo de retintín ni lástima, simplemente constatando la evidencia), mongólico. Yo los ví siempre como algo natural y los llamaba por su nombre; al fin y al cabo yo también era bajito como el enano, pelo azabache como el gitano, rasgos residuales de la presencia mora y sensible, quizá por desgracia mucho menos, como el mongólico (tuve un amigo que lo era y con el que jugaba y reñía sin remilgos de ningún tipo) que representaba para mí el paradigma de la bondad y la inteligencia en estado puro.

Pero me planto en nuestros días y aquellas palabras parecen haberse convertido en dardos: paradoja de un tiempo en que todo tiene que ser socialmente correcto, políticamente correcto, eróticamente correcto, deportivamente correcto... Acabaremos predicando que se debe ser incorrectamente correcto, poca mente... y mucho recto, me parece. Me molesta, me violenta y me enfurece andar buscando sinónimos para designar al moro (magrebí, islamista e incluso alguna vez se me escapa sarraceno —un buen amigo mío moro me reprende y espeta: ¡moro, coño, soy moro!—), al negro (subsahariano, de color —¡qué tontería! si yo, el chino y el maorí también somos de colorines: verde, blanco y amarillo—), al gitano (calé, húngaro —hungaria debe ser un estado universal—) y al mongólico (síndrome de Down). Se me atragantan tales “correcciones” que no son sino imprecisiones y aberraciones semánticas.

Así que desde ahora llamaré a las personas por su correcto nombre. Como mucho anteponiendo el vocablo “amigo” (San Francisco dixit) para alejar de mí cualquier intención de zaherir o insultar. El dardo en la palabra, admirado Fernando, lo reservo para criticar, que también es edificar.

Miguel Virto


Sobre esta noticia

Autor:
Miguel Virto (10 noticias)
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Tipo:
Opinión
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