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La representación

07/11/2010 17:38 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Son muchos los escritos y reflexiones sobre la representación política, pero en esta segunda sesión nos centraremos en la división entre la representación en las instituciones y la representación en las ideologías: en esta segunda es donde ha devenido la representación en España. Parece que los españoles queremos ser representados más por una ideología que por una institución, y nos debemos preguntar el por qué, máxime teniendo en cuenta que dicha representación ideológica no sólo no nos saca de los problemas que tiene planteados nuestro país sino que nos hunde más en ellos.

Un ejemplo patente de semejante situación nos lo da la nueva responsable del Ministerio de Sanidad: su currículo deja, no mucho sino todo, que desear: no sabe nada de medicina, no sabe nada de farmacia, no sabe nada de farmacia, no sabe nada de la organización de la sanidad en España; pero aún hay más: tiene a sus órdenes a excelentes profesionales, con excelentes currículos, que han dedicado muchos años de su vida al trabajo y estudio de la medicina, de la farmacia, etc, y debido a la "representación ideológica" tienen que aguantar (¡no sé si es esta la palabra!) a una persona cuyo perfil profesional deja todo que desear.

Esta situación es extrapolable a cualquier otro ámbito de la realidad española: la vulgaridad ha entrado por la puerta de la ideología; y podemos sacar dos conclusiones: primera, la ideología es incapaz de poner freno a la vulgaridad y, segunda, la representación por las instituciones, sí, pues exigiría profesionalidad, esfuerzo y proponer a los mejores para cualquier cargo de representación.

Pero antes de entrar a analizar el por qué de esta situación, queremos tener en cuenta algo que no se tiene en cuenta en los análisis, y es el fenómeno psicológico del que se parte en la reflexión; y más en concreto queremos acercarnos a dicho fenómeno con una serie de preguntas:

- ¿Por qué queremos ser representados por una ideología?

- ¿Por qué creemos que es mejor ser representado por una ideología?

- ¿Por qué nos sentimos más a gusto al ser representados por una ideología?

- ¿Representan las ideologías la realidad social o más bien a nuestra "configuración" psicológica?

Sin duda es importante la configuración psicológica que nos hacemos de la realidad pues la proyectamos sobre todas las cosas; y de hecho, no aceptamos una institución que no "acoja" nuestra configuración. Al final se anula cualquier realidad y sólo va "puliéndose" y quedando la representación que responde a nuestra recreación que, suele ser, ideológica.

Esta configuración psicológica que se recrea en las instituciones anula toda racionalidad, haciendo que sólo los que responden a una ideología sean no sólo elegidos, sino que sólo elijamos a los que responden a "mi" ideología. Dicha "elección" nos ciega y nos anega la racionalidad para ver la realidad; y así, si alguien ha hecho un esfuerzo por conseguir algo, y dicho esfuerzo está a la base de la cualquier crítica ideológica interpretamos que es de "la otra ideología", sin parar a analizar que también critica a la "una", supuesta, ideología.

A nivel de criterios nos vamos empobreciendo y dicha pobreza se plasma también en las instituciones, donde la vulgaridad y la mediocridad acaban imponiéndose, como ya dije antes con el ejemplo expuesto.

El debate siguió por estos derroteros y no se contestaron o no se ahondó en la respuesta a las preguntas que nos hicimos más arriba. Confío en que los lectores sí serán capaces de hacer alguna reflexión o de dar alguna respuesta a dichas preguntas, pues es importante este aspecto psicológico que está a la base de la representación.

Enseguida entramos en otro aspecto del tema que es en el de los "representantes" y "representados" y la relación entre ellos. Los representantes con el "eco" o el "espejo" de los representados. Pero qué sean los representados nos dio pie para un nuevo debate, pues enseguida se identificó con "el pueblo" sin especificar qué era esa categoría. También se criticó la idea de identificar a los "representantes" con la "voluntad general roussoniana" pues no sería válido: los representantes arrancan de la sociedad a la que representan, y no arrancan de un "ente" abstracto como es dicha "voluntad general" que no tiene soporte en la realidad sino en la ideología.

Quizás este aspecto esté relacionado con el anterior, pues si el psicológico arranca de configuraciones de la propia persona en su interior, este segundo arranca también de configuraciones pero que se hace la propia persona de ideas, muchas de las cuales están en el "exterior" de la persona, pero también en el interior. Ambos aspectos acaban en la representación de la ideología.

¿Dónde está, pues, la representación institucional? Y sobre todo ¿qué es dicha representación?

Para que haya representación tiene que haber un representante y un representado; el problema está en que al representado, que es "el pueblo", se le considera bajo una "categoría unívoca", es decir, como si fuera un "hombre", y al igual que el hombre tiene voluntad, así el pueblo tiene también voluntad. Ahora bien, el hombre es una realidad concreta y física, mientras que el pueblo es un ente abstracto, una categoría en la cual metemos muchas realidades concretas, y sobre la cual proyectamos muchos sentimientos psicológicos; no son, pues, equiparables el "hombre concreto" y la "abstracción pueblo", sino que son órdenes distintos de la realidad social.

Lo que llamamos "sociedad" es la suma de personas concretas, las cuales se unen libremente en asociaciones con intereses diferentes: dichos intereses son legítimos y no son excluyentes. Estas asociaciones las podemos llamar "hechos sociales" para decir que no tienen nada que ver con las "categorías": los hechos son realidades sociales, y las categorías son recreaciones.

La representación ha de fundarse en dichos hechos sociales, los cuales responden a los intereses de las personas; con las categorías, como ya hemos dicho, se llegaría a la representación ideológica, pero con los hechos sociales se llega a la representación institucional. De esta forma el parlamento (y por supuesto, también los ayuntamientos), como máxima institución representativa, sería la que respondiera ante problemas concretos y los solucionara. Un parlamento nacido de las categorías, respondería a las ideologías. Este último es en el que estamos, y es el parlamento como representación institucional el que debemos recrear, pues creemos que en la historia española no ha existido nunca dicha representación en las instituciones.

Antonio Fidalgo Martín

Secretario de Cultura del CDS

Criterio Liberal. Diario de opinión Libre.

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