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La sombra atigrada

28/07/2012 23:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Artículo de Luis Hernández Royo y Jesús Hernández Royo Edición Agosto 2001 de La Murada Recuerdo la primera pintona de mi vida. Era blanquita, con sus manchas coloradas y su inmensa bocaza incrustada en los tres garfios de mi cucharilla. Había salido como una sombra de detrás de una roca en el centro del río y, a una velocidad increíble, se había clavado con fuerza en el señuelo. En el agua me había presentado sus características franjas que le daban ese aspecto tan "atigrado", pero fuera ya, en mis manos, la vital como era: irrepetible. Han pasado más de treinta años y han pasado muchas truchas por mis manos. Pero las de Villarluengo siguen siendo irrepetibles. Después de experiencias de pesca en infinidad de ríos en Segovia, Burgos, Salamanca, Palencia, Ávila, Soria, Zamora, Asturias, La Rioja y, sobre todo, en León, sigo volviendo cada temporada a pescar a "mis ríos", a mi Guadalope, a mi Pitarque, a mi Cañada. Y es que fue aquí donde aprendí lo que mis padres me enseñaron sobre la pesca de la trucha. Aprendí a buscarlas, a tentarlas, a clavarlas e incluso a comerlas, pero por encima de todo, aprendí a respetarlas. Os puedo asegurar que no he encontrado una trucha igual a la de aquí. Es una trucha peleona, fuerte no, fortísima, veloz, lista y suspicaz. Es, en fin, el adversario con que todo pescador sueña. En el río, la mayor parte de las veces, aparece clara con franjas oscuras. Fuera el espectáculo es increible: cientos de manchitas rojas de forma irregular y tamaños variables llenan una superficie plateada con tonos amarillentos. Ésta es la trucha característica de estos tramos del Guadalope y del Cañada. En el Pitarque hay también una trucha típica, con grandes manchas rojas, escasas y muy marcadas. Ambas son las de aquí, las de toda la vida, aunque hoy en día están muy mezcladas por las diversas repoblaciones padecidas por estas aguas. Y esas son las que, cabezón yo, vuelvo año tras año a por ellas; a tentarlas en las corrientes, en los pozos, en los azudes, con mayor o menor fortuna. Las de León son grandes, las de Soria fuertes, las de La Rioja bonitas, pero yo prefiero las de Villarluengo. Últimamente, no corren buenos tiempos para los peces en Villarluengo. Tras unos años en los que la pesca fue decreciendo paulatinamente, fundamentalmente debido a una excesiva presión pesquera unida a una mala gestión, parecía que en las últimas dos temporadas los ríos de la zona empezaban a recuperarse. Y esto, gracias a la adopción de unas medidas tan simples como efectiva. Y, curiosamente, es en este momento cuando se da vía libre a un sospechoso proyecto que choca frontalmente con la política de recuperación del Guadalope y sus afluentes. No entiendo de biotipos ni de cosas de esas. Las truchas que me gustan son las de aquí. Espero que sigan existiendo durante muchos años y confío en poder enseñarle a mi hijo Sergio cómo sale de detrás de una piedra, como un rayo, esa sombra "atigrada" que intenta atrapar, en desenfrenada carrera, la cucharilla.

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Autor:
Maestrazgomagico (2333 noticias)
Fuente:
maestrazgomagico.blogspot.com
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