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La “Usura” y sus consecuencias

01/08/2013 18:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los intereses, moras y comisiones que se nos aplican dentro de la legalidad mas absoluta, es una "usura" prepotente que constituye un hurto a mano armada a nuestros bolsillos. Es un atropello y un despropósito más a la magra realidad económica, permitida y sostenida por un sistema que hace aguas

¿Qué es la usura? Según la definición literal de la palabra usura es un término despectivo que se utiliza para referirse a intereses, moras o comisiones que se imponen en préstamos o hipotecas, como así mismo a los tipos de intereses desmesurados, excesivos y abusivos. Por definición ‘usurero’ es quien impone estos cobros injustos y a mi ver ‘ilegales’, dentro de la legalidad.

Atravesamos una difícil situación económica-financiera-laboral, una situación que va desgastándose día a día. Agravándose aún más para quienes han sido arbitraria y obligadamente ‘integrados’ al núcleo de la población ‘pasiva’ de la sociedad ocasionado por el desempleo.

Llegamos a esta situación debido a las malas políticas económicas, a las nuevas leyes y decretos que han hecho trastabillar las bases laborales y económicas de una sociedad que avanzaba, consumía, producía y que nada tuvo que ver con los teje y manejes de los grandes empresarios, políticos, economistas, banqueros etc. Etc.

Este ‘caos’ fue gestado específicamente para crear la desestabilidad de la franja más sensible de la población -que es la mayoría-, y así generar la movilidad de impensables cifras de dinero que escapan a paraísos fiscales y que enriquecen aún más si fuera posible a los ya de por si denominados multimillonarios. ¿Qué sucedió?. Según creo la economía fue ‘inflada’ creando la burbuja de la construcción, induciendo a la población a comprometerse con responsabilidades financieras a muy largo plazo, seduciendo a los consumistas a adquirir todo tipo de enseres, coches, inmuebles, artículos de ocio y demás ‘ilusionismos’. Todos los terrenos fueron allanados a efectos de facilitar el ingreso de ‘todos’ al mercado consumidor, donde los créditos y préstamos eran como lámparas de Aladino, fáciles y accesibles.

Mientras esta época de bonanza se gestaba, tras bambalinas los ‘genios’ de las finanzas y economías urdían el siguiente plan que les permitiría agrandar aún más sus ya abultadas cuentas bancarias. La letra pequeña, las clausulas larguísimas e inentendibles de los contratos colaboraron en muchos casos para que miles de personas firmaran transacciones sin asesoramiento legal o sin acabar de entender cuál sería su sentencia al asumir determinados compromisos.

Llegamos al día de hoy, dejando atrás el maravilloso sueño donde era posible trabajar honestamente, ganar un sustento más que suficiente para mantener a la familia, financiar los estudios de los hijos, disfrutar de vacaciones y hasta permitirnos ir al cine, a cenar fuera o salir con los amigos. Un sueño en el que nadie nos regalaba absolutamente nada, todo lo alcanzábamos con nuestro propio esfuerzo, sin embargo esto era el preámbulo de una inmoral e hipócrita pesadilla.

Un fuerte sacudón hizo que despertamos a la más amarga de las realidades donde reina del desempleo, donde la ‘crisis’ ha asolado a millones de familias como si de un tsunami se tratara, donde impera la corrupción y en la que somos ‘victimas’ de la usura y la codicia de banqueros y empresas que tras haber sembrado, recogen una suculenta cosecha de intereses, moras y comisiones que sumergen aún más a la sociedad.

Yo pregunto ¿Cómo es posible que la legalidad permita la ‘usura’ desmedida?. Es posible decir que son contadas con los dedos de las manos las empresas que intenten ‘cobrar’ facilitándoles los caminos a aquellos clientes que pretenden cumplir con sus compromisos. La gran mayoría se para más aun en sus pedales intentando seguir enriqueciéndose ‘lícitamente’ pero no moralmente.

Quienes formamos parte de la población ‘desempleada-desesperada’ del país -no por elección propia sino por diversos factores resultantes de una malísima reforma laboral-, componemos el núcleo más vulnerable y más castigado con el coletazo de los recortes, reformas, EREs, desahucios, y demás consecuencias nefastas.

Los atrasos o rebotes de los recibos domiciliados generan comisiones o intereses desmesurados. Si se trata de descubiertos (en el supuesto que el banco lo permita) están cobrando entre 30 y 40 euros, si en recibo es de una financiera o tarjeta de crédito también los recargos por mora oscilan entre las mismas cantidades. Si el recibo rebotado es de una aseguradora, o de algún otro tipo de entidad puede llegar hasta los 50 euros. Total que quienes estamos aun cobrando la prestación por desempleo y queremos hacer frente a nuestras responsabilidades nos vemos perjudicados injustamente solo por el hecho que el ingreso del INEM sea el día 10 de cada mes. Es probable hasta que se llegue a pagar más de 150 euros mensuales solo de intereses por mora al haber sido devueltos los recibos. A esto yo le llamo también USURA.

Algunos de los bancos se lavan las manos diciendo que ellos no pueden retener por más de 5 a 7 días los recibos, todos entran los primeros días del mes y de esta manera le endosan a las otras empresas la decisión de enviar más tarde sus recibos.

Las tarjetas de créditos o financieras que las otorgan, que muchas veces son también de otras entidades bancarias, manifiestan que debido al contrato firmado oportunamente no está permitido alterar esa fecha, con lo cual el cliente es quien se perjudica hundiendo de esta forma más aun su magra economía.

Los bufetes de abogados y empresas que se dedican al recobro de recibos hacen su agosto y siembran malestar, incordian, maltratan y amenazan a quienes ya no poseen nada, absolutamente nada. Personas como cualquier otro ser humano que ante todo merecen respeto, educación y una atención profesional adecuada. Acosan al ‘ex trabajador no por elección propia’ por todos los medios posibles, teléfono, sms, por e-mail o correo convencional intimidándolo a efectos de lograr el cumplimiento de los pagos convenidos. Aun no utilizan el whatsapp porque seguramente no se les ha ocurrido. Gastan todas sus energías en atosigar al cliente que es la ‘victima’ de las arbitrariedades que se han cometido en su vida y que no puede defenderse ni solucionar la situación, porque no está en sus manos hacerlo.

Nos han sometido a un sistema que nos ha tiranizado y aplanado, devastando los derechos inalienables que poseemos

El campo laboral se ha convertido en una jungla inescrutable, en la cual hablamos de una situación inversamente proporcional en cuanto a cualificación y retribución. Laboralmente han subido las exigencias y han bajado las retribuciones. Se solicitan trabajadores que sean capaces de cumplir varias posiciones y además sean trilingües, multifuncionales, tengan coche y estén a disposición las 24 horas los 365 días del año.

Los gobernantes están muy ocupados en estos días en salvar su propio pellejo de rimbombantes situaciones de corrupción, y también en poner a buen recaudo las ganancias gestadas mejor ni saber proveniente de dónde.

Arman jaleos y discursillos vacíos de realidad intentando ‘rellenar’ las noticias diarias y dar comidilla a los diversos medios interesados en ‘lucrar’ con cualquier situación. Políticamente hablando, quienes están involucrados en estas situaciones, se preocupan más en recrear situaciones del pasado ya finiquitadas o en acusar a su oponente haciendo surgir hechos también pertenecientes al pasado, para lograr desviar el fluido tráfico de una corriente que amenaza con llevarlos a la deriva, resultado de sus propias actuaciones.

Seguimos derrochando dinero, pagando dietas desmesuradas, desayunos de ‘negocio’, comidas, cenas, hoteles, coches, pasajes vip, y una larguísima lista de etc. Mientras el trabajador se ve relegado a la pasividad, a la mendicidad, muchas veces a la intemperie y al hambre. Vemos con perplejidad los continuos devaneos de estas personas que ya están resultando obsesivas con sus objetivos, inmorales con las consecuencias de sus decisiones y déspotas con sus decretos. Vivimos en un estado de derecho democrático, fiable y solidario ¿Dónde están reflejados nuestros derechos amparados en la Constitución?.

Sigo diciendo cada vez con más convencimiento y más alto que es necesario que quienes somos los responsables de contribuir con nuestro trabajo a levantar este país debemos hacer valer nuestros derechos y exigir que se cambien ya los parámetros que nos están hundiendo cada vez más.

Ya nadie cree en las estadísticas ni económicas, ni de reducción del paro, ni absolutamente en nada con lo que pretenden engatusarnos. Formamos parte de una sociedad descreída de todo, pero es imperioso que hagamos algo que modifique la deplorable situación en que nos vemos involucrados sin haber sido directamente quienes la gestamos. Es imprescindible revertir la situación inmediatamente antes que el tsunami nos alcance a todos y solo queden algunas pocas astillas de nuestra sociedad.

¿Qué sucedería si un país quedara paralizado totalmente en sus actividades?, pues que todo fuera a menos. Es decir no recibirían ganancias las empresas, las divisas bajarían, el mercado se hundiría, la bolsa saltaría...

¿Qué sucede en el exterior cuando los gobiernos están en el ojo del huracán?, los países pierden fiabilidad, pierden inversiones, se gesta el descredito, se pierde cualquier tipo de competitividad y los proyectos se sumergen hasta tocar fondo.

Los ciudadanos de a pie, quienes no cargamos con honores, ni gratitudes ni con ‘cucardas’ de reconocimiento alguno, somos quienes tenemos la obligación de poner un punto final a esta situación de inseguridad total que nos han impuesto. Nos han obligado a asumir las consecuencias adversas que la mala gestión del capitalismo mundial nos has ha dejado en heredad.

El trabajo, la vivienda, la educación, la sanidad, la seguridad son DERECHOS indiscutibles de todos los seres humanos, si no se respetan, pues entonces debemos ser nosotros quienes hagamos valer nuestros derechos. Son tan importantes como el derecho a la vida, no se pueden sesgar,

La paz, la armonía, la prosperidad no deben ser quimeras, deben ser como el aire que respiramos, imprescindibles. Debemos lograrlo antes que seamos consumidos por la calamidad, el fracaso, y el cataclismo de la codicia, la avaricia y ambición desmedida de unos pocos. No podemos permitir que sus actos nos deriven a la ruina total, a la bancarrota emocional, laboral y financiera de nuestras vidas.

Vivimos sometidos y esclavizados a la usura de algunos ‘personajes’ que han creado un gran montaje para hacer prevalecer sus derechos anulando los nuestros más elementales. Estas son realidades de épocas pasadas, pertenecen a la historia y no deben repetirse.

Nuestra obligación es impedir que eso siga sucediendo. Si permanecemos siendo espectadores, veremos nuestras vidas pasar ante nuestros propios ojos como si se tratase de un cortejo fúnebre, donde ya no seremos ‘deudos’ sino ‘cadáveres’.


Sobre esta noticia

Autor:
Carolina Martin (101 noticias)
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Tipo:
Opinión
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