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Lance Armstrong mide su leyenda ante los jóvenes campeones

03/07/2009 13:49 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El Tour de Francia, la mejor prueba ciclista del mundo, añade en esta edición una nueva muesca a su legendaria historia, la del regreso de Lance Armstrong, el mejor 'hombre-Tour' de todos los tiempos y que afronta ahora un reto temible, el de competir a sus casi 38 años con los jóvenes campeones de la actualidad como Alberto Contador o Andy Schleck.

Es el segundo regreso de un ciclista universal. Entre 1996 y 1998 se bajó del sillín para combatir ferozmente contra un cáncer testicular con metástasis pulmonares y cerebrales. Volvió a ser profesional a finales de 1998, pero pensó en la retirada. Un año después, pletórico de fuerzas, comenzó a gestarse una de la historias con mayor brillo del panorama deportivo.

Superó una enfermedad y todas las adversidades posibles para conquistar hasta siete Tours. Una cifra mágica, inalcanzable en los sueños de cualquiera y que le sitúa en el olimpo del ciclismo. Su retirada fue igualmente perfecta, ganando el séptimo en el verano de 2005. Su marcha abrió el triplete de triunfos españoles.

Pero como otros grandes campeones -Jordan o Borg- durante tres años echó en falta el dolor y el sufrimiento encima de la bicicleta. Un extraño vínculo entre los grandes campeones y sus éxitos. Ahora Armstrong pretende volver a sentir ese placer del dolor y arriesga su gloria ante ciclistas más jóvenes como Contador y Andy Schleck, o veteranos en plenitud como Sastre, Evans, Leipheimer o Menchov.

En septiembre de 2008, después de foguearse en la mítica distancia del maratón, Armstrong anuncia su segundo regreso, envuelto en la incertidumbre de conocer cuál es el verdadero motivo. Algunos consideran que un campeón de tal tamaño no vuelve si no es para ganar o al menos intentarlo y otros descartan que el de Texas tenga ya el nivel suficiente para superar a los jóvenes valores.

Mientras, las idílicas carreteras de Alpes y Pirineos dirimen esta dicotomía, Armstrong se presenta en el Tour arropado por su guardia pretoriana, un Astana creado a su favor por Bruyneel. Relega al gran corredor del momento, el español Contador, a un segundo plano.

Es cierto que el Tour lo gana siempre el más fuerte, pero ante cualquier adversidad o duda, el pinteño sólo contará con la fuerza que sus músculos impriman a las bielas. Armstrong también regresó de la fractura de clavícula que sufrió en la Vuelta a Castilla y León para hacer un Giro digno, pero insuficiente.

Ahora afronta una de las apuestas más arriesgadas de su carrera. Nadie podrá arrebatarle nunca, ni siquiera los que levantan la sospecha del dopaje sobre su figura, el incalculable valor de su proeza, a la que añade el tinte benéfico de recaudar beneficios para su fundación 'Livestrong', de cara a la lucha contra el cáncer.

Pero si no está a la altura de su nombre, en la retina del espectador quedará para siempre la imagen de un Armstrong rendido, precisamente cuando su historia es la de un ejemplo para la humanidad por su capacidad para escapar a su destino y elevarse hasta lo más alto.


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