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Lavapiés, la esperanza de muchos inmigrantes

05/05/2009 23:10 2 Comentarios Lectura: ( palabras)

Ejemplo de multiculturalidad, es el distrito madrileño que concentra el mayor número de culturas diferentes por metro cuadrado. Sol Angie, Alberto y Al Wahat son algunos ejemplos de los muchos inmigrantes que han fijado su residencia y su trabajo en Lavapiés queriendo prosperar.

Sergio Delgado Martorell.- Fue a principios de los 90 cuando Lavapiés empezó a concentrar a población inmigrante. Los pisos, viejos y destartalados, pero baratos, fueron todo un reclamo. Primero llegaron los magrebíes, luego los latinoamericanos, más tarde los subsaharianos, los bengalíes, los paquistaníes... y, en los últimos tiempos, los chinos. «Ve a Lavapiés, allí hay amigos», es la voz que más ha corrido, y aún corre, entre los recién llegados. Día a día, las calles se vistieron de colores.

 

Llevan en España mucho tiempo y, con no poco esfuerzo, han conseguido asentarse en la gran ciudad. Al Wahat, Sol Angie y Alberto son parte de esos más de 4, 5 millones de inmigrantes que residen en nuestro país y que ya constituyen el 10% de la sociedad española, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

 

<a href="http://www.flickr.com/photos/43798366@N00/2040322736/" mce_href="http://www.flickr.com/photos/43798366@N00/2040322736/" target="_blank">.insanidades</a> via Flickr

 Con sentimientos contradictorios de pena y esperanza, abandonaron hace años sus respectivos países. Por un lado, la pena de dejar su país, su familia y sus amigos, su entorno, y por otro, la esperanza de lograr una vda mejor. Amigos y familiares afincados en España les habían hablado de una tierra con oportunidad que merecía la pena descubrir y, tras meditarlo, decidieron poner rumbo a ella. 

 

 

Al Wahat tiene 25 años. Hace 10 abandonó su Libia natal. Sin dejar de sonreír ni un instante, explica que era un niño feliz.  Recuerda las travesuras que realizaba con sus amigos, era “peor que mi hijo”, añade y en especial las visitas a la Mezquita en Gadames, situada cerca de la frontera con Túnez y Argelia. Vino con su padre y algunos de sus hermanos, tiene 15.   Actualmente Al Wahat está casado con una chica marroquí que conoció en Lavapiés, “para mí este barrio es mi vida, me ha dado a mi mujer y a mi hijo, ¿qué más le puedo pedir?”, explica.  Desde hace muchos años es propietario de una tienda de telefonía en el barrio. Decidió abrir este negocio por dos cosas, “me costaba encontrar trabajo, decidí abrir un negocio por mi cuenta y porque, además, la telefonía móvil es un negocio sencillo, seguro y de futuro”. Sus jornadas de trabajo son maratonianas. Se pasa en la tienda 14 horas al día, 6 días a la semana, desde que amanece hasta casi la medianoche, “es lo que hay”.  Le gustaría pasar más tiempo con su familia pero las facturas llegan y Al Wahat es un hombre responsable.

 

La tienda de Al Wahat, cerca de la plaza de Lavapiés. (Foto: Sergio Delgado Martorell)

La tienda está decorada con motivos árabes, desde los azulejos hasta amuletos del hilal, o luna creciente, y de estrellas. El olor a incienso de jazmín te transporta hasta las tierras exóticas de su propietario, Al Wahat. Sueña con poder volver a Libia pronto y ver al resto de su familia que decidieron no venir a España. Le gusta Lavapiés, le gusta Madrid. Siente que la ciudad y sus gentes no se han portado mal con él. Son muchos años y no se siente un extraño.

 

 

“Lo que menos me gusta de Madrid es el racismo”

 

 

Ojalá que llueva café en el campo, que caiga un aguacero de yuca y té. Esto es lo que suena nada mas entrar en el restaurante familiar de Sol Angie, en pleno barrio de Lavapiés.

Tiene 25 años, como Al Wahat, y vino hace dos a España. Llegó desde la República Dominicana con dos hermanos suyos ya que “las cosas allá están mal para trabajar”. Aquí le esperaba un familiar que tiene un restaurante en alquiler desde hace cinco años. 

Sol Angie se muestra triste y habla con añoranza, “yo trabajaba como dependienta en un centro comercial, dejé a mis amigos allí. Es muy duro comenzar de cero”. Pero debía marcharse, al menos así lo sentía ella. Sus dos hijos dependen, casi exclusivamente, del dinero que Sol Angie les manda cada mes y aún así ahorra para el futuro. Quiere reunir lo máximo posible y volver a su tierra.

Muchos inmigrantes comparten pequeños pisos y se turnan para compartir la cama, lo que se conoce como “camas calientes”

 

Al igual que la canción del dominicano Juan Luis Guerra, las palabras de Sol Angie son como un canto a la esperanza. “Lo mejor de Madrid es que me permite mandarle dinero a mis hijos y ahorrar para el futuro. Le debo mucho a mi prima Ana Carolina desde aquel día que me llamó para que viniera a echarle una mano en el restaurante”. Lo peor de Madrid, dice, es el racismo. “Cuando voy caminando por la calle y me he tropezado con alguien más de una vez me han dicho; negra de mierda o vete a tú país. Lo que menos me gusta de Madrid es el racismo”. Considera que, pese a la hospitalidad general de sus gentes, nuestra sociedad es muy racista, sobre todo “los más viejitos”.

 

Lavapiés le encanta. Además de porque su prima vive aquí y le había hablado genial de la diversidad del castizo barrio madrileño, porque aquí se ha encontrado con gente de su país y con otros latinos en circunstancias parecidas a ella. “Somos como una gran familia”, concluye.

 

 

La artesanía como forma para ganarse la vida

 

Adaptarse a las costumbres  y al estilo de vida de un país es difícil, sobre todo cuando no has nacido en él. Esto es lo que le ocurre a Alberto. Nació hace 35 años en Ecuador. Viajó a España ya hace 6 pero solo compró el billete de Ida.

 

Vino con su mujer y uno de sus dos hijos, el otro nació aquí. Se instaló en Galicia pero viaja continuamente a Lavapiés, dónde tiene grandes amigos de su tierra natal.

Se dedica a la venta ambulante. En Ecuador también trabajaba de lo mismo, vendiendo su arte a modo de jerseys o instrumentos de música típicos de su país. Cuando viaja a Lavapiés se trae consigo su negocio y aprovecha para vender en las calles de la capital.

 

 Marchó porque “aquí hay una mejor vida con respecto a mi país” dice Alberto con tono pausado y amable. Dice que es difícil adaptarse, que nota mucha diferencia respecto a Ecuador.

 

Eligió Galicia porque vivían unos amigos suyos, “el clima no es tan diferentes. En mi país por momentos sale el sol y otros llueve”, explica.

 

Vino con ansias de lograr una mejor calidad de vida vendiendo su artesanía, “lo que más quiero es conseguir una vida tranquila con mi familia”. Echa de menos su país, pero sereno comenta que no se arrepiente de la decisión.  Sobre qué hará en el futuro, ni él lo sabe, “no he tomado una decisión, esperaré a que decidan mis hijos, ahora están estudiando en el colegio de aquí, esperaré que digan algo”.

 

Al contrario que Sol Angie, Alberto dice que jamás ha sufrido racismo. Para él lo peor de Lavapiés son los problemas que padecen alguno de sus amigos. Muchos inmigrantes comparten pequeños pisos y se turnan para compartir la cama, lo que se conoce como “camas calientes”. Y sobre todo destaca la violencia ocasional que ha podido observar en el barrio, “uno debe andar con mil ojos, pero tampoco es todos los días”.

 

Alberto, Sol Angie y Al Wahat son tres de los muchos casos de inmigrantes que ya representan el 50% de la población total de Lavapiés. Un barrio céntrico madrileño tan castizo como intercultural  y un auténtico crisol de culturas. Una gran mezcla de costumbres, aromas, ideas, modos de vida, que se interrelacionan entre sí.

más de 4, 5 millones de inmigrantes que residen en nuestro país y que ya constituyen el 10% de la sociedad española, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Lavapiés como lugar de residencia y Madrid en general, constituyen para estos hombres y mujeres una puerta a la esperanza, con un único objetivo: poder ser felices y mejorar su calidad de vida.

 

 

 


Sobre esta noticia

Autor:
Sergio Delgado (2 noticias)
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1494
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Creative Commons License
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me partooo (01/10/2009)

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Usuario anónimo (06/10/2009)

fuentes inventadas? pues no, TE HAS COLADO!