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Libertad frente a laicismo

23/09/2010 18:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

"¡A Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César!" (Mt. 22, 21)

Cuando parecía que todo estaba tranquilo en el tema del "poder", o de la "fundamentación del poder", parece que hay personas o partidos que quieren romper ese "frágil" equilibrio que, mientras se mantuvo, ha sido muy fructífero para nuestra Europa y nuestra España, y parecen no tener en cuenta que las veces que se ha roto dicho equilibrio ha sido inmensamente trágico.

Desde luego, la política no se basa, ni se debe basar, en ningún juicio de intenciones, pero nos preguntamos a quién beneficia (¡Quid prodest!) esta ruptura y qué consecuencias puede traer para nuestra sociedad.

La política, para nosotros, se ha de basar en la "separación" de los dos poderes: "espiritual y temporal", sin intromisión de ninguno en el campo o dominio del otro.

La historia reciente española nos ha demostrado que este equilibrio entre los dos poderes ha sido muy positivo, y la Transición ha sido la mejor prueba de ello.

Y cuando todos lo teníamos claro, viene nuestro Presidente a romper ese equilibrio; y la verdad es que tiene "coro": tan es así que no sólo la oposición le sigue, sino también hasta "los que antes eran de los suyos y que ahora dicen que no lo son pero que hacen todo lo que su jefe diga".

El tema del "laicismo" no es más que otra forma que romper ese equilibrio entre los dos poderes, con el ánimo de anular el ámbito de la "conciencia" o sea el "a Dios lo que es de Dios", imponiendo a todos, y en todos los niveles, el ámbito del "César".

O sea, no es más que una forma de buscar la primacía de un poder sobre otro, olvidando una de las "conquistas" fundamentales de nuestro occidente y de nuestra España: el equilibrio entre esos dos poderes.

Hablar de "más libertad religiosa" si se apoya a un Estado laico no es más que un sofisma, puesto que la "libertad" o se tiene o no se tiene; y si nuestra Constitución la garantiza quiere decir que existe esa libertad en su totalidad.

Por otra parte, no se explica lo que es el laicismo sino identificándolo con algo ajeno a lo que ha sido el laicismo en la historia y en el pensamiento: de ahí que veamos un intento claro de allanar el "ámbito de la conciencia": si no, no tiene otra explicación.

Hay dos ámbitos en el ser humano (el cual es el objeto de todo derecho), que son el ámbito de la conciencia ("a Dios lo que es de Dios") y el ámbito social ("al César lo que es del César"): que ambos se han interrelacionado a lo largo de la historia, desde que Gelasio I planteara el tema de "los dos poderes", es evidente.

Que ha habido "momentos" en la historia en que un poder se ha superpuesto al otro, no lo vamos a dudar; y si una persona quiere puede buscar razones para justificar cualquier postura: habrá quien diga que cuando el poder del "César" ha estado sobre el poder "espiritual" ha sido mejor; y habrá quien diga que cuando el poder "espiritual" dominaba era aún mejor. Sin duda, nuestro Presidente y "nuestra oposición" pensarán que ha sido mejor cualquier "cesarismo".

Independientemente de la historia, el hecho es que ahora, en España, estamos viviendo con la separación de los dos poderes: y no sólo no nos va mal sino que nos va bien. Cada cual cree lo que quiere y paga sus diezmos, si así lo desea, a la institución que mejor representa a su conciencia.

Revivir ahora el tema del "laicado" es revivir una historia procelosa de nuestro occidente, pero además es pretender que una institución se arrogue el poder "de Dios" entrometiéndose en nuestras conciencias para dar todo tipo de "normas" ("los artículos aumentan, pero la caridad disminuye" – esta expresión de Erasmo es válida todavía hoy día)

Pero es que aún hay más: si nos situamos en el ámbito del "César", vemos que los que ahora quieren imponer ese poder "urbi et orbe", antes lo han socavado:

La sociedad actual se basa en otra "división de poderes" y cuyo fundamento ya no "emana" de Dios, ni de ninguna dinastía: emana del "pacto entre personas", y para que dicha sociedad esté equilibrada se ha decidido que el poder judicial sea independiente.

El "partido único" que nos gobierna (que se manifiesta en gobierno y oposición) acabó con la independencia judicial en el año 1985 haciendo con ello que, primero, se rompa la baraja del juego y, segundo, que "al César" no sólo no se le da lo que es suyo (es decir, la independencia de los poderes y de las reglas del juego democrático), sino que se le da a dicho "partido único", pretendiendo con ello controlar las conciencias.

Si las reglas del juego del "poder del César" no las cumplen, es decir, la independencia judicial ¿qué legitimidad tiene (n) para anular "las dos poderes" (espiritual y temporal)?

Mientras la sociedad española ha ido cambiando su punto de vista y ha admitido "los dos poderes", nuestro "partido único" se ha ido a la "época de la Restauración" con el objeto, parece, de legitimar todo el "caciquismo": ¡y "ahora tú y después yo" nos repartimos todo lo del César; y después se intentará anular cualquier tipo de "libertad de conciencia"!, parecen decir.

Entendemos, pues, que toda la verborrea en torno al laicismo no es más que recuperar no sólo la política de Louis Veuillot (el "perro rabioso que fue" según Unamuno), sino los "momentos gloriosos" tanto de Bonifacio VIII como de Inocencio III.

Pero aún hay algo de "medieval" en toda esta historia: si anulamos uno de los dos poderes quiere decir que el otro lo "situamos" fuera de este mundo, en el "u-topos", es decir, en el "otro mundo". Y decimos "medieval" porque si en el medioevo eran los monjes quienes "anunciaban" ese otro reino, ahora son los "iluminados laicos" quienes ven ese "otro paraíso".

Como visionarios que son, pretenden que ese "paraíso" sea ya una realidad en "este mundo" sin mirar las consecuencias, una de las cuales la explica Popper perfectamente: "¡quien ha pretendido crear un reino de Dios en la tierra, no ha creado más que un infierno"!

Al anular el "poder" de la conciencia, el cual queda subsumido en el "poder del César", se anula la libertad la cual sólo puede nacer de dicha conciencia.

Con un "Estado laico" o con una "sociedad laica" no estamos más que volviendo a un "pensamiento único". La sociedad que se está pergeñando es una sociedad contraria a la libertad.

Parece que, a nivel político, únicamente el Centro Democrático y Social se ha quedado solo defendiendo el ámbito de la conciencia, es decir, la libertad, es decir, la separación de los dos poderes.

Anuladas las reglas del juego del "poder del César" (al anular la independencia del Poder Judicial) y el golpe mortal que se le está dando al "poder de la conciencia", que anegará la libertad y lo que ella significa (por ejemplo las sentencias judiciales contra la libertad de expresión), el peligro de volver al medievalismo es grande, siendo así que la edad media fue una época de grandes contradicciones y de amasar grandes perspectivas, entre ellas la de la libertad.

Pero ahora estamos en los albores del siglo XXI y debemos estar a la altura de la época, no sólo porque el resto de Europa cabalga en la racionalidad sino porque, de suyo, las cosas son de distinta manera a como lo fueron en otras épocas y no tenemos porqué volver a "luchar" por conquistar ni por conseguir la libertad.

Sin miedo, pero con valentía y con prudencia, el Centro Democrático y Social defiende la libertad emanada de la conciencia de las personas, puesto que estamos convencidos de que se puede hacer una política basada en dicha libertad y en el sentido por ella generado.

Antonio Fidalgo

Secretario de cultura del CDS

Criterio Liberal. Diario de opinión Libre.

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