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Llamadme Alfredo

18/06/2011 12:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Si ahondamos en los detalles de la vida de Alfredo Pérez Rubalcaba, veremos que estamos ante un hombre extremadamente ambicioso, que maneja como nadie las intrigas de salón y los enredos políticos. Llegó al PSOE allá por el año 1974, casi nada más ser refundado este partido por el llamado "grupo de los sevillanos", que encabezaban Felipe González, Alfonso Guerra y el sobreviviente Manuel Chaves. Fue Javier Solana el maestro político de Rubalcaba, el que le aficionó a disfrutar sin límites del verdadero poder y, en realidad, el que le abrió las puertas de los despachos de los poderosos y el que le enseñó a manejar convenientemente el delicado mundo de los secretos comprometedores.

En un principio, dada su condición de profesor de Química Orgánica, Rubalcaba encaminó sus pasos hacia las comisiones de Enseñanza del PSOE e incluso, andando el tiempo, participó activamente en la elaboración de dos importantes leyes, la Ley de Reforma Universitaria (LRU) y la LOGSE, que resultaron ser dos leyes manifiestamente regresivas y empobrecedoras para la enseñanza española. Con las primeras responsabilidades dentro del Gobierno de Felipe González, se dio cuenta que le atraían los bajos fondos del Estado, el mundo de la intriga y la maquinación, bastante más que el trabajo rutinario de un Ministerio, realizado obligatoriamente a la luz de los focos públicos de la ciudadanía.

Por este motivo, y sin dudarlo mucho, Pérez Rubalcaba puso en práctica lo aprendido en su etapa de colaboración con Solana y comienza a moverse con extremada soltura por las complicadas cloacas del Estado. Utiliza y rentabiliza a su favor, mejor que nadie, las ocasionales torpezas cometidas inocentemente por sus propios compañeros y por los distintos miembros de la oposición. De ahí que, desde el primer día, se dedicara a buscarse amigos, sobre todo dentro de la propia dirección del CNI. Necesitaba amigos que le pasaran continuamente información privilegiada y sensible sobre los de casa y sobre los de fuera.

Esos abultados dosieres, que ha ido elaborando pacientemente durante todos estos años, le han valido al todopoderoso Rubalcaba para conspirar desde dentro contra otros aspirantes y que el "dedazo" de Zapatero le señale como candidato único a la sucesión. Sus maniobras maquiavélicas se llevaron por delante a Carme Chacón, que se vio obligada a renunciar a las primarias. Y eso que Chacón, según todos los indicios, era la preferida de Rodríguez Zapatero. No solamente apartó a Carme Chacón de la lucha por la Secretaría General del PSOE y, por consiguiente, de la presidencia. Ha cerrado prácticamente el camino a cualquier afiliado que lo intente, pues no les va a ser nada fácil reunir los 22.000 avales exigidos. Rubalcaba, en cambio, está exento de semejante requisito.

El ungido por Zapatero, que siente, según dice, la simpatía y "el calor de los socialistas", quiere también los 'dedazos' de los distintos barones y de cuantas personas ejerzan cualquier tipo de autoridad entre la militancia del partido. De ahí que, disfrazado de profeta judío del Antiguo Testamento, haya iniciado un continuo peregrinaje por las distintas federaciones, no sé si para agradecer su prevista nominación o para dar a conocer la buena nueva. Y Rubalcaba, que debiera haber dimitido de todos sus cargos desde el momento mismo de su designación, aprovecha su condición de miembro destacado del Gobierno, para utilizar incluso hasta el "Falcón" de las Fuerzas aéreas en alguno de sus desplazamientos, simplemente para ganarse la confianza de unas bases que están entregadas de antemano.

Fue llamativa su presentación en Sevilla. Ante un millar de militantes socialistas y ante los altos cargos del PSOE de Andalucía, quiso imitar a Eva Perón cuando dijo a sus "descamisados" que querían elevarla a la vicepresidencia de la República Argentina aquella frase que hizo historia: "llamadme Evita". Simulando un aire extremadamente beatífico, Rubalcaba comenzó su alocución diciendo: "Para los militantes soy Rubalcaba y quiero pasar a ser Alfredo". Y continuó: "Quiero que me llaméis Alfredo, llamadme Alfredo". Y es normal que ahora quiera ser simplemente Alfredo, ya que el otro personaje, el que conocemos como Rubalcaba, sale muy sucio de su prolongada actividad en las cloacas del Estado.

Es evidente que los españoles, incluidos los ciudadanos de a pie, no necesitan que nadie les explique la vida, la obra y los milagros de Rubalcaba. Hasta el propio Rubalcaba es plenamente consciente de que este nombre evoca de inmediato a los GAL, a la cal viva y a la corrupción generalizada de la época felipista. Fue el principal protagonista de aquella vergonzosa jornada de reflexión, previa a las elecciones de 2004, en la que alumbró su única frase sensata: "España no se merece un Gobierno que mienta". El 'Faisán' o el chivatazo a ETA es otro de sus baldones innegables. Él es el verdadero responsable del asalto a las sedes del Partido Popular y algo tendría que ver con la creación y manejo de las pruebas falsas. Rubalcaba es prácticamente sinónimo de enredo, de mentira integral, pues se trata de un personaje sumamente tortuoso y laberíntico.

Con José Luis Rodríguez Zapatero como presidente, es Rubalcaba el encargado de manejar a su aire todos los trapos sucios que interesan al Gobierno. Él ha estado detrás de la infumable negociación con ETA, del trato favorable que se ha dado a los presos de la banda terrorista y el que ha velado celosamente por el cumplimiento de la tregua-trampa con los etarras y el que finalmente posibilitó su acceso a las instituciones. Como vicepresidente primero del Gobierno, es manifiestamente corresponsable de los incomprensibles despilfarros, los errores tremendos y la desidia de un Ejecutivo que únicamente puede presumir de haber creado cinco millones de parados. Y este es precisamente el hombre que se apresta a suceder a Rodríguez Zapatero. Quizás quiera presentarse, con ese intento de llamarse Alfredo a secas, como si fuera un perfecto desconocido, que aspira a ser todo un ejemplo de renovación generacional y democrática. Lo que sí ha conseguido, por ahora, es que le llaman Aldedo Pérez Rubalcaba.

José Luis Valladares Fernández

Criterio Liberal. Diario de opinión Libre.

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