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Los ojos emotivos

02/04/2010 23:30 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

Personas que con sus acciones y sus palabras sacan lo mejor o lo peor de sí mismos a los demás

(c) Juan Carlos González

Las personas tienen distintos órganos que les ayudan a sobrevivir y a entender el mundo que las rodea. Dichos órganos actúan como captadores de estímulos de todas las señales producidas por el entorno, consciente o inconscientemente, y las envían a los nervios centrales, que las convierten, como si fueran módems de tejidos vivos, en señales eléctricas. Por medio de los nervios menores, perfectos cables envueltos en gris humano (una metáfora referida al color gris de los nervios o del cerebro)- un nuevo color para dichos entresijos - llegan a las neuronas que forman el entramado de la CPU humana, la Unidad Central de Proceso: el cerebro. Allí buscan una respuesta en microsegundos tras haber procesado los mensajes y la envían al nervio en cuestión que actúa como resorte para que el órgano trabaje debidamente. De esa manera se pueden apreciar los crepúsculos otoñales y los amaneceres estivales, escuchar la ternura de los seres queridos, acariciar y besar, saborear los platos que se colocan en la mesa, disfrutar de los aromas primaverales y responder positivamente ante lo que cada uno considera bello y grato y negativamente, si es preciso, ante lo que el cerebro presente como desagradable o no acepte según las condiciones del cuerpo.

Por lo anteriormente expuesto, no todos los seres humanos tienen la misma apreciación de las cosas, ni la misma respuesta ante los problemas o los momentos de fortuna: el llanto puede ser un desahogo de rabia o de tristeza de igual manera que se puede llorar de alegría, y la risa puede considerarse una señal de contento pero también de perversidad. Hay algo que puede ayudar a los individuos a conocer las diferencias universales entre los seres humanos, enormes a pesar de compartir un molde físico general semejante, a apreciarlas y a encontrar soluciones en cuanto a la adaptación ante lo presuntamente desagradable.

Una de esas soluciones es el diálogo, el habla. El ser humano tiende a ser comunicativo y sociable y a vivir en grupo. Aprende a ser de esta manera porque cuando viene al mundo, está totalmente indefenso y se invierte muchísimo tiempo en la crianza y aprendizaje para alcanzar cierta independencia que ayude a conseguir alimento, cobijo y ropa. Esto último, traducido al lenguaje del siglo XXI, significa realizar un trabajo remunerado para poder pagar la comida, la ropa y una casa a la par que un medio de locomoción.

Al venir al mundo el ser humano, desnudo y con el cerebro únicamente ocupado en los procesos de petición, consumición y desarrollo interno de los alimentos para potenciar el crecimiento corporal y su supervivencia, se necesita un entorno protector y didáctico que vaya enseñando cómo integrarse en el medio donde se va a habitar. El entorno de los padres y hermanos, la familia cercana, que suelen ser los primeros en acondicionar el lugar y las circunstancias donde el ser humano recibirá información del mundo exterior. De esto, pocas personas parecen tener una constancia. Un bebé es un libro en blanco donde hay que ir introduciendo información y depende de cómo y el qué se enseñe al niño y de cuál sea su naturaleza, así se formará el adulto. Por tal razón, los primeros años de vida sirven para ir observando al bebé, enseñándole y orientándole en sus respuestas. Al margen de las que él produzca, que serán aprendidas igualmente, reproducirá las que haya obtenido observando, a su vez, a las personas mayores. De ahí que se hable de que según lo que se le dé a un niño, así será de adulto y según lo que reciba, así dará. Si se le da amor y comprensión, diálogo y escucha, será una persona que escuchará, amará y comprenderá. Estos primeros años son importantísimos y el cerebro del bebé es una esponja que lo capta todo aunque los adultos no se den cuenta. Por tal razón, para fortalecerlo, hay que enseñarle, dándole además a su cuerpo lo necesario para que crezca fuerte y sano. Si el bebé encuentra fortaleza y salud, será un adulto seguro de sí mismo, añadiendo, además, los conocimientos adquiridos durante su niñez.

Pero el uso de esos conocimientos puede ser directo o puede ser oculto. El niño puede aprender a ocultar sus intenciones, a mentir, a negar sus propios deseos, a retorcer sus ansias y a actuar con deshonestidad si encuentra que esta actitud favorece a los adultos, quienes la usan cotidianamente para resolver sus problemas. Para poder compensar esta manera de ser, existen el diálogo, el habla, la escucha, el fomento de la empatía y de la asertividad. Viviendo en la era de la comunicación, se escucha aún una gran oposición acerca del habla y se favorece el silencio. Durante tantos años el mundo ha vivido - sigue haciéndolo una gran parte de la población del planeta - en un silencio provocado por el miedo a la muerte y a la tortura. A las personas no les gusta escuchar que se les critique y menos que se descubra sus malas intenciones. Si esas personas tienen un poder de cualquier tipo, lo usan para hacer callar a quienes no están de acuerdo con sus ideas. Es una manera de actuar inmadura: el no aceptar la crítica sin preguntar antes el por qué y fomentar un diálogo para tener las ideas claras, a la par que abrir la mente a ideas nuevas y no cerrarse en banda.

Es necesario decir sí al diálogo y sí al habla. Sí a la escucha y sí a las preguntas y a las respuestas, sobre todo si no nos gustan.

Las personas seleccionan a los amigos y a los seres queridos según si piensan como ellos o no. Pero no se dan cuenta de que su cerebro está sufriendo una constante transformación y que no es siempre igual. La vida en la tierra nos muestra la inconstancia, el cambio constante, el devenir y las transformaciones, algo de lo cual se hacen eco las culturas orientales que construyen, por ejemplo, para destruir posteriormente y cambiar. La arquitectura europea ha servido para permanecer a lo largo de los siglos y los orientales han hecho permanecer la idea pero tienen una concepción realista en cuanto a la escasa vida del material y a la inestabildad del gusto humano. Y no sólo en arquitectura: en el arte, en la ciencia, en todos los campos existe esta línea de transformación constante y gusto por la renovación y mejora.

Hay personas que saben hacer que quienes viven en su entorno, crezcan, aprendan y se desarrollen de modo positivo, sintiéndose protegidas y queridas

Hay otro aspecto que ayuda a los seres humanos a sobrevivir y a mantenerse unidos. Un aspecto que también, junto al diálogo, hay muchas personas que piensan que ha de desaparecer y que quizás sea algo que nos hace estar vivos y ser distintos de los animales: las emociones y su manifestación. Se describe la famosa flema inglesa como un prototipo de educación: la persona que sabe estar en su lugar, observando, sin dar rienda suelta a la risa o al llanto, a un grito o a un acceso de cariño, so pena que sea en la intimidad. Las emociones existen porque en el cuerpo se desarrollan cambios químicos que las hormonas llevan a cabo y que sirven para que se mantengan vivas a la par que producen, a su vez, otros elementos indispensables para la vida: proteínas, quema de grasas, transformación de microelementos, etc...

La manifestación de las emociones también impulsa un desarrollo hormonal y son una señal importante para el cuerpo humano cuando dan a conocer que algo dentro del mismo va bien o va mal. El llanto suele acompañar al dolor, el grito a la desesperación y a la angustia. El cuerpo usa todos los recursos a su alcance para manifestar ante los demás el estado de ánimo, sea para llamar la atención, por exceso o por defecto, sea para otorgar esa atención a quienes están a su lado. Se habla de inmadurez cuando las personas manifiestan su sentimiento y de ser una llamada de atención constante esta manifestación. En ocasiones puede ser así. En otras ocasiones, no.

El ser humano está sometido constantemente a tensiones y miedos. Aunque pueda resolver sus problemas, ha tenido durante un tiempo su cuerpo en un estado de alerta y aviso desgastador y el cerebro da la señal de que necesita una recuperación o de que esa tensión ha de salir por algún lugar. Hay personas que prefieren manifestar silencio ante la tensión y la guardan dentro de sí, esperando a que pase o acuden al medico y toman algún preparado. Otras hacen ejercicio, gritan o tejen. El medio utilizado por las personas para relajarse y liberarse de tensiones es distinto pero mientras no dañe a quienes conviven junto a ellas, suele ser válido. La tensión interna provoca daños en los órganos interiores indefensos ante el sufrimiento producido por cierto tipo de ataques.

Según se desarrollen todo este tipo de condiciones, hay personas que saben hacer que quienes viven en su entorno, crezcan, aprendan y se desarrollen de modo positivo, sintiéndose protegidas y queridas. Estas personas, pacientemente, escuchan, enseñan y no tienen doblez alguno para manifestar sus sentimientos, aceptando los ajenos y preparando la amistad para un diálogo sano y efectivo. Así como hay otras que se sienten constantemente inseguras y que no saben vivir sin dominar o manipular al que tienen al lado, forzandole a agradecer constantemente su trabajo, separándolo del resto de las personas por miedo a ser abandonado - o abandonada - y que pretenden tener el control absoluto de todo lo que les rodea, incluyendo a los seres ajenos.

Nadie es mejor o peor. Todos los seres humanos son distintos. Todos pueden sacar lo mejor o peor de sus semejantes y convertirlos en monstruos o en ángeles, haciéndose partícipes de dicha monstruosidad o belleza. La cuestión es comenzar por el propio interior, reconociéndose y aceptándose cada cual tal y como es, intentando mejorar en lo que no guste si es necesario. Y después, dando. Al dar siempre se recibe. No necesariamente se tiene que dar dinero: se pueden dar palabras, apoyo, sonrisas y si es necesario ceder dinero, hacerlo de modo que el otro sepa aprovecharlo. Muchas veces las personas no piden dinero sino el cambio de su situación: un trabajo, una manera útil de vivir que les ayude a salir a delante y a tener un futuro, a conservar una familia.

A fin de cuentas todos los seres nacen iguales. Vienen al mundo desde el mismo lugar y con las mismas cosas: nada. En esta tierra, son los seres humanos quienes permiten que ocurran la maldad y la bondad excepto en los casos en que el planeta requiera dar un paso en su transformación. Desgraciadamente la especulación y el deseo de una riqueza rápida se están cobrando muchas víctimas al realizar ofertas en zonas donde se corre riesgos de que haya volcanes y terremotos, ofreciendo viviendas a sabiendas de que algo puede ocurrir ahí. Si se hubiera ayudado a estas personas a prepararse y a prevenir estos desastres, se pensaría de otro modo, quizás menos catastrofista: se asiste a un nuevo cambio en el planeta, a otro desarrollo en su giro, a una fase que lo ayudará a mantenerse vivo durante otros mil años, a un desnivel en su eje que sigue rotando para impedir a los seres humanos morir abrasados en ciertas zonas por la luz del sol, dando una explicación a que espacios como el Sahara pudieran, antiguamente, ser un vergel y ahora sean desiertos. Es una lástima que los inventos de los fenicios en cuanto a negocios, economía, amontonamiento de riquezas y destrucción del medio para conseguir poder acaparen tanto la mente humana, dirigiéndola, actualmente, hacia su propio beneficio, impidiendo el disfrute de tantas cosas bellas como las personas de gran corazón que siguen dando vida a la humanidad; un planeta que sigue cuidando de sus habitantes aunque sea un minúsculo puntito azul perdido en la inmensidad.

No todos los seres humanos tienen la misma apreciación de las cosas, ni la misma respuesta ante los problemas o los momentos de fortuna


Sobre esta noticia

Autor:
María Teresa Aláez García (5 noticias)
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Tipo:
Opinión
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