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Los usurpadores de Goya

13/05/2009 09:28 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

El Arte es crear, y la mayor creación terrena es la Vida, basándonos en estos principios incuestionables, no hay duda alguna. Los humanos somos parrandistas de las vidas y artistas de las muertes.”

 

Esa noche de Febrero transitaba por la calle D. Francisco Goya, al menos eso señalaba la gélida placa que en la fachada supuraba copos.

Extraviado de magna urbe, entre las heladas y nocturnas farolas de itinerario Goyesco, anhelaba yo un lugar donde resguardarme del intenso frío mientras caminaba ungidamente acurrucado a mi carnal hechura.

Entre los recovecos que dejan los copos de la nieve al caer, pude visualizar al fondo de la calle un portal que aprecié abierto, y no anduve más que el rato que anduve hasta hallarme frente al mismo. Luego, empujé la pesada puerta de madera..., y allí estaba él aferrado a la impávida sombra del portal, cadavéricamente ensortijado palpitando frío.

-¿Puedo pasar?- pregunté.

-Pase, pase vos que siendo este portal tan grande, sin duda, dos abrigan más que uno sólo, esperanzas y calores.-

Una vez dentro él se movió, un paso apenas, pasando de la lobreguez que le celaba a la tenue luz de las farolas que entraba sórdida por el resquicio de la puerta.

Fue entonces cuando le vi, mejor dicho, vi su impávido esqueleto presente y su vida toda ausente.

-¿Qué hace usted aquí, repleto de ataviado difunto?- pregunté.

-Pues verá vos - me dijo- como vengo haciendo muchos años ha, por estas fechas me echo encima mis huesos y otras quimeras de resurrección y parto de entre los muertos sin más esqueleto que lo que vos ve.-

- Si viene usted de los muertos a este frío vivir supongo que la cuestión será de vida importante- pregunté.

-Ya lo creo que es importante, ya lo creo- volvió a repetir tristemente muerto.

-Y cuál es si se puede saber a la sazón, razón, por la cual usted esta terrible noche de frío padece- le inquirí curioso.

-Mi presencia en cuestión y a la sazón razón no es otra que la de dignificar mi apellido y nombre que mancillado han sin mi consentimiento. Año tras año he de desenterrar por estas fechas mi paz de henchido difunto, ante la desfachatez de una sarta de pésimos comediantes que osan usar mi digno apellido para galardón de sus bufonadas carnales, y en ellos estoy, como puede ver vos, decididamente muerto.-

-¿Y quién es usted si se puede saber?-

-Yo soy Francisco José de Goya y Lucientes..., para servirle-

Al evocar su nombre en mí halagó el aroma Universal de su Arte, luego no dudé instante alguno de que me encontraba ante el insigne hedor del maestro de Fuendetodos.

Después de un tiempo de pausa prudencial cuando se trata de una conversación entre dos y una de las partes está muerta, y entre otras cosas para que él no colmase de palabras todo el contenido de este narrado pasaje que ahora enseguida concluyo, le dije:

-Pues verá maestro, estos pésimos comediantes a los que usted se refiere se denominan directores, actrices y actores del Séptimo Arte. La mayoría de los mismos dicen hacer y representar arte utilizando la carne de la mujer, la sumisión, la violación, el asesinato gratuito, además de las más satánicas sartas de improperios y otros vocablos merecedores de cloacas, en sus guiones cinéfilos.

Mantenidos por una gran parte de la sociedad, sobre todo la más imberbe, que entiende por Arte la violencia gratuita, la depravación carnal, los vocablos apestosos y otras ácidas lujurias, viven a cuenta y cuento de los vivos y los muertos, nunca mejor dicho.-

-Más razón me da vos para mayor ofensa de mi digna muerte y la de tantos difuntos como yo, aquellos actores por antonomasia, trotamundos de los pueblos que enaltecían sueños y pasiones sin otros medios que sus manos y sus gestos. Sin más “banda sonora” que un simple organillo y el cielo por pantalla.-

- Pues sí maestro, no hay duda que le han dado “tumba mala” estos parrandistas. Además-continué- parece que para rato, pues, difícil quimera es que logre usted, huero de toda carne, mientras ellos mercadean con la misma, otra cosa que pasar muerto frío.-

Un mártir y lánguido asentimiento facial que en su calavera se suponía, parecía certificar lo dicho por mí.

Después de un rato de silencioso lloro e impotencia contenida en huesos, el maestro se echó la mano a su calavera y entre cavilaciones óseas, me dijo:

-Deseo de vos un favor, si usted de favor quiere hacerme... -

-Faltaba más- respondí -diga.-

-Verá, ya que yo sólo les puedo ver con mi mente y puesto que ellos ni tan siquiera son capaces de verme con sus ojos, agradecería de vos, que vivo al menos hoy parece, les dijese de parte, nombre y apellido de mi persona, que dejen mi nombre en tumba y paz, que desistan de tomar de mí, Francisco José de Goya y Lucientes, apellido y nombre como epígrafe para su más preciado evento cinéfilo- me dijo sensatamente malhumorado-.

-Escupitajos me caen de la quijada, como puede ver usted, de sólo pensarlo-.

Verdad era, todo escupitajo su calavera.

-No se preocupe maestro, les diré palabra por palabra todo lo dicho por usted, sin embargo yo no soy otra cosa para ellos que un analfabeto vivo y usted un maestro muerto, un difunto que no puede levantar voz, aunque tenga de bien alta la cabeza-.

 

-Sin duda razón tiene vos pero ha de saber que los muertos jamás se rinden ya que jamás pueden ser vencidos-.

-Pues sí maestro- respondí -pero los muertos ni cuentan, ni suman, ni juzgan, ni ordenan, ni lloran, ni ríen... Los muertos únicamente restan a los vivos. En estos tiempos todo es lícito incluso destripar vísceras de los que no las tienen, como usted, mientras produzca dinero, vil dinero, no obstante prometo que lo intentaré.-

-Gracias, confío en su palabra amigo- me dijo con toda la certeza llena de nítidas lágrimas que yo percibí de su recio e insigne pudor cadavérico... Luego desapareció en el mismo momento en que yo desperté a la real vida de los humanos titiriteros.

Ivanla


Sobre esta noticia

Autor:
Ivanla (2 noticias)
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Tipo:
Opinión
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azazel (15/05/2009)

Si goya levantase la cabeza, estoy totalmente de acuerdo en que se le revolvería el estómago, no obstante la masas siempre necesitaron de algún tipo de opio, quiero decir, ocio.
Lástima que el cine no sea capaz de ofrecer nada mejor a esas masa$