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Magia y conmoción en la poesía de José Alejandro Peña

16/05/2009 15:59 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Relectura de Suicidio en el país de las magnolias

Pedro Pablo

 Por: Pedro Pablo Pérez Santiesteban

 

 Oriundo del Caribe hispano, José Alejandro Peña, ha sabido aprovechar los símbolos del trópico, no solamente del clima, sino también de los colores y de las formas concretas y abstractas, conectando lo real y lo irreal, en todo un crisol de imágenes poéticas alucinantes, fuertes y novedosas: su novedad radica en su pensamiento, en la forma de su lenguaje, de su mundo siempre a punto de estallar, siempre rehaciéndose como un abracadabra. Cada palabra de cada uno de sus poemas opera como un conjuro, de modo que el lector tiene un surtido siempre nuevo, siempre vasto, siempre nutriéndose de la misma vida, del conjunto de cosas, seres, animales, insectos, plantas y astros, pero también la cultura, los cambios humanos, los roces, las vueltas que da el ser en una misma y desesperante planicie ignorada por el mundo.

La vastedad de su palabra poética parece surgir de la nada, por ser ella como una fuerza descomunal, como un huracán o un tornado fuera de control, con la salvedad de que este poeta está al tanto de todo lo que circula entorno a sí, en torno a su palabra, por lo que cada detalle está en su sitio, dotando la cosa de un nuevo ente, como en el vudú, donde se usa una cosa para dotarla de un nuevo espíritu. Su ente es el ente poético o el espíritu de la poesía entrando por los ojos del lector hasta posesionarse de todo su ser. Es la imaginación de José Alejandro Peña un punto digno de ser tomado en cuenta. Lo más simple, lo más baladí, cobra en su mano, un destino lleno de sentido y el más mínimo sentido contrasta con lo absurdo como metáfora de una serie de detalles que sorprenden al lector, yo diría que adrede, porque aunque nos parezca sospechoso, sabemos que no hay nada descuidado, ninguna cosa es dejada al abandono en esta poesía, centrada en un decir continuo: no hay amague, todo está dicho o por decirse en su palabra demasiado abierta o cerrada hasta el dolor.

 

Yo era feliz y el aire me turbaba.

Me alejaba sin voz y sin pisadas

sobre un suelo que se alargaba.

 

…mis ojos no tenían párpados

mis pisadas no tenían suelo

el suelo era un desierto angustioso

como una puerta en un espejo

como un deslumbramiento sin un ancla

como una esfinge desolada y como ida

que vuelve la cabeza para vernos partir

con paso ya invisible.

 

Invisible se hace José Alejandro Peña en la oscuridad de la pena y el dolor que transmiten sus versos, galopando uno sobre otros, con ese lirismo único y poco visto para fotografiar la angustia y la atrición que la desolación conlleva: El ojo es una herida que no se cerrará/un puente que no se cruzará/un abismo que no puede ser medido.

 

La capacidad de este autor para retratar en blanco y negro el pasaje de su vida (y de la vida) a través de su poesía, levanta un vuelo poético muy pocas veces visto anteriormente. Y es que, en Suicidio en el país de las magnolias, en muy pocos momentos se retrata en sepia, o se deja escapar un ligero color, en los tonos más pasteles que pudieran encontrarse en la paleta del poeta. Su desarraigo a la vida lo lleva a un frente a frente entre su verso y los elementos más comunes que la naturaleza en su fuerza de vida nos regala:

 

El viento está lleno de ausencias petrificadas

como algunas palabras en cuyos huecos

hay cierta manera de inhibición.

…El viento es un pequeño algodón sucio,

me limpio los oídos con la pata de araña

de una obsesión proscrita involuntariamente

medieval y vórtice

 

Sofocando estos limites

yo nazco.

 

Un nacimiento demasiado fuerte, una entrada a la vida sin el perfume que reparten las magnolias. Una noche de constante insomnio donde el poeta no puede descansar de lo que ve y de lo que siente, de todo aquello que quizás es ignorado por el movimiento que lo rodea, y que él, con la maestría de su palabra y su poema elocuente, quiere que el mundo no ignore. Que salga junto a  él a tomar un Whisky para VAN GOGH:

 

Whisky para el simulacro de la evasión

y para que haya un día ultimo en la vida

de alguien que no soy yo

pues para mi no pido sino el infierno tal cual

lo conozco de antemano.

 

Saliendo un poco de las sombras, resurgen a media luz algunas magnolias atrevidas y frescas, mostrando —como dije anteriormente— tenues colores pasteles de la vida del poeta, justo en aquellos momentos en que su pluma mojaba mieles para saborear el erotismo y los pasajes de amor que humedecieron sus sabanas al derramarse el contenido de una Jarra:

La vastedad de su palabra poética parece surgir de la nada, por ser ella como una fuerza descomunal, como un huracán o un tornado fuera de control

 

 

Jarra llena de efluvios y muchachas con díscolos

colmillos de culebra

y mucho sol y mucho aire apestoso

y alta fiebre en los muslos rasurados

con precoz sedición y jadeo.

 

Esto es el trópico y esta es mi canción

 

…Bebamos amor mío la cicuta del diablo.

 

Como lector, y como crítico, ¿acaso no son la misma cosa: ambas caras de una misma moneda? descubro, en este libro incisivo, el placer del que nos habla Roland Barthes: un placer, un deleite que escapa a lo somero, que huye de lo vano, que desde los múltiples planos de estos poemas se ahonda y se condensa, se eleva y se completa.  Entre más leo a José Alejandro Peña, mayor es mi gratitud y mayor es mi sorpresa, cuando ante mi vista se despliega la formidable conjugación que existe entre forma y contenido en cada uno de sus versos. Incluso cuando podríamos pensar  por un momento que la forma se distorsiona en su voz poética, justo nos regala el contenido en el verso que cierra su poema, como es el caso, en mi apreciación, del fragmento del poema Jarra citado anteriormente.

 

Su modo de plasmar lo erótico, es un indicativo de que José Alejandro Peña, con su sello personal, que lo señala como un maestro en el modo de expresar y exponer aquel sentido traslaticio que embellece (aún desde y con distintivo humor negro) al mundo como escenario de la vida total de cada ser: su centro es el universo mismo del poema, centro magnético, que no cesa de fluir, que hace que todo confluya en el ámbito de una imaginación sagaz, divertida y auténtica.

 

Yo siento como un desmayo lúbrico

que ajusta el horizonte de las playas

al único latido que me queda.

 

Su sexo es un molusco rudimentario y sediento.

Su sexo como un cataclismo de rocío y de miasma.

 

Su voz llena el olvido de cactus y de anémonas.

Su voz es una llama en el fondo de un vaso.

 

 

Punto y aparte merece la ironía fabulada de algunos de sus poemas, donde el autor hace gala ya no de su técnica depurada en la poesía, sino de su alta sensibilidad creativa, donde el fino humor subraya la cuadratura de los versos. Su poema La viscosa risa de los lavabos es una magistral clase, de lo anteriormente dicho, del cual citaré el siguiente fragmento:

 

La reina me ha besado tiernamente los ojos

tiernamente sus besos me recorren por dentro.

 

…Yo la sigo besando hasta que se vuelve negra

la espumosa sangre en su vestido escarlata

y el odio en la viscosa risa de los lavabos

hace que el sueño que no he soñado se repita

eternamente en la vida de un hombre parecido

a un puñado de moscas disecadas.

 

No me cansaré de repetir en cuanto ensayo, artículo o reseña que yo escriba sobre este libro o sobre este autor que, Suicidio en el país de las magnolias, es de lo mejor que se ha escrito por autores contemporáneos en el género de poesía en los últimos años. Y afirmo (o sugiero) que, todo aquél o aquélla que se estime poeta o poetisa, debería leer Suicidio en el país de la magnolias, un libro amplio y rico, un libro nutrido de magia, no de trucos estilísticos, que también los hay, sino de auténtica magia vivida. Y es que, para José Alejandro Peña, el poema no vale sino expresa la vida en su cabalidad, con rebeldía, con excesiva pasión y humor, con atronadora ebriedad existencial, con un pensamiento siempre desafiante de la sensibilidad y de la inteligencia del más despierto lector o lectora de hoy y de mañana.

 

 Jose Alejando

 

 

    Libro                             

 

José Alejandro Peña


Sobre esta noticia

Autor:
Pedro Pablo Pérez Santiesteban (30 noticias)
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Tipo:
Opinión
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