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Manual de supervivencia

09/11/2009 11:15 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En las zonas frías, como el ártico o la alta montaña, la primera necesidad para sobrevivir es protegerse del frío

Esto se consigue desde tres frentes: la ropa, el refugio y el fuego. En este artículo trataremos los peligros que acechan al superviviente en las zonas frías, cómo reconocerlos y cómo tratarlos.

Hipotermia

La hipotermia es un descenso de la temperatura corporal por debajo de los 35º provocado por una exposición excesiva a las bajas temperaturas. Si la temperatura corporal desciende por debajo de los 33º la hipotermia es grave y puede provocar la pérdida de conocimiento y la muerte. El viento fuerte, las ropas mojadas o la inmersión en el agua pueden agravar los efectos del frío. También la mala alimentación, el agotamiento, la extrema delgadez, el estrés y la ansiedad o el uso de una ropa poco adecuada pueden ayudar a la aparición de la hipotermia.

Sus síntomas varían en función de la gravedad, y en ocasiones puede ser difícil de diagnosticar, por lo que, si vamos en grupo, debemos prestar atención unos a otros para detectar posibles síntomas.

La hipotermia puede sobrevenir rápidamente o irse desarrollando a lo largo de horas y no mostrar al principio anomalías en el pulso, respiración y presión sanguínea del afectado.

Los síntomas más frecuentes son cambios súbitos de humor y energía, falta de concentración y lentitud en las respuestas, pérdida de coordinación con tropiezos y caídas, temblores, palidez, pérdida de agilidad en las extremidades.

El tratamiento consiste en proteger al paciente de nuevas pérdidas de calor introduciéndolo en un refugio que lo proteja del viento y la lluvia. Hay que aislarlo también de la frialdad del suelo y ponerle ropa seca si es necesario. Se le proporcionará calor, bien por medio de una hoguera, bien calor corporal de sus compañeros, cubrirlo con mantas o mantas térmicas. Administrarle comida y líquidos calientes, pero no alcohol, té u otros diuréticos.

Si la hipotermia leve no se trata puede derivar en una hipotermia grave con pérdida de consciencia. Se hace necesaria la evacuación inmediata a un hospital. Si no podemos o mientras no llega la ayuda envolveremos al paciente en mantas y capas impermeables y aplicaremos calor con, por ejemplo, piedras calentadas en la hoguera y envueltas en telas, en los siguientes lugares: axilas, muñecas, nuca, zona lumbar, boca del estómago y muslos. Hay que mantener al paciente en posición los más horizontal posible, y si hay que moverlo se hará con sumo cuidado. En casos extremos puede hacerse necesario a resucitación cardiopulmonar (CPR).

Congelación

Se produce cuando el frío intenso provoca la formación de cristales de hielo bajo la piel. Las partes del cuerpo más expuestas son las manos, los pies y el rostro, especialmente los dedos, orejas y la nariz. Puede provocar importantes lesiones e incluso la pérdida de miembros y la muerte.

La forma de prevenir la congelación es ir provistos de unas buenas botas y calcetines térmicos, guantes y manoplas adecuadazos, y gorros, máscaras y bufandas que cubran la mayor parte del rostro. Hacer muecas y mover los dedos ayudará a activar la circulación sanguínea y a detectar la congelación en los primeros estadios.

Los síntomas más frecuentes son cambios súbitos de humor y energía, falta de concentración y lentitud en las respuestas

En su estado inicial, cuando se congelan las capas superficiales de la piel, la congelación se manifiesta con pinchazos y entumecimiento de la zona congelada, la piel está muy fría y adquiere un aspecto blanquecino como de cera o rosada en personas de raza negra.

Hay que actuar rápidamente para evitar que la situación se agrave. Se procederá a calentar al afectado aplicándole calor corporal, o de otra fuente. Si la congelación es en las manos se colocarán en los muslos o en las axilas, si es en los pies se los calentará un compañero colocándolos en su vientre. El rostro, orejas, nariz los calentaremos con nuestras manos (pero sin frotar), las de un compañero o por medio de otra fuente de calor. Cuando el tratamiento hace efecto la piel enrojece y duele. El riesgo de que una zona congelada vuelva a congelarse es alto, así que deberemos estar vigilantes.

Si la congelación avanza, la piel se endurece, se vuelve rígida, se inflama y pueden aparecer ampollas, más tarde se torna azulada o negruzca y finalmente el tejido muere, lo cual puede producir infecciones, gangrena y la muerte.

Lo más sensato es tratar por todos los medios de evacuar al afectado a un hospital cuanto antes. Mientras tanto le procuraremos calor y abrigo en un refugio, le daremos comida y bebida calientes, le quitaremos anillos, pulseras y cualquier prenda que pudiera constreñir la circulación sanguínea hacia la zona congelada. No debemos frotar ni manipular las partes congeladas, romper ampollas, aplicar hielo o nieve, ni fumar.

Si no es posible la hospitalización podemos intentar la descongelación sumergiendo las zonas afectadas en agua a 28ºC.

Ceguera por nieve

Se produce cuando la intensidad de los rayos solares, reflejados por el hielo y la nieve, especialmente cuando el sol está en los alto (también puede aparecer en tiempo nublado) lesiona los ojos.

Se manifiesta con sensibilidad a la luz (hay que entrecerrar los ojos para mirar) parpadeo, lagrimeo. Más adelante aparece inflamación, enrojecimiento, sensación de arenillas e incluso ceguera.

Es muy fácil prevenir la ceguera producida por la nieve utilizando unas gafas de sol adecuadas. Si no disponemos de ellas podemos improvisarlas con corteza de árboles (ver ilustración en Peligros ambientales I) o pintando de negro con ceniza o un corcho quemado alrededor de los ojos.

El tratamiento consiste en procurar oscuridad, vendando los ojos si es necesario. Si duelen los ojos se pueden aliviar aplicando paños mojados sobre ellos y sobre la frente.

Fuente:/www.vivelanaturaleza.com


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