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Matar por celos

07/05/2009 14:06 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Simulando una pesadilla. Breve narración sobre la violencia de género.

Cinco minutos de ternura desembocaron en la tragedia. Todo cuanto ocurrió posteriormente fue el fuego que se fue propagando a través de una mecha de posesión inaudita.

Tomó sus manos y las acarició delicadamente. Sus pupilas se estremecieron durante breves instantes: Aquella mujer respondía a los ademanes de su incipiente ternura. Proyectaba una hondura que revelaba una deliciosa vibración interna. Y quedó prendido de su embrujo durante los cinco minutos, que para él fue el tiempo de la eternidad.

_ Quiero estar colgado de tu mirada el resto de mi existencia _ Y las lágrimas le brotaron de un lugar recóndito de su cuerpo que él nunca hubiera sospechado que existiera.

Lo embargaba una pacífica serenidad y se sintió impulsado a expresar con un desgarro:

_ Soy tu esclavo _

Internamente sentía el deseo de vaciarse. Renunció a su nombre y a la búsqueda de su hombría. Nada le importaba ya; sólo vivir una entrega sin límites a aquella mujer que le hacía derretirse en ternura. Llevó sus labios a los de ella, fundiéndose en un encuentro de gratitud y sobrecogimiento. Y más tarde, cuando el tiempo estaba a punto de consumirse, le suplicó de rodillas:

_ Únete a mí, podemos casarnos. Cocinaré, lavaré tu pelo; te haré feliz mientras existas, porque conmigo tendrás todo cuanto quieras. El mundo entero envidiará nuestra fusión de plenitud.

Y ella aceptó, embrujada por aquella fuerza que brotaba desde el cofre-tesoro de una presumible verdad. Podía fiarse. Tocaba con sus manos un horizonte de amor sin fronteras. Sus corazones, fundidos en la aventura de un mutuo reclamo, sólo podrían desembocar en el glorioso esplendor de los que han conquistado el nirvana.

Fue el comienzo de la cuenta atrás. La ternura había desaparecido agotada en la intensidad de cinco minutos sublimes

En una mesa próxima a la de ellos, en la cafetería de encuentros fugaces, donde se producía el hechizo, un joven con aire donjuanesco, lanzó hacia la mujer una mirada atrevida e insinuante. Un escalofrío recorrió todo el cuerpo del incipiente amante. Se desprendió de las manos que entrelazaba. Diluyó sus caricias en un brusco mohín de malestar. Y exaltado se levantó con una fuerza impropia de la atmósfera flotante que les envolvía.

Se dirigió colérico hacia el joven de la mirada de asedio y le espetó desafiante:

_ ¡Tú qué miras!.

Fue el comienzo de la cuenta atrás. La ternura había desaparecido agotada en la intensidad de cinco minutos sublimes. Se inauguraba el tiempo de la posesión. La mujer, propiedad de sus pretensiones de varón, permanecería aprisionada por las cadenas invisibles de sus atenazantes sospechas.

Y en el descenso a los infiernos de las refriegas domésticas, yacía ella, en el poblado escenario de los electrodomésticos, tendida sobre las losas frías de la cocina (donde ni él siquiera aderezó el primer plato), con tres orificios de bala que le habían segado la vida.

Ha llegado la negra brisa haciendo un pespunte a los jirones del cielo. En su seno, la noche, aprisiona a los ángeles de alas rotas que yacen caídos en la ribera del Tormes. Crecen las yedras del cementerio enredando a las almas heridas que quieren huir de los cuerpos. Y yo, despierto en medio de las tinieblas, empapado en sudor y bajo el influjo de la pesadilla, sucumbo en los brazos del tedio

Lo embargaba una pacífica serenidad

 


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Empecinado (11 noticias)
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