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Max Planck: el santo Job del siglo XX

13/09/2010 23:41 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

"Respondió el Satán a Jahveh: ¡Piel por piel! ¡Todo lo que el hombre posee lo da por su vida! Pero extiende tu mano y toca sus huesos y su carne; ¡verás si no te maldice a la cara!

Y Yahveh dijo al Satán: Ahí le tienes en tus manos; pero respeta su vida". Job 2, 4-6

Sin duda, cuando hablamos de realidades morales, buscamos o tendemos a buscar un fundamento físico, pues de lo contrario quedaría la afirmación moral un tanto etérea y fuera de contexto.

Todos los regímenes políticos y sociales han buscado y encontrado un soporte físico sin el cual se vendrían abajo; y nos extraña muchísimo que se mantengan, aún, regímenes con un soporte físico distinto del que vivimos en la realidad.

Todavía recordamos las llamadas "discusiones bizantinas", las cuales para nosotros no significan nada, o las identificamos con discusiones absurdas y sin sentido; sin embargo, tenían su "fundamento físico". Partían de la creencia según la cual este "mundo" es copia y reflejo de ese "otro" mundo que está arriba en el cielo.

Si en ese mundo onírico, que es el "real", está Dios sobre todas las cosas, en este mundo telúrico ha de estar "el Emperador" sobre todas las cosas y personas, pues este mundo es reflejo y copia del mundo del cielo.

Durante mucho tiempo, y por los cambios ocurridos en torno al concepto de naturaleza allá por el siglo XII, el mundo dejó de ser "copia" de otro mundo y llegó a estar regido "por leyes"; con el tiempo se llegaría a la "ley de la gravedad", la cual sirvió de base para la "configuración de la realidad social": al igual que existe una ley que regula el universo físico, ha de haber una ley que regule el universo moral y político.

En esta segunda interpretación no se contemplan los "milagros", propios de la primera interpretación donde Dios lo mueve todo, en torno a sus deseos. Las leyes son propias de la segunda interpretación: de ahí que los que, aún, se mueven en la segunda interpretación cuando "oyen" hablar de milagros, creen que aún perduran los de la primera interpretación, sin entender que el "milagro", hoy en día, es un "género literario".

Los que se basan en la interpretación de las "leyes" físicas, crearon una estructura social en la cual debería haber una "figura" en torno a la cual "gravitara todo"; y al igual que en la primera interpretación se creó la figura del Emperador, ahora se creó la figura del "Estado"

Si la gravitación lo "explicaba todo" a nivel físico, el Estado lo explica todo a nivel social: de nuevo la realidad social y moral es "copia" de la realidad física. Y se hicieron leyes morales: si en la primera interpretación alguien se mofaba de Emperador, era como hacerlo de Dios; si alguien se "mofa" del Estado es como mofarse de la "ley de la gravedad".

La realidad política que se creó, y en concreto los partidos políticos, pretendían (y pretenden) acceder al Estado, pues es lo importante; y si alguien se sube a una altura determinada y puede caerse atraído por la "ley de la gravedad" y ante lo cual hay que tomar medidas para que eso no ocurra, igualmente si alguien "desafía" al Estado hay que tomar medidas para que eso no ocurra.

Ni en el mundo físico ni en el mundo moral, el cual es copia, se contempla ni la conciencia ni la libertad individual. No somos libres para elegir no caernos: no somos libres frente al Estado. Que este Estado esté gobernado por un partido u otro, es lo de menos: lo importante es que imponga su voluntad, al igual que la gravitación impone la suya.

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"No tenemos el derecho de asumir que las leyes físicas existen o si han existido hasta ahora, que seguirán existiendo en el futuro de forma similar".

"Creo que la conciencia es fundamental. Creo que todo asunto deriva de la conciencia. Todo lo que hablamos, todo lo que consideramos como existente, es dictado por la conciencia". Max Planck.

Ya hablaremos de cómo ocurrió en el siglo XII, pero en el siglo XIX estaba todo "atado y bien atado" y, así, cuando Max Planck intentó estudiar la realidad más allá del átomo, sus profesores le decían que no lo hiciera, pues la "física" (realidad en la que se sustenta toda la realidad) es una ciencia "cerrada". La "otra" parte de la realidad, es decir, la copia de ese mundo físico que es la política, también había creado su "realidad cerrada" cuyo símbolo era (en Alemania) Bismarck: el resto de Europa también creó, o había creado, sus "estados gravitacionales".

Max Planck lo tenía difícil tanto desde un punto de vista físico como político; y es en el político y el moral donde le vino su gran tragedia. Es verdad que su rebeldía contra sus profesores le llevó a un pronto reconocimiento, pues Einstein enseguida recogió el testigo, pero el "mundo telúrico creado por la anterior física" era intransigente y actuaba como un auténtico Moloch.

En la primera guerra mundial perdió a uno de sus hijos; pero no quedó ahí la cosa: el "nuevo mesías de ese nuevo Estado-Moloch" acusó al otro de sus hijos de participar en el atentado de la "cueva del Lobo"; y aunque Hitler tenía gran respeto a Max Planck no perdonó la vida del hijo de éste.

Pero el "nuevo mundo" estaba ahí: la nueva realidad física se había plasmado y hecho realidad. Ahora es cuestión de ir "desmontando" ese Estado, que es copia de otra realidad física, y crear una realidad moral y política acorde con la nueva realidad iniciada por Max Planck.

Si la realidad física se compone de miles de partículas todas independientes y moviéndose, sin chocar, en una gran armonía, también es posible crear una realidad política y social donde las personas, y su conciencia, pueden moverse libremente y ellas mismas, en su libertad, conseguir la armonía social sin que nadie les indique a dónde tienen que dirigirse, y sin que nadie les diga lo que está bien o mal, pues ningún peligro acecha.

La realidad física está ahí, y de cuyos avances nos estamos aprovechando; pero la realidad social y política aún se mueve, en España, en los parámetros de la vieja física gravitatoria. Parece que no nos queremos mover de ahí, aunque veamos los avances sociales en otros países.

La tragedia de Max Planck es la misma tragedia de aquellos que queremos una realidad social donde prime la libertad individua; se puede conseguir una realidad social en armonía pues la misma libertad individual tiende hacia la armonía.

El reconocimiento de Max Planck le vino después de su muerte, y hoy día el instituto científico más prestigioso del mundo nos confirma que la realidad física puede dar sustento a la realidad social, superando realidades anteriores.

Antonio Fidalgo

Secretario de Cultura del CDS

Criterio Liberal. Diario de opinión Libre.

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