Mensaje Al Papa (3)
Sigamos... La Iglesia se empecina en continuar las conductas que tan buenos resultados les han proporcionado durante cientos de años. ¿Por qué siguen escudándose tras fórmulas ya superadas? ¿Por qué reinciden en mantener el secreto cuando lo honesto sería montar una investigación que no atañe solo a las altas jerarquías eclesiásticas sino a toda la catolicidad dispersa por el mundo? ¡Dejen que los ojos de las gentes vean y juzguen por sí mismos independientemente del fallo oficial! Ustedes aseguran que Jesucristo pregonó: "el que tenga oídos para oír, que oiga". La Iglesia no nos concede tal privilegio.
Y es que, en efecto, la época actual no se parece en nada a las pretéritas. "That is the question", que diría Shakespeare. Yo comprendo algunas de las referencias, solo algunas porque la mayoría son quehaceres de cerebros mediatizados y supeditados. La Iglesia está tan politizada, materializada y definitivamente enferma que se mantiene gracias al exclusivo interés de unos cuantos países y quizás por su fabulosa organización y reglas; son insuperables en la disciplina de un marketing que deberían licenciar. La Iglesia comercia con un espiritualismo materialista, recurre a caridades y engorda sus arcas. En suma, la religión católica y consecuentemente la Iglesia que usted regenta es el negocio del miedo.
Porque no se trata de que la Iglesia caiga en la tolerancia sino que sea ecuánime. Es evidente que el hombre de hoy, igual que el primer hombre, necesita de la religión porque necesita pensar que hay algo o alguien que le protegerá de la nada. La diferencia está en que en la antigüedad se adoraba al sol y a las fieras.
En la actualidad la Iglesia Católica corre el peligro más grave de su historia. Repito, aquél hombre que dotado del carisma esencial se conduzca por sus ideales y emplee su vida en la conquista de un fin espiritual será idolatrado como un nuevo dios aunque predique tonterías; en definitiva, el infundio se sostiene por sí mismo. Las masas, insisto, se aferran desesperadamente a cualquier cosa que se les ofrezca con tal de que observen un mínimo de honestidad. Pero los líderes oportunistas crecen y las religiones se ramifican en la búsqueda de nuevos campos de producción obviando que quedó atrás el tiempo de los diablos y los enigmas, que hoy se impone el razonamiento y la gente exige términos llanos, inteligibles. Las crisis existenciales se multiplican de manera dramática porque el hombre común quiere que le den esperanza, no mortificaciones y suplicios. La Iglesia debería salir al paso de una vez por todas y destruir para siempre las elucubraciones de los profetas que hablan con la boca llena, todavía le resta la suficiente autoridad moral, aún puede retroceder y rectificar.
¿Soluciones? Las que se comentan en las tertulias de taberna, las que probaría el más ramplón de los sujetos: que se abandone el lujo y el boato; que las aportaciones de los fieles se distribuyan entre los necesitados; que el sacerdocio promueva una religión de independencia cimentada en las Santas Escrituras y entendida de manera actual; que los obispos se distingan de los sacerdotes y los cardenales de los obispos por sus méritos, no por sus ropajes. Porque, Señor, una gran parte de los miembros de la Iglesia que usted gobierna se mueven en un ámbito donde campa a sus anchas la hipocresía y podría darle ejemplos de tal afirmación... Se trata de mantener las apariencias pero una simple mirada detrás de la fachada nos muestra que las formas dominan el fondo y sólo la obligada contención previene de los excesos a los que muchos de sus ministros se entregan de manera subrepticia. Es urgente que haya una renovación para que la Iglesia recupere el papel que le corresponde como guía de la Humanidad, para que los sacerdotes sean dirigentes creíbles, respetados y escuchados con emoción.
Pero no perdamos la objetividad: yo considero que las religiones, y las iglesias como guías, sólo son concebibles en el mundo actual como un conjunto de preceptos canalizados a restringir la naturaleza y los instintos animales del hombre; desde tal enfoque admito como concluyente la validez de las reglas impuestas, nos facilitan la convivencia y actúan como freno a los desmanes y comportamientos peligrosos de los desequilibrados. Sin embargo, el mayor impedimento para proseguir con la labor predicadora es que las religiones en general caducan cuando sus paladines o sus seguidores se abandonan a los placeres terrenales y se extiende la desconfianza entre sus fieles. Es una constante y de ahí la situación actual.
¿Quién podría creer hoy en la historia de Moisés y sus Tablas de la Ley si no es alegóricamente? Puntualicemos: toda la religión está basada en la Biblia y principalmente en el Pentateuco, corríjame si me equivoco. El Pentateuco o la Torá son los cinco primeros libros de la Biblia en el Antiguo Testamento... ¿voy bien? Y la Torá en hebreo se traduce por "La Ley"... es decir, el Pentateuco es un conjunto de leyes, o mandamientos, que un hipotético Dios le entregó a Moisés para dirigir al pueblo de Israel, los elegidos. Esos preceptos, supuestamente, contendrían premisas éticas, morales, civiles y religiosas consagradas a encauzar y someter las tendencias disolutas y degradantes de unos hombres en los albores de la civilización que se movían a golpe de estímulos salvajes... Pero es que han transcurrido tres mil años y tanto el entorno como las coyunturas han variado sustancialmente y la Humanidad ha mejorado en su conjunto aunque desgraciadamente subsistan en varios continentes y multitud de países muchas de las penurias de los tiempos primitivos... No nos perdamos en digresiones aleatorias: el cristianismo es una doctrina nacida sobre bases paganas y discurrida por el sublime Paulo de Tarso, hoy San Pablo. Y las referencias para tal afirmación son indubitables: la imaginería o culto a las imágenes es un ejemplo, si no el mejor, que nos han legado. Se les atribuye milagros, se les pide, se las adora... ¿dónde queda la autoridad de Moisés tras el suceso del vellocino de oro? Pues eso es lo que encontramos hoy en cualquier iglesia, súplicas desesperadas ante cuadros y estatuas, en contra del mandamiento principal: no adorarás efigies o representaciones. Palabra de Dios.
Ciencia y Religión deben ir de la mano para explicar de manera convincente la anarquía. Por lo que veo a diario en mi trabajo intuyo que estamos en los albores de una revolución tecnológica que nos facilitará la vida en su conjunto pero, conociendo mínimamente la naturaleza humana, las desigualdades seguirán presentes e incluso se acentuarán porque el tercer mundo seguirá sirviendo de sustento a los excesos que se han convertido en hábitos de consumo implantados en base a una filosofía de crecimiento desquiciada que nos llevará a un cataclismo social. Las revoluciones de los desamparados serán cada vez más frecuentes y violentas y, si no se toman medidas urgentes, el final será verdaderamente aterrador.
Pero retomemos el tema, estaba pretendiendo establecer una analogía para decir que no es posible equiparar los escenarios y que es absurdo emplear hoy unas premisas superadas porque las condiciones no son las mismas. Hoy debemos examinar los antiguos escritos bajo una posición de superior razonamiento y reclamar evidencias que respalden cualquier creencia. Ya no valen sólo las palabras, vengan de quien vengan... Aun así, continuaré brevemente por el camino en el que transitábamos porque Moisés es el patriarca de los patriarcas y me interesa profundizar en un punto concreto que refuerza mis argumentos y al que creo no se le presta la atención debida. ¿Qué respondió Dios a los requerimientos del gobernador del reino israelita? Cuando le preguntó quién era le manifestó: "Yo soy el que Soy, el que Fui y el que Seré". No admite interpretación, Señor. Resumido: Yo soy Eterno, yo Soy la Eternidad. ¡Genial frase! Pero, en fin, ¿quién puede comprender la Eternidad? No existe y no existirá jamás ninguna escala humana que pudiera aplicarse a medir la noción de eternidad, sólo la podemos concebir como idea. Yo creo en ese Dios que supera nuestro entendimiento, un Poder Creador, ese Dios Eterno que ustedes se empecinan en constreñir.
Ustedes basan todo en la fe, que no es sino una sublimación de la esperanza, pero tendrán que ir concediendo con el tiempo que, cada día más, solicitamos verificaciones. La pedagogía que manejan es muy pueril y está dirigida a gentes coartadas por el pánico que se niegan a pensar porque el "pecado" que esto conlleva ha sido grabado a fuego no sólo en sus mentes, también en sus sentimientos y servidumbres. En último término, Señor, pienso que la fe es una forma de alienación y que las dudas me hacen avanzar.
Centremos el hilo del debate: estoy de acuerdo con la finalidad pero discrepo de los decorados. Y conste que reconozco y valoro la labor social que realizan, aunque desde una posición muy crítica porque creo que los objetivos se anteponen al altruismo: es mucho lo que se pierde en el trayecto.
Podríamos discutir miles de horas, recurrir a Darwin y cuestionar sus logros científicos pero no por eso dejarían de ser ciertos. La evolución de las especies es incuestionable y nos marca una línea a seguir, pero entramos en un huerto distinto donde las salidas al rompecabezas se confunden con nuevos caminos. Si, como sostiene el sabio, a partir de una sola célula se creó la vida... ¿tenía alma esa célula primigenia? Y, a punto final, ¿quién o qué creó tal alma? Ese eslabón perdido en la cadena es el que yo considero fundamental, la solución que nos aportaría las respuestas que buscamos; pero hasta que llegue ese momento a mí no me vale un razonamiento a medias.
Deberíamos ir un poco más allá, Santidad. Vayamos al principio de todo, a la creación del Universo... Pero quiero hacer un inciso previo: el desbarajuste en mi cabeza me obliga a ser desordenado; esta charla es como una tormenta de ideas y me resulta imposible ir en una sola dirección. Así, seguramente continuaré mezclando ideas y opiniones y recurriré ocasionalmente a la Metafísica, asumiendo de antemano que los componentes de la realidad, naturaleza, estructura y principios fundamentales, siempre serán interpretables según quién sea el interpretador y yo no trato de erigirme en delegado de los grandes sabios; yo sólo me limito a escudriñar y colegir remedios que calmen mis pretensiones de progreso vital...
Hoy, Santidad, sabemos que la teoría del Big-Bang es demostrable y que el Universo es finito, o mensurable y sus leyes son constantes. Partiendo de estas dos premisas complementarias se nos abre un mundo de interrogantes. Por ejemplo: si, por enunciación, de la nada no puede surgir nada... ¿dónde ubicar la concentración de energía primaria que es el principio del Todo que conocemos? No en la nada, la nada es la ausencia de todo... o cambiamos la palabra o cambiamos su significado. Siguiendo con el razonamiento, es fácil deducir que ese pequeño punto de incomprensible densidad energética del que provenimos tendría que estar dentro de "algo". ¿Otro Universo, quizá otra dimensión? Llamémosle así. ¿Y ese otro Universo? En el orden del Universo no puede existir lo casual porque eso implicaría el caos y, en consecuencia, podríamos seguir indefinidamente preguntándonos y siempre llegaríamos al mismo punto. En síntesis, los infinitos universos paralelos es la única explicación que puede admitir una mente restringida como la nuestra porque la siguiente parada nos conduciría a una confusión de imposible esclarecimiento.
Si continuamos conjeturando, lo primero que cabe cuestionarse es si en esa supuesta sucesión de universos las leyes físicas serán las mismas que en el nuestro y, aparentemente, la respuesta es simple: si los sucesivos universos se rigieran por las mismas leyes todos estarían fusionados. Y entonces, ¿cómo atreverse siquiera a suponer sobre especulaciones basadas en el más completo desconocimiento? ¿Hay un Dios para cada Universo? Y teniendo en cuenta que en la inmensidad cosmológica donde estamos instalados es risible pensar que somos las únicas criaturas inteligentes, ¿existe un Dios diferente para los pobladores de los distintos planetas similares al nuestro en cada galaxia? Estamos consintiendo que la Vida es igual y adopta las mismas formas en cualquier lugar y eso, sinceramente, me parece una gran tontería. No quisiera entrar en enredos: yo creo que es aquí donde el concepto de Dios, reafirmo la palabra concepto, se trasluce en toda su grandeza... Dios debe ser el Todo, este Universo y cuantos otros puedan existir, el compendio de la Energía en su totalidad, la suma interminable de potencias que fluyen en todas direcciones y convergen en un corazón, Dios, que se encargaría de distribuir los impulsos.
[Continúa]
Reflexiones: http://twitter.com/zant19
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Sobre esta noticia
Autor: Librehoy (22 noticias)
Fuente: acido-nitrico.com
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Tipo: Opinión
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