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Michael Phelps:la historia controvertida del hombre que siempre gana

11/08/2016 11:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La vida del que es considerado el mejor nadador de la historia, Michael Phelps, se puede dividir en dos capítulos, uno de gloria, triunfos, victorias, de oros olímpicos.Otro de baches y caidas, que Diasporaweb no silencia

Michael Phelps nació el 30 de junio de 1985 en Baltimore, Maryland, en el seno de una familia de clase media muy deportista. Después de practicar desde muy pequeño algunos deportes típicos de Estados Unidos (béisbol y fútbol americano), comenzó a nadar  espoleado por sus hermanas, Hilary y Whitney; esta última fue campeona de Estados Unidos de los 200 metros mariposa en 1994, pero una lesión de espalda la obligó a una retirada prematura. Aunque el pequeño Michael le tenía miedo al agua, en su biografía explica que se refugió en las piscinas para no oír las discusiones entre sus padres, que poco después se divorciarían.Llamado como su padre, el pequeño comenzó a visitar las piscinas desde los 7 años, edad en la que comenzó su trasegar por el mundo, ganando medallas, retando a sus rivales y rompiendo marcas.

La vida del que es considerado el mejor nadador de la historia, Michael Phelps, se puede dividir en varios capítulos, unos de gloria, triunfos, victorias, de oros olímpicos, récords mundiales, hazañas por las que ha sido reconocido como un héroe, que le han permitido tener un peldaño al lado de íconos como Pelé, Mohamed Alí, Michael Schumacher, Eddy Merckx y Michael Jordan; pero también ha protagonizado escándalos, asociados con drogas y alcohol, actos por los que hoy es señalado y visto como un villano..

La infancia del nadador no fue  sencilla. Era el niño de los pies grandes al que daba miedo el agua pero que recurrió a ella como una manera de escapar. Sus padres se separaron cuando él tenía solo nueve años y aquello fue un shock para él. La relación con su progenitor ha tenido altos y bajos, momentos de cordialidad y otros dramáticos. Él empezó a nadar y, con su fisionomía y esfuerzo, poco a poco fue logrando hitos que hoy parecen insuperables.

La historia del hombre que siempre gana, el más exitoso deportista olímpico que nunca se vio, podría resumirse en marcas de impresión, en un reguero de medallas y la huella más profunda que nunca nadie dejó en la natación. Pero eso queda para Disney, porque detrás de las marcas, corriendo en paralelo, no todo fueron ganas de competir o de ser mejor. La vida a Michael Phelps le hizo un tremendo deportista, pero él mismo, con el tiempo, tuvo que aprender a ser persona. No siempre es sencillo estar en la cumbre, allí donde nadie ha llegado, y saber cómo reaccionar, como comportarse.

El nombre del ‘Tiburón de Baltimore’, como se lo conoce, ha figurado en la lista de los deportistas más importantes y ganadores de la historia del deporte. En sus cuatro olimpiadas pasadas (no incluimos Río 2016, sin terminar), -Sídney 2000, Atenas 2004, Pekín 2008 y Londres 2012- ha hecho cosas que a veces hacen dudar de que es un ser humano, pero sus errores y escándalos confirman que lo es.De ahí en adelante nadie pensaba que batir ese número de metales dorados en una sola olimpiada sería posible, pero tuvo que nacer un hombre que lo hiciera, un superdotado, uno de esos atletas que no se dan todos los días.Michael Phelps se convirtió en el mejor exponente de la natación del planeta tras las Olimpiadas de Pekín 2008, cuando consiguió ocho medallas de oro, superando por un metal lo que había hecho Spitz 36 años atrás. Pero ahí no paró todo.

Cuatro años después de Pekin, en la piscina de las justas de Londres 2012, ganó seis medallas, cuatro de oro y dos de plata, botín con el que llegó en su historial olímpico a 22 metales, con las ocho que obtuvo en Atenas 2004, para superar a la gimnasta ucraniana Larisa Latynina, que alcanzó 18 y hasta ese año había sido la más laureada en los Juegos. Después de Pekín, el nombre del nadador norteamericano ocupó la primera plana en los diarios del mundo, pues fue acusado de haber tenido sexo con una stripper en su casa, algo que hoy  es solo una anécdota, pues nadie pudo confirmar nada.

Phelps estudió Deportes, Publicidad y Administración en la Universidad de Michigan, y después de los Olímpicos de Pekín volvió a residir en Maryland, pues adquirió una casa en Fells Point. Se estima que ha obtenido ganancias que superan los 5 millones de dólares al año, incluida la promoción de productos.

Pero, así como su rico historial deportivo se hizo extenso, bien ponderado, envidiado y difícil de igualar y superar, su prontuario policial  le  quitó la fama de ‘deportista íntegro e intachable’Algunas personas decían que Phelps ha borrado con el codo lo que ha hecho con sus brazadas y patadas en la piscina

Había estado con 15 años en los Juegos de Sidney, pero aquel niño aún no era el superatleta. Para eso tenía que pasar algo más de tiempo, que los músculos fuesen madurando hasta aportar la suficiente energía para la carga de trabajo a la que se someten los mejores. En el siguiente ciclo olímpico, sin embargo, ya empezó a ser la comidilla del mundo de la natación. Sus cuatro oros y dos platas en los mundiales de Barcelona, en 2003, le señalaron como el mejor nadador del mundo.

Su compatriota Mark Spitz se había convertido en la gran leyenda de la natación mundial cuando, en los Juegos Olímpicos de Múnich (Alemania), se colgó siete medallas de oro, algo que partió la historia del deporte de las piletas en dos. Él, como si quisiese ponerse las cosas aún más difíciles, anunció que en Atenas nadaría ocho pruebas. Eso le ponía en la vía de conseguir lo que nadie antes había conseguido, ocho oros, pues el récord en ese momento estaba en los siete de Mark Spitz en Múnich 74. No lo consiguió.

Fueron solo seis oros y dos bronces, aunque quizá el adverbio 'solo' sea un castigo excesivo para esa frase. Ganar seis oros olímpicos estaba, sigue estando hoy en día, muy lejos del alcance de los seres humanos normales. De hecho, cuando él lo consiguió era un terreno que solo Spitz había superado y en el que se podía sumar a Vitaly Scherbo (seis oros en gimnasia en Barcelona) y a la alemana oriental Kristin Otto, que logró otros tantos en natación en Seúl. Un grupo selecto, muy exclusivo. Un éxito colosal. Pero por debajo del objetivo, un poquito por debajo.

En el siguiente ciclo, el que le llevaba hasta Pekín, volvió a epatar con su nado. Era el mejor y mantenía el mismo reto que cuatro años: superar a Spitz. Esa vez lo logró. En las piscinas chinas Phelps, que iba por el camino acumulando récords del mundo, no dejó a sus rivales ni un resquicio de gloria. Se la quedó toda para él, los ocho oros, mandar a una posición buena, pero no única, a Spitz, la confirmación definitiva de que él y nadie más que él era el mejor nadador de todos los tiempos. Y el mejor olímpico. Y, quizá, el mejor deportista. El chico de Baltimore lo era todo.

El camino hacia Londres, bajo la mirada  de su "padre" algo más qe deportivo Bow Bowman

Siguió entrenando, pensando en Londres, pero los retos ya no eran los mismos. Él ya era el más grande, Londres iba a ser excitación, diversión y éxito, porque el éxito siempre está ahí. Pero ya no era lo mismo y Bob Bowman, el entrenador que le siguió desde los once años, el que moldeó al mito, lo pasó muy mal para embridar al aún joven nadador. Tuvo una ruptura amorosa, la relación con su padre iba de mal en peor, cogía el móvil cada noche buscando amigos para salir. De esta época datan aquellas fotografías que le mostraron fumando de una pipa de agua que le supusieron una sanción y le sacaron de unos mundiales. También su primera detención por conducir bajo los efectos del alcohol

En noviembre del 2004, a la edad de 19 años, fue arrestado por conducir bajo la influencia del alcohol en Salisbury (Maryland). Se declaró culpable, fue puesto en libertad condicional durante 18 meses y tuvo que pagar una multa de 250 dólares y dar charlas a jóvenes de colegios de secundaria, sobre la conducción y la bebida. Luego del incidente, el periodista Matt Lauer lo entrevistó en el programa Today Show. Michael dijo que había sido un incidente aislado, y que había supuesto una gran decepción para él, su familia y muchos de sus compatriotas.

El mérito de Michael Helps es que al final aprendió a ser persona y campeón a la vez

Se hizo tomar la famosa foto en la pileta de la Universidad de Carolina del Sur con un bong (pipa de agua), utilizado para fumar marihuana. La foto, le dio la vuelta al mundo.Tremendo fue el escándalo que se armó, pues no era posible que el mejor nadador de la historia, el imbatible en las piletas, consumiera drogas sociales, dando mal ejemplo a una juventud que lo idolatraba. La investigación del departamento del sheriff del Condado de Richland dijo que el deportista no sería procesado, debido a que no había suficientes pruebas

 Sin embargo, eso no bastó. Si en los estrados judiciales Phelps se salvó de alguna sanción, el mal ejemplo de la gran figura no debería pasar desapercibido, por lo menos para la Federación Internacional de este deporte, que lo suspendió con tres meses sin competir.Además, su bolsillo también se vio afectado por esa foto, pues patrocinadores como Kellogg’s no le renovaron la beca.“Tengo 23 años y, a pesar de mis éxitos en la piscina, actué de manera juvenil e inapropiada, no como la gente espera que actúe. Por ello me disculpo. Prometo a mis fans y al público que esto no volverá a suceder”, dijo, tras conocer los efectos de la foto.

Empezó a saltarse días de entrenamiento. Por más que Bowman intentaba embridarle el de Baltimore había perdido la regularidad. De nada sirvió llamar a los amigos para que fueran los viernes a verle a la piscina, él aparecía solo a veces. Y en una de esas todo estalló. Bowman y Phelps se gritaron y el nadador no apareció en diez días por la piscina. Solo una entrevista concertada le hizo retornar al agua, no quería que se supiera. La única solución que encontró para disciplinarle fue marcharse seis semanas a Colorado Springs, donde la federación norteamericana de natación tiene un complejo para entrenar en altura. Estuvieron allí seis semanas y Bowman tuvo que leer que aquello fue un plan genial. Se rió, porque él bien sabía que no había sido estrategia sino desesperación

Y, a pesar de todo eso, ganó cuatro oros y dos platas en Londres. Dice Janet Evans, la mítica nadadora, que Phelps es bueno cuando no se entrena y genial cuando lo hace. Los resultados no pueden darle más la razón. Y eso que empezó en el 400 estilos quedando cuarto, razón suficiente para que la prensa especializada le considerase ya amortizado, casi cosa del pasado. Las palabras tuvieron que reformarse en los días siguientes, no se había ido. Hay en ese Phelps un rasgo que le ha acompañado en toda su carrera, quizá el gesto que le separa del resto de los humanos: es un fiero competidor. Ryan Lochte, que durante años fue su principal rival en el agua, señala que "cuando compites con él sabes que no puedes dejarte ni un mínimo de energía por utilizar, pues él la va a usar toda".

Londres era el final. Michael Phelps, el deportista olímpico más laureado, le decía al mundo, 22 medallas -18 de ellas de oro- después que su carrera había terminado, que nunca más sería nadador. Siguió su vida errática, la de salir de lunes a domingo, engordó lo lógico para alguien que ya no hace kilómetros y kilómetros cada día en la piscina. En 2013, durante unas vacaciones, Phelps recuperó las ganas. Llamó a Bowman para decirle que competiría en Río. "De ninguna de las maneras", respondió el entrenador. Su experiencia anterior, el camino hasta Londres, había sido demasiado. Poco a poco fue convenciéndole y volvieron, pero el nadador no mostró el compromiso necesario. Entrenaba, sí, pero solo a medias. Bowman estaba preocupado porque las noticias de la vida privada de Phelps, siempre un hijo para él.

Y así fue hasta el lunes 29 de septiembre de 2014. Aquella noche Phelps salía del casino y fue detenido por una patrulla de la policía al verle dando bandazos con el coche. El control de alcoholemia le puso casi al doble de lo permitido en el estado de Maryland. Phelps tenía un problema, uno importante. La prensa se arremolinó alrededor de su casa, la familia y los amigos más cercanos se acercaron para arroparle. No estaba Bowman, tampoco su padre.

Debido a su última detención, la Federación Internacional de Natación volvió a pronunciarse y tomó la determinación de suspenderlo durante seis meses de toda competencia. Phelps, que se había retirado tras los Olímpicos de Londres 2012, regresó a las piscinas con el objetivo de prepararse para representar a su país en los Juegos Olímpicos de Río 2016, y tampoco representó a Estados Unidos en los Campeonatos Mundiales de Rusia, en agosto del 2015. La sanción se hizo efectiva porque el deportista violó el Código de Conducta de la entidad.Unos pocos de sus íntimos poco a poco le fueron convenciendo de que no valía con pensar en cambiar, algo que ya había prometido varias veces. Había que conseguirlo. Le convencieron, no sin reticencias, de internarse en un centro de rehabilitación

Phelps, que empezó perdido, se lo terminó tomando como un reto. Eso en otros no es decir mucho, pero un competidor así afronta el desafío de otra manera, como un depredador. A mitad de su tiempo allí le dijeron que invitase a algunos familiares y amigos para su rehabilitación. Él decidió sumar a su expedición -junto a su madre, sus dos hermanas y su prometida- a su padre, con quien no se hablaba en aquel momento. El tiempo en la clínica le valió para la introspección, para conocerse, para entender al ser humano que está más allá del deportista. Así se lo explicó a su padre.

Y cuando salió empezó a nadar de nuevo. Ahora sí era Phelps, con fuerza, con determinación. El mejor nadador de todos los tiempos es, además, un loco de la estadística y el análisis. Se hace pruebas de lactato todos los días, lleva al milímetro sus constantes, es un apasionado del cronómetro. Todo eso volvió a funcionar a pleno ritmo. No pudo ir a los campeonatos del mundo de Kazán por estar suspendido. Allí Chad Le Clos, uno de sus grandes rivales, nadó los 100 metros mariposa en 50.56 y dijo poco después que era un buen momento para que Phelps se quedase callado, pues no había hecho ese tiempo en cuatro años. Una semana después, en los nacionales, el americano hizo 50.45, su mejor marca en cuatro años.

Phelps estuvo, otra vez, en el ojo del huracán, señalado por su conducta antideportiva, la misma que le  causó inconvenientes con la Policía, de los que ha salido, tal vez, por ser el deportista ganador que es, pero no se ha escapado de sus malos momentos, como para que el público le diga que no es un buen ejemplo, pues sus constantes escándalos a lo que han llevado es a que sus seguidores se olviden de lo grande que ha sido en la piscina de 50 metros. Estará seis meses sin competir. Si le va bien, volverá a las piletas  en la Olimpiada de Río 2016, donde esperaba despedirse con honores, presencia que  está asegurada, aunque a sus 29 años le será más difícil llegar al punto máximo de preparación para luchar por las marcas mínimas, y todo porque su vida privada no es tan seria como la deportiva

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De hecho Phelps, a principios de este año nadó a unos ritmos que llevaba mucho tiempo sin lograr. Se puso en marcha con mucha fuerza y recordó al mejor de siempre, acercándose incluso a los tiempos que registraba siendo mucho más joven y con bañador de poliuretano, ahora prohibido.

El último capítulo está aún por contar, auque medio contado. Michael Phelps nadará tres pruebas individuales y algunas más de relevos, dependiendo de las necesidades del team. Puede ser la guinda final a una carrera que, en la superficie, es solo un relato de éxito. Detrás de las medallas, sin embargo, la vida tiene baches. Y hoy Phelps los puede relatar.La leyenda de Michael Phelps no tiene fin y el martes pasado logró conquistar su vigésimo primera medalla de Oro en Juegos Olímpicos 20 tras mostrar su poderío en la prueba de los 200 metros estilo mariposa al cronometrar 1:53.36, cuatro centísimas menos que el japonés Masato Sakai, quien se quedó con la plata. El Bronce se lo quedó el húngaro Tamas Kenderesi.

Y una hora más tarde, volvió a la alberca para competir con el equipo nortteamericano en los 4×200 metros estilo libre, prueba en la que él y sus compañeros superaron al resto de los nadadores, sacándoles casi tres segundos de diferencia al cronometrar 7:00.66 minutos. La Gran Bretaña se quedó con la Plata, mientras que Japón se llevó el Bronce.Tras este martes el atleta norteamericano de 31 años llegó a 25 preseas a lo largo de cinco justas


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