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Mirada de un periodista sobre la corrupción en los ayuntamientos

29/07/2009 12:29 4 Comentarios Lectura: ( palabras)

Una premisa del periodismo es no escribir de aquello que no se comprenda. Sin embargo, las informaciones se suceden e incluso el periodista, sin saberlo, está en medio de la propia trama de corrupción

“Cuando la verdad está reemplazada

por el silencio,

el silencio es una mentira”

Eugeni Eutouchenco. Poeta ruso

<a href="http://www.flickr.com/photos/77332521@N00/1463912015/" mce_href="http://www.flickr.com/photos/77332521@N00/1463912015/" target="_blank">cchez</a> via Flickr

El caso Gurtel, Marbella, Andraix y todos los casos que aparecen cada día en los medios de información son la punta del iceberg de lo que todos intuimos, sabemos pero no denunciamos o no podemos demostrar.

Los españoles parecen haber caído en el descrédito de sus instituciones judiciales, legislativas, económicas. En las conversaciones entre los ciudadanos parece existir una creciente desconfianza en bancos, jueces, abogados, políticos, Unión Europea, en todo aquello que relacionadocon el estado o las empresas. La crisis ética que vivimos lo potencia. Los hechos delictivos o presuntamente ilegales llevados a cabo por nuestros representantes democráticos y empresarios lo refuerzan. Y no pasa nada. Se siguen produciendo corruptelas de todo calibre como si los ejemplos de cuarenta años de dictatura y todas las noticias de los medios de comunicación no sirviesen para nada. Hay miedo al poder. Siempre lo ha habido en España tintado de mobbing, de censuras o de despidos y en otras épocas de cárceles y fusilamientos. Además no parece que las instituciones o los partidos hagan nada por solucionar la corrupción. Están perdidas en intereses por financiarse internas, o en sus luchas de poder intrínsecas a cualqueir grupo humano más que en el trabajo por los ciudadanos que les votaron.

La corrupción es una pandemia. Sobrepasa al individuo, desborda a las instituciones, corroe a la sociedad y todos somos culpables de su existencia.

La corrupción no es un proceso, sino un estado en el que nuestra sociedad se haya asentada.

No se puede abordar el problema de las corruptelas en los ayuntamientos y como nos afecta a los periodistas, sin comprender la manera de pensar a los que nos ha llevado el neoliberalismo.

Vivimos en la idea de que el mercado y sus flujos financieros, sus criterios de eficacia, eficiencia, rentabilidad a cualquier precio, son los únicos valores y fuera de ellos, el caos. Algo que es falso. Sin embargo, esto conlleva consecuencias que tienen que ver directamente con la manera en que la corrupción se comprende, se estimula y se soporta en nuestras sociedades.

El primer elemento a tener en cuenta son los flujos financieros. Una de sus capacidades más asombrosas, como mantiene el filósofo español, Josep M. Catalá, es la disociar los actos humanos en dos esferas desconectadas en el plano espacial, pero ligadas el de la moral, la del acto y su consecuencia. Entre una decisión del Fondo Monetario Internacional y la muerte de miles de personas por hambre años después, no hay aparentemente una relación. La distancia burocrática es tan grande entre los que deciden y los ciudadanos que parece no existir culpables. Cuando un individuo es incapaz de hacerse cargo de sus actos se le califica de psicótico. Vivimos en una sociedad psicótica porque la culpabilidad se esfuma en el tejido social y de esta manera nadie parece responsabilizarse y cualquier acto es aceptable. Se ha democratizado la culpa. Por lo tanto, fenómenos de corrupción como los nombrados al principio del artículo, entre otros, parecen difuminarse y la culpa no ser de un esquema de partidos políticos y sociedad que durante años lo han permitido.

Así nunca un político parece culpable de las decisiones por él tomadas, ni incluso de de su propia corrupción.

No entenderíamos tampoco el proceso de las corruptelas sin tener en cuenta el individualismo. Representa la crisis de la identidad. El neoliberalismo lleva hacia una sociedad que no es la suma de individuos que la componen. El ser humano es un punto asilado y desprotegido. Se gestionan los países como si fueran unidades económicas en la que las personas son clientes, usuarios, pero jamás seres humanos, padres, madres, minusválidos, enfermos… Cada uno es responsable de su propia supervivencia social sin que la colectividad le ampare. En el ámbito profesional asistimos a la desaparición de las identidades colectivas que durante siglos se forjaron con los oficios, gremios o sindicatos. El trabajador es un recurso del sistema financiero prescindible y desprotegido sin que exista ninguna repercusión moral en las decisiones empresariales que se tomen sobre su futuro.

En este contexto se ha desarrollado una nueva clase política. Se fundamenta en el individualismo. La política, sobre todo en el ámbito local, es una manera de destacar de la masa, de conseguir un prestigio social y de asegurarse un puesto de trabajo. Para su desempeño las exigencias de formación y currículo pueden ser mínimas. La democratización de nuestros sistemas permite el acceso de cualquier persona a cargos de responsabilidad política con la misión de gestionar fondos que pertenecen a todos los ciudadanos, que en concreto quiere decir, a nadie.

Nuestros políticos actuales de la mano de la deformación ideológica que da “el mercado” presentan tres sentimientos muy marcados que llevan directamente a la corrupción. Se sienten omniscientes. Como tienen acceso a mucha información creen saberlo todo. Omnipotentes, pueden llevar a cabo todo lo que quieran. Invulnerables porque se creen protegidos por equipos de asesores, consejeros, coordinadores o por el propio partido. Tres creencias erróneas fruto de una mala educación social.

Nos encontramos en un momento histórico de una gran inteligencia estructural acumulada fruto de los conocimientos y de la experiencia histórica, pero de un de mal uso premeditado de ella. Olvidamos que una de las principales funciones de la educación es la de usar bien la inteligencia. Sin embargo, no educamos de la manera adecuada. Vivimos sometidos a la dictadura del instante, lo que implica el éxito social y económico ya, aquí, ahora. Sin pagar el precio de la experiencia que da el tiempo. Queremos triunfar en este mismo segundo, ser ricos en este día.

La ausencia de culpa por el alejamiento entre la decisión y su efecto, la necesidad de conseguir resultados llevan a que los partidos a transformarse en”empresas” regidas por los estudios de marketing político. Se escudriña en la sociedad lo que quiere oír, se le dice de una manera adecuada y se consiguen los votos. Los partidos se transforman en máquinas afinadas para captar papeletas un día determinado cada cuatro años y recaudar fondos.

Definamos la corrupción

Cada sociedad ha de ser coherente y tiene lo que se merece. Los políticos son como permitimos que sean. Este panorama nos ha llevado a que el nivel de confianza del ciudadano en las instituciones de cualquier índole sea bajo. Se asume un cierto nivel de fatalismo. Nada puede ser cambiado. Incluso cada vez existen más problemas a que personas cualificadas e íntegras, se presenten a las elecciones locales. Se supone que los políticos son una clase corrupta e intentan acceder a los cargos para corromper y ser corrompidos. Un estado de ánimo social nada positivo para una democracia.

Establecido el marco anterior cabe preguntarse sobre lo qué entendemos por corruptelas. En 1999 se creó el Grupo de Estados Contra la Corrupción (GRECO). (1). Propugnaba que la corrupción era cualquier delito en el que:

  1. Existiese la vinculación de un agente público (funcionario, oficial, político),
  2. Se diera la oferta, donación, aceptación o petición de comisiones,
  3. Y que esos importes así conseguidos fueran de carácter oculto, es decir, ilegales.

Pero esta lectura del fenómeno es plana. Es necesario ir a otra de sus definiciones para comprender su profundidad y sobre todo vislumbrar cómo nos afecta a los periodistas.

Corromper es alterar una cosa haciéndola mala o impura.

Esto implica que va directamente a intentar hundir la ética entendida como el conjunto de principios y reglas morales que regulan el comportamiento y las relaciones humanas. Ética que no sólo se le deben exigir al sector público, sino también, al privado.

La llegada de la democracia a cualquier país implica un aumento del gasto público. Eso lleva aparejado una mayor presencia de este sector en la economía y aumenta las ocasiones en las que las empresas pueden entrar en connivencia con la administración para corromper. El neoliberalismo propugna de manera solapada que cualquier medio es bueno para conseguir el objetivo de la rentabilidad de una empresa. Con estas premisas formamos a nuestros futuros economistas, directores de empresas (incluidas las periodísticas) y gestores, en universidades y escuelas de negocios. Llegar ya, ahora, por cualquier camino al mínimo coste posible, con el máximo de beneficios y sin piedad por la competencia, por el ser humano.

La corrupción contamina todos los ámbitos principales del individuo, el educativo, el legal, el económico, el informativo, el familiar. Porque se sirve de ellos.

Como estableció en 1994 los ministros de la Unión Europea en su reunión en la Valetta, la corrupción mina la confianza de los ciudadanos en la democracia, atenta contra la primacía del derecho, desconoce los derechos humanos y pone en peligro el progreso social y económico.

Este marco general de individualismo, de políticos desvinculados de su función social, desprovistos de la culpa que pueden producir sus actos, cerca de recursos financieros públicos y privados, de empresas con gestores sin escrúpulos, da las referencias básicas para comprender la corrupción en los ayuntamientos.

La administración local cercana al ciudadano

La administración local es el estamento del estado más cercano al territorio y al ciudadano. Es pasar de lo abstracto del gobierno central, a lo concreto de lo próximo. La concreción de la cercanía a las personas y a un espacio donde se llevan a cabo las decisiones tomadas es una gran ventaja para aquellos que se desvinculan de la labor social que debería llevar a cabo un político.

Para que se dé la corrupción local debe existir una fuente de dinero. Que ésta permita al político, al funcionario o al empresario enriquecerse o financiar el partido político por diversos medios, creación de asociaciones, fundaciones, ong, donativos, consecución de fondos para campañas, actos. Que exista la colaboración de funcionarios que forzados o en connivencia gestionen o tergiversen contratos que permitan llevar a cabo la corrupción. Todos ellos amparado por la falta de denuncias por parte de trabajadores públicos, medios de comunicación y ciudadanos.

Examinemos estos elementos por separado.

Es difícil ver a un ministro en el día a día, pero es muy sencillo toparse a cada momento con un concejal. Luego la presión que sufren los trabajadores de estas administraciones es mucho mayor que los empleados de otros organismos públicos.

A menudo Empresas locales, incluidas las constructoras, se encuentran vinculadas a altos funcionarios municipales y/o los políticos. Una veces por lazos de confianza. Ya que los gobernantes municipales con rapidez escogen coordinadores, directores técnicos o asesores vinculados a su partido. A través de ellos controlan y manipulan a los funcionaros públicos. Otros, de maneras mucho más burdas, introducen en las cúpulas directivas a familiares.

Es en las áreas de urbanismo donde se encuentra una de las mayores fuentes de financiación de las administraciones locales. Cuando existe el reparto de carteras entre los concejales es las más codiciada. Es fácil enriquecerse si sabemos que un terreno que es rústico y no se puede construir, de repente se va a recalifica y a convertirse en urbanizable.

Las funcionarios públicos tienen miedo a denunciar. El mobbing, el acoso laboral, asciende en España

El alcalde socialista de Zaragoza, Juan Alberto Belloch mantiene que un concejal de un pequeño ayuntamiento tiene más capacidad de corrupción que seis ministros juntos.

El macro legal urbanístico y fiscal está lleno de recovecos permitidos en los que anida la corrupción.

Pero en los ayuntamientos el dinero llega de forma fraudulenta a los políticos y sus partidos no sólo por la vía del urbanismo. Otras fuentes son los planes de empleo, la formación ocupacional, los fondos comunitarios. Ahí también es fácil adjudicar los contratos a amigos, familiares o miembros de los partidos políticos. Nada más tendríamos que examinar la cantidad de empresa de formación que se han creado en España y se ocupan de dar cursos para colectivos como minusválidos, mujeres, parados… en los ayuntamientos. Si se realizase el árbol genealógico de sus directivos nos sorprendería verlos vinculados a los partidos, a los concejales o miembros a los partidos políticos gobernantes en la comunidad o localidad con la que trabajan.

El grupo GRECO (2) ya decía en su informe del 2000-2001 sobre la corrupción en España reflejaba que existía poca información, que no había estrategia global y multidisciplinaria, ni un código ni campañas de sensibilización para los funcionarios. Además existía la dificultad de medir la amplitud del fenómeno por la ausencia de informaciones estadísticas, es decir, actuaciones de la policía, procesos judiciales y sentencias. Poco se ha avanzado en ese tema.

El Consejo de Europa pedía también a España desde 2002 reforzar la Fiscalía anticorrupción pero se han llevado a cabo tímidos avances.

Por último también es relativamente sencillo conseguir dinero a través de las ayudas que los ayuntamientos otorgan cada año a otras entidades de carácter “social” o “cultural”. Los partidos políticos han creado un conjunto de fundaciones, asociaciones, ONG, relacionadas directa o indirectamente con ellos, que les permiten llevar a cabo sus políticas, financiar algunas de sus acciones e influir en la opinión publica. Todas ellas se surten, la mayoría de las veces, de fondos públicos canalizados, a menudo a través de los ayuntamientos. Son estructuras donde los partidos preparan a los alevines políticos en su entramado de intereses para repetir en el futuro los mismos esquemas en los que se han criado y ascendido dentro del escalafón.

De esta mala gestión del patrimonio y los fondos públicos de los ayuntamientos, implica a largo plazo más carga impositiva sobre los ciudadanos. Tendrán que pagar más para conseguir cada vez menos.

Ausencia de denuncias y mobbing

Otro elemento a tener en el entramado de corrupción es la ausencia de denuncias. La modernización de las administraciones no ha venido acompañada de sistemas de vigilancia, control y lucha contra el fraude. Estamos en una época en que el corrupto es mucho más sofisticado. Se ampara en el tráfico de influencias, en el lobby, en la información privilegiada, en la arquitectura financiera, en la permisividad de los medios de comunicación. Parece así existir impunidad.

EN España contamos con, más o menos, mil seiscientos fiscales y la mayoría de ellos se ocupan de temas de faltas. Las investigaciones de los casos de corrupción raramente parten de ellos. No dan abasto. Nunca de informes de los funcionarios públicos. Tienen miedo a emitirlos por las presiones de los partidos políticos y las tramas de familiares, personas de confianza, que ellos han creado en la actualidad en los ayuntamientos españoles. El mobbing, el acoso laboral, asciende especialmente en las administraciones públicas. En algunos estudios se hablan de dos millones de personas acosadas en España. El psicoterror laboral es otra de las herramientas de las que se valen los corruptos para lograr que los funcionarios hagan lo que ellos desean.

Los trabajadores públicos tienen miedo.

Los medios de comunicación locales o regionales.

Muchos medios locales o regionales no pueden ser muy activos en el campo de la corrupción. No pueden revolverse contra la mano que los alimenta. Se dan varios elementos que les hacen vulnerables a la presión de los políticos y empresarios.

En primer lugar suelen ser empresas en las que, a veces, los periodistas carecen de experiencia suficiente para darse cuenta de la sofisticación de las manipulaciones a las que les someten. Son, con frecuencia, licenciados que acaban de titularse o becarios en prácticas que comienzan su andadura profesional. La inseguridad laboral y el saber hacer que dan los años de profesión, impiden actitudes críticas.

La rotación de plantillas en estos medios es muy alta. Un elemento que impide la especialización.

Por otro lado la financiación de este tipo de periódicos, radios o televisiones vinculadas a las localidades muchas veces está ligada a la publicidad de los ayuntamientos. El político sólo tiene que retirar una campaña de información sobre los impuestos municipales, las fiestas u otras acciones del consistorio o la comunidad, para que ese mes el medio en cuestión pase por problemas financieros. O “aconsejar” a los bancos, empresas o comercios que no incluyan su publicidad en esa radio, periódico o televisión.

No olvidemos además que muchos de los medios locales y regionales están relacionados a grupos empresariales, muchos de ellos vinculados a la construcción y a la inmobiliaria. Son estructuras muy ligadas a las administraciones locales que realizan obras públicas y otorgan permisos de construcción. Basta dar una lectura a trabajo del periodista Fernando Barciela, “A los constructores les va la prensa regional. (3)

Parece que no puede esperarse mucha objetividad de estos medios locales. No pueden aunque quisieran.

Aún así se han producido muchas denuncias. Aunque, analizándolas, están más vinculadas a intereses de ese medio en cuestión por el partido político al que ideológicamente representan, que a la labor social de investigación periodística que podrían haber llevar a acabo.

Abogados y poderes judiciales.

Los abogados, los poderes judiciales tampoco están exentos de culpa. No basta con mantener que no pueden hacer nada por la escasez de medios y de formación específica. Ningún colegio profesional ha expulsado a ninguno de sus miembros, abogados, procuradores, jueces, fiscales, cuando están vinculados con claridad a fenómenos de corrupción. La arquitectura legal y financiera que llevan a cabo los políticos sólo es posible con el concurso de este tipo de profesionales.

Ante el panorama anterior cabe preguntarse si existen propuestas de soluciones a la corrupción de primer nivel que es la de la administración local. Existen. Ahora bien, el miedo al fracaso es uno de los elementos más poderosos que nos han ido inculcando. No queremos arriesgar nuevas soluciones porque supone enfrentarnos a los corruptos. Nada se logra si no se invierte en sensibilización y en educar a nuestras futuras generaciones para que comprendan que la corrupción no es un fin, no es una vía, es un cáncer personal y social.

Existen otras iniciativas. En 1994 en la reunión del consejo de Ministros de la Unión llevada a cabo en Valetta se creó el Grupo Multidisciplinar contra la Corrupción (GMC). En 1997, por parte de este organismo se aprobaron los 20 puntos directores contra la corrupción, en 1999 se creó en Grupo de Estados Contra la Corrupción (GRECO), en mayo de 200 en Comité de Ministros del Consejo de Europa aprobó la Recomendación nºR (2000)10 sobre del código deontológico para los funcionarios públicos, la recomendación nºR (98)12 sobre el control de acción de las entidades locales, la recomendación nºR (98)8 sobre las responsabilidades pecuniarias de los electos locales por los actos, omisiones en ejercicio de sus funciones. El Congreso de poderes locales y regionales de Europa (CRLRE) elaboró la recomendación 60 (1999) con el código de conducta europeo referente a la integridad de los efectos locales y regionales, la carta urbana, la recomendación 86(2000) (4) referente ala transparencia de financiación de los partidos políticos y su funcionamiento democrático en el ámbito regional.

Sin embargo, esto no llega al día a día de los ayuntamientos y la corrupción se sigue produciendo.

El pesimismo, nada puede cambiar, es también el caldo de cultivo de la corrupción. Buda decía que somos lo que pensamos. Si creemos sinceramente que estamos en una sociedad corrupta, que los políticos son personas corrompibles, es porque nosotros, en cierta medida, también lo somos. Asumimos que nada cambiará y por tanto lo perpetuamos. Todos somos corruptos si permitimos la corrupción. Luego necesitamos positividad social y que los políticos y las diferentes entidades sociales nos la transmitan.

Es imprescindible una manera nueva de educar en el respeto y el cuidado al ser humano. Las actuaciones, a parte de las medidas legales y de control adecuadas, pasan por comprender el entorno social en el que nos encontramos. En él la formación en unos nuevos códigos éticos, que no son sino una manera de entender la sociedad de una manera diferente, es necesaria.

Es básica una actitud crítica y no permisiva. Deberíamos observar si el político que vamos a elegir cumple los principios de la vida publica, es decir, altruismo, objetividad, responsabilidad, honestidad, integridad, apertura, transparencia y cualidades adecuadas. Si no es así lo más honesto sería que le privásemos de nuestro voto.

Periodistas, funcionarios, políticos, jueces, abogados, fiscales, miembros de asociaciones, fundaciones, ONG, educadores, artistas y sobre todo ciudadanos, tenemos una gran responsabilidad para cambiar el presente. No caigamos en el proceso de procrastinación, dejar para mañana lo que es necesario llevar a cabo hoy. Es otro de los fracasos de la inteligencia y favorece la corrupción con las repercusiones a largo plazo que lleva aparejada.

Juan Peláez

http://juanpelaezescritor.wordpress.com

Juan Peláez es periodista y escritor. Autor de la novela sobre la corrupción en los ayuntamientos, “El pinar del alcalde”. Ed. Kaislas. (1). Ha participado en varias campañas internacionales contra la corrupción.

Notas.

(1) Peláez, Juan, El pinar del alcalde, ed. Kaislas, Madrid 2006.

(2) www.greco.coe.int7

(3) Barciela, Fernando, A los constructores les va la prensa regional. Fernando Barciela. Cuadernos de periodistas. Abril 2007.

(4) Los documentos del Comité de Ministros y del CDLR pueden encontrarse en inglés y en francés en el sitio Internet Democracia Local y Regional del Consejo de Europa, www.coe.int/local y en la Biblioteca LOREG (Local and Regional Democracy Library) www.loreg.org.)

La corrupción no es un proceso, es un estado en el que la sociedad se haya asentada


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Juan Peláez (2 noticias)
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El Hijo De La Portera (30/07/2009)

Me ha gustado mucho el tratamiento que has dado a la corrupción en el ámbito municipal . El comentario es extenso pero por ello no pierde interés a medida que se va leyendo .
Se nota que eres periodista . Este hijo de la portera tiene mucho que aprender de gente como tu .
Un saludo

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Acobardado (31/07/2009)

Me parece un articulo genial. Yo si pudiera hablar te comentaria sobre muchisimos ayuntamientos de la zona noroeste de Madrid donde los escándalos serían sonados si no estuvieran tan bien protegidos.Me parece que bien lo que comentas, no hay muchas denuncias en proporcion a todo lo que hay. Los que trabajamos en ayuntamientos tenemos mucho miedo cuando vemos los acosos salvajes a los que someten a algunos compañeros .

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unomas (31/07/2009)

los ayuntamientos toman ejemplo al """"gobierno de españa """"" y claro asi solo hay despilfaro , corrupcion , prevaricacion , cohecho , alevosia , nocturnidad y mierda por todas partes y la clase laboriosa pagamos como prostitutas a nuestros chulos que son ellos y si reclamas por ello en la calle , vienen 100.000 antidisturbios a romperte la cabeza , viva la demokracia , con FRANCO habia menos robo ( solo robaba una pandilla , ahora 1000)

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funcionrio (03/08/2009)

Si los funcionarios y el personal laboral de los ayuntamietno hablásemos los muros de España se tambalería,. Tenemos que ver a esa cohorte de politiquillos que nos rodean todos los días, la mayoría de ello acomplejados, con vidas personales destrozaras y que deberían ir a tratamiento para solucionar sus problemas pasiquiátricos. ¿Cómo no van a ser corruptos? Y nadie hace nada