La mona que se viste de seda
Aún me acuerdo de cuando Mischa Barton regresó a la televisión con The Beautiful Life después de su frustrada experiencia en el mundo del cine. Iba acompañada de Elle McPherson y a los cuatro días le cancelaron la serie. Como antiguo admirador de Marissa Cooper, por supuesto le deseaba lo mejor ( ¡esos cafés con vodka a las ocho de la mañana...! ). Esto no legitima, sin embargo, que pueda cambiar las reglas de la física televisiva para inventarme una realidad paralela donde ella salga favorecida: Barton, quiera o no, seguirá siendo una actriz muy limitada y TBL no sirve como obra de culto incomprendida. Simplemente no valía un duro.
Este cuento que os acabo de explicar viene a decir que debemos superar algunas filias y fobias para saber ver un poquito cómo está el bosque. Y lo digo básicamente por todos estos whedonistas que confunden a Sarah Michelle Gellar con Buffy y sienten la necesidad de defenderla ante cualquier crítica. Ella podrá merecer el título de diva televisiva porque interpretó a un icono, pero Ringer es mala. Ringer , de hecho, hasta se podría considerar el peor estreno de toda la temporada televisiva (que justamente no ha sido para tirar cohetes). Y la doble interpretación de Gellar hace que Nina Dobrev parezca la heredera natural de Meryl Streep.
Sí, también soy consciente que justamente yo soy de los que ve muchas series y programas que no son precisamente obras de arte. Make It or Break It , por ejemplo, tiene unas actrices mediocres, un discurso cristianófilo y está rodada (y escrita) con el cambio de los cafés de cualquier serie de ABC (y se nota), pero por lo menos sabe qué clase de serie es y actúa en consecuencia (o lo sabía, que ya no está como en sus inicios) . Pero Ringer no tiene las luces suficientes para darse cuenta y es de esas que se embuten en un vestido de furcia, se pinta como una drag queen , se pone joyas de choni y al mirarse en el espejo se ve como una princesa de cuento.
Gellar va de intensa (y de versátil, que aún es más delictivo), las tramas serias deben hacer llorar a los profesionales del sector, los realizadores parecen no darse cuenta de sus limitaciones (a nivel presupuestario y también de talento) y el estilismo es una broma de mal gusto (¿por qué cuando veo a Gellar yendo de pija (sea Bridget o Siobhan) no puedo evitar pensar en aquel dicho de " aunque la mona se vista de seda, mona se queda "?). También hay cero química entre los personajes (todos parecen actuar en series distintas) y hay unos arcos argumentales tan inverosímiles como aburridos que quieren dotar al relato de complejidad (el sponsor, Nestor Carbonell, París).
Si por lo menos tuviera la autocrítica suficiente, hasta podría salir algo entretenido y hasta cierto punto decente. La regla de honor de este subgénero es darse cuenta de los propios defectos y aprovecharlos a su favor. Pero como Ringer prefiere mentirse y considerarse un ambicioso thriller adulto y con clase perdido en la cadena equivocada (cuando todos sabemos que jamás fue destinada a la CBS), no hay forma de redimirla. Y es una lástima porque los placeres culpables que queman cartuchos a toda pastilla suelen ser los más entretenidos.
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Sobre esta noticia
Autor: Criticoenserie (191 noticias)
Fuente: criticoenserie.blogspot.com
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