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Monerías y alrededores

11/07/2009 08:06 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

En Río de Janeiro, que no es familia de Jesulín Janeiro el torero, sino una ciudad bastante aparente del Brasil, una mona fue acusada formalmente, y condenada a pagar una indemnización, por tirarle una piedra a una señora que pasaba por allí

<a href="http://www.flickr.com/photos/36856587@N00/3125231786/" mce_href="http://www.flickr.com/photos/36856587@N00/3125231786/" target="_blank">cotaro70s</a> via Flickr

En Río de Janeiro, que no es familia de Jesulín Janeiro el torero, sino una ciudad bastante aparente del Brasil, una mona fue acusada formalmente, y condenada a pagar una indemnización, por tirarle una piedra a una señora que pasaba por allí. Si esto llega pasar en la España de Zapatero, y en vez de una mona es un mono el de la piedra, al pobre simio le aplican la Ley de Violencia de Género y de Número Primo con todo su rigor, Bibiana lo llama machista y cosas peores, le ponen una pulsera por maltratador, y hasta sería posible que acabara capado. Pero afortunadamente ni fue un mono ni el caso ocurrió en España. Por el bien de la especie más que nada.

La agresión alevosa y premeditada, según todos los indicios y un forense bajito, tuvo lugar en el Zoológico de Río, que está según se sale de la Avenida de la Independencia a mano izquierda. Efectivamente, una mañana de abril en la que los pajaritos cantaban y las nubes se levantaban, o sea que era muy temprano porque las nubes suelen ser perezosas, doña Ronaldinha Ipanema se dijo para sus interioridades de adentro: “Hoy me apetece hacer una locura, que me encuentro marchosa, así que me voy a ir al zoo”. Y ni corta ni perezosa se puso su pamela verde con plumas amarillas, su vestido fucsia con floripondios azul ultramar y sus chanclas de reglamento, y se plantó en el zoo: –Buenas, apuesto zoólogo… –Lo siento mi buena señora, pero un servidor no es zoólogo. Bien quisiera o quisiese, pero no, que simplemente soy RME asociado. –¿Y eso qué es, amigo mío? –Pues eso es Recogedor de Excremento de Elefantes. –¿Y entonces no debería ser REE, asociado…? –Pues sí, pero me da no sé qué; porque lo que yo recojo mayormente es mierda. –Bueno, bueno, pero tampoco es para ponerse así. –No, mujer, si no me pongo así por gusto: me ponen. Me pone a recoger las heces el director de esto, que me tiene manía porque me acuesto con su señora. (…)

–Ya, ya me hago cargo de su triste sino. Pero verá usted don RME asociado, la circunstancia de mi presencia aquí no es enterarme de su vida privada; yo se lo agradezco, pero no. Una servidora lo que quiere es ver a los monos. –Huy, pues no va a poder ser; porque los monos están todos viendo el partido de la selección brasileña de fútbol. –Vaya contrariedad. ¿Y no les queda ningún simio de guardia? –Simio no, pero tenemos visitable a una chimpancé, Chita, que cumple muy bien con su trabajo. Vamos, hasta ahora no hemos tenido ninguna queja; que más bien todo han sido parabienes y parasoles. –Pues nada, veré a la mona. Por cierto, ¿es familia de Tarzán la Chita esa? –Sí, sí que es familia; pero usted no se lo recuerde, porque su unión sentimental acabó muy malamente. (…)

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Así que doña Ronaldinha se fue a ver a Chita, que en ese preciso momento se estaba haciendo la manicura mientras hojeaba el Hola de la Selva Procelosa. Pero oigan fue ver a doña Ronaldinha con su pamela verde de plumas amarillas, su vestido fucsia con floripondios azul ultramar y sus chanclas de reglamento, y cogerse un cabreo “monocotudo”. Digo morrocotudo. Que es que Chita tiene el máster de diseño de prendas femeninas por la universidad de Tanzania; además de ser “miembra” del colectivo “Simias Sin Fronteras, Pero Con Buen Gusto”. Y naturalmente pues le tiró la piedra a la Ronaldinha. Y no le tiró la cómoda Luis XVI, con todos sus accesorios, porque es un recuerdo de Meryl Streep; que se la regaló durante el rodaje de “Cebollas de África” (¡No es cebollas, sino memorias! Bueno, pues como usted quiera.)

Recuerdos de niñez en la Jungla: Cuando un servidor vivía en la Jungla, un barrio de mi ciudad, teníamos un parque con un mono instalado en un árbol. En ocasiones hasta llegaban a ser dos los monos en dos árboles. Y los monos se pasaban el día comiendo plátanos y pelándosela... Con perdón, eso sí; pero es lo que hacían. Y entonces, cuando llegaban las niñas acompañadas de sus mamás, indefectiblemente se producía el siguiente diálogo: –¿Qué está haciendo el mono con tanto ahínco, mami…? –¡Nada, el mono guarro ese no está haciendo nada! Que mejor tuviera vergüenza el acalde y lo metiera en el Reformatorio. ¡No sé dónde vamos a parar con tanto desenfreno! –¿Qué es desenfreno, mami…?


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Autor:
Juan Padron Sabina (56 noticias)
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Opinión
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maria (25/09/2009)

Penoso.