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Moral, licitud y dos cuernos

29/07/2010 17:18 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

¿Es moralmente lícito disfrutar con el sufrimiento de los muertos por indigencia, hambre y desesperación que produce nuestro país? ¿Es moralmente lícito disfrutar con el sufrimiento de los niños trajinados en el egoísmo de sus progenitores?

Moral, licitud y dos cuernos

¡Al fin! Tras digerir millones, no exagero, de palabras en pro y en contra de la prohibición de los toros —ignoro, por la inminencia de la fecha, si ya se habrá consumado el desaguisado— en que apoderados, toreros, amantes de la vida animal jaleados por foráneos originarios de países de salvajes usos, estudiosos del sí y el no, encuentro, casi en la última frase del último artículo sobre el tema, la pregunta que esperaba. Joseph Oliver Alonso (catedrático de Economía Aplicada de la UAB, disciplina que debe incluir la asignatura El toro y el IPC) en El Periódico de 27/07/2010 dice: “La pregunta es obligada. ¿Es moralmente lícito disfrutar con el sufrimiento de un ser vivo? Contéstese el lector.” Aunque opino que lo moral puede no ser lícito y lo lícito no moral, no es esta la cuestión.

Cojo por los cuernos su estructura y la amplío: ¿Es moralmente lícito disfrutar con el sufrimiento de los muertos por indigencia, hambre y desesperación que produce nuestro país? ¿Es moralmente lícito disfrutar con el sufrimiento de los niños trajinados en el egoísmo de sus progenitores? ¿Es moralmente lícito disfrutar con el sufrimiento de las muertes producidas por insensatos al volante? ¿Es moralmente lícito disfrutar con el sufrimiento del hombre o la mujer asesinados porque nos han enervado? Hasta aquí «seres vivos» y ¡humanos!

Sigo: ¿Es moralmente lícito disfrutar con el sufrimiento de la codorniz al ser cazada? ¿Es moralmente lícito disfrutar al aplastar con saña a la cucaracha que da su paseo por nuestra cocina? ¿Es moralmente lícito disfrutar con el exterminio de millones de mosquitos? ¿Es moralmente lícito disfrutar al estrujar la araña que sigilosa y casi placentera sube por nuestro brazo mientras dormimos? ¿Es moralmente lícito disfrutar regodeándose en taponar un hormiguero arruinando jornadas de trabajo ejemplar? ¿Es moralmente lícito disfrutar matando a escobazos a la rata que busca su sustento? ¿Es moralmente lícito disfrutar reventando ocas para deleitarnos con su paté? ¿Es moralmente lícito disfrutar con las prácticas de sacrificio en mataderos, más crueles muchas veces que unos pinchazos y una estocada? ¿Es moralmente lícito disfrutar desollando a un caballo en el hipódromo? ¿Es moralmente lícito disfrutar con los correbous en los que se deja vivo al bicho para que su memoria histórica del sufrimiento le persiga de por vida? ¿Es moralmente lícito prohibir los toros —que al menos aportan nobleza y arte— y legitimar las peleas de gallos? ¿Es moralmente lícito disfrutar arrancando una lechuga? ¿Es moralmente lícito disfrutar horadando las fauces de un pez? ¿Es moralmente lícito disfrutar hirviendo en vida al marisco? ¿Es moralmente lícito disfrutar desgajando la uva o el melocotón impidiéndoles llegar a morir como dignas pasas viejas? Todos son seres vivos —si no me enseñaron mal en la escuela— y sufren, y los que practican estas artes disfrutan con su sufrimiento. Y el toro de lidia también se come.

Todos son seres vivos —si no me enseñaron mal en la escuela— y sufren

Paso a ampliar la carta del lector Antonio Calero Márquez, que propugnaba no comer ningún tipo de carne, haciéndolo extensivo a los pescados, hortalizas, frutas y hasta caramelos —originados en la caña de azúcar—. Y añado otras preguntas: ¿Es moralmente lícito que un Parlament/o debata empecinadamente temas como el que nos ocupa, o reparto de prebendas baladís, o intercambios de renuncias ideológicas a cambio de un trocito del pastel del poder, o la degradación de la convivencia, o la exhumación de la uña de Colón para demostrar su nacionalismo, mientras pasan por las narices de sus señorías temas —nimios deben pensar— como la inmersión de miles de seres vivos (y humanos) en la pobreza? ¿Y las corruptelas que se eternizan en pactos, recursos y triquiñuelas legales?

Se ha llegado a la cima de la putrefacción moral —lícita o no— y hemos entronizado como dios el cinismo. Se me ocurre, por la misma regla de tres, prohibir —ahora que disfrutamos de la democracia de los vetos de las esencias y la laxitud de la barbarie entre humanos— a los parlamentarios, partidos, sindicatos y asociaciones proquiensabequé, por el sufrimiento que infringen a los ciudadanos. Como no se atreven a lidiar seis bravos en una tarde han decidido liquidar con una sola estocada todas las ganaderías. ¿No es moralmente ilícito el sufrimiento de pasear por nuestras dehesas sembradas de osamentas de nobles astados mientras campan por sus respetos especies de desfalcadores espeluznantes?.

Contéstese usted las preguntas.


Sobre esta noticia

Autor:
Miguel Virto (10 noticias)
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812
Tipo:
Opinión
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