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A la muchacha valiente que intento salvar a los dos ángeles

10/03/2010 11:48 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Autor: Miguel Sala

El esfuerzo de inculcar principios correctos con los que puedan conducirse nuestros hijos en la vida no es, ni mucho menos, una garantía absoluta de que ellos vayan a estar blindados contra todos los males y desgracias. Pero dicho esfuerzo sí constituye una esperanza de que, en el futuro, puedan discernir entre el bien y el mal y tomar sus propias decisiones, haciéndose plenamente responsables de sus actos.

Desde que recuerdo, mi esposa y yo intentamos enseñar a nuestros hijos el valor del respeto y la caridad, así como la conveniencia de defender la vida, la libertad y nuestra fe en Dios como los valores idóneos para poder tener la mejor guía en nuestras vidas. La responsabilidad final, como siempre sucede, es de aquellos a quienes enseñamos; pero un padre y una madre no pueden evitar seguir preocupados, apenados, orgullosos, felices.. por los actos de nuestros hijos.

El pasado viernes, día festivo en Zaragoza capital, hubo un incendio en un piso de la Avenida de Madrid, barrio de Delicias. Una familia china, propietaria de un bar y muy conocida en el barrio, perdió a dos niños de muy corta edad. La abuela, a fecha de hoy, tiene más del 40% de su cuerpo quemado y se teme seriamente por su vida. Aquella noche, un par de horas después del incendio, la policía nacional contactó con nosotros. La agente que nos habló por teléfono nos tranquilizó de inmediato. Nuestra hija estaba en la Comisaría Central. Se encontraba bien de salud y no había hecho nada indebido. Pero no la dejarían marchar a casa hasta que un familiar fuese a recogerla, por ser aún menor de edad.

Nuestra hija paseaba con sus amigas por las inmediaciones del edificio donde se producía el incendio. Oyó los gritos de la anciana china y de los niños desde un balcón. Aún no habían llegado los servicios de urgencia. Ni bomberos, ni ambulancias. Ya había gente ahí, en la calle, lamentándose y gritando; pero nadie hacía nada excepto llamar por teléfono para dar más prisa a las asistencias.

Nuestra hija entró en el portal, que estaba abierto, y comenzó a subir corriendo por las escaleras. Intentaba llegar al piso incendiado, pero el humo le impidió llegar más allá del tercer o cuarto piso. Mientras tosía, oía chillar a gente más arriba, pero no podía hacer nada. Justo cuando empezó a sentirse mal por respirar tanto humo, un bombero la cogió y la bajó hasta una de las ambulancias que ya estaban próximas a la entrada del edificio. Allí la atendieron de una intoxicación por humo bastante molesta, no demasiado grave.

Al día siguiente hablamos con ella con más tranquilidad. Es una muchacha valiente, pero aún impresionada por los gritos de los niños que ahora ya no están. Mientras nos contaba que no podía comprender porqué la gente de la calle no intentaba hacer algo cuando había otros en peligro allá, en aquel piso, yo no podía evitar sentir un choque de emociones en mi interior. El sentimiento de agradecimiento por tener una hija tan valiente, contra el sentimiento de miedo a lo que podría haberle sucedido al acercarse al peligro. Aún así, no se me ocurrió reprocharle por lo que hizo. Eso hubiera ido en contra de lo que hemos procurado enseñarle. En lugar de ello, le explicamos que en las situaciones de peligro hay gente mucho más preparada y con más medios para enfrentarse a los desastres.

Los acontecimientos de estos pasados días han sido terribles. Una familia perdió a dos de sus hijos en este incendio, y pocos días antes falleció también un niño en otro incendio de un asentamiento chabolista de las afueras de la ciudad. No sabemos cuando puede venir nuestro final, ni en qué circunstancias. Cada día que pasa, estoy más convencido de que lo mejor que podemos hacer para prepararnos para ese momento es tener nuestra vida en orden y procurar que nuestra aportación en este mundo sea suficientemente meritoria. Por tanto, quienes tenemos la responsabilidad de la paternidad en nuestras manos, debemos esforzarnos cada día en la educación de nuestros hijos. No hay mayor amor y deducción que los que podamos demostrar a diario por ellos.

Que Dios bendiga a estos niños fallecidos y a sus familias.

Clases Medias Aragón


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