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Mucho ruido y pocas nueces

04/11/2009 09:02 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

¿Le damos real importancia a la sonoridad y la intención que conlleva cada palabra o vivimos arrastrados por teléfonos que sólo invitan a jugar? ¡Estamos convirtiendo la vida en un mero espejismo?

El mundo está contaminado, entre otras cosas, de ruido y no sólo el ruido de motores y máquinas, sino de palabras huecas, vacías de contenido y no porque no lo tengan, sino porque se las utiliza para tapar silencios. Hay algunas frases que se repiten tanto que van diluyendo el poder que representan. El idioma se va devaluando en cantidad y calidad, cada vez empleamos menos palabras para decir más cosas. Cada vez hablamos más y decimos menos. Alborotadamente, ininterrumpidamente. Quedarse callado escuchándose, observando, implica pensar. En lo que dice el otro, en lo que uno mismo dice y como mucha gente, tal vez demasiada, no tienen nada que decir, porque no piensan en nada, ese silencio pasa a ser peligroso, molesto, golpea, incomoda. Si no fijese en la televisión, en cualquier situación que sucede este fenómeno, todos se horrorizan y entran en pánico y hacen cualquier cosa para llamar la atención porque se corre el riesgo que usted piense y cambie de canal

De ahí que muchos no puedan acceder a ese medio por no haber desarrollado la capacidad de hablar a tontas y a locas.

De qué sirve decir = cuatro por cuatro, dieciséis= si ese dieciséis es puro azar, ya que la respuesta no es el resultado de un razonamiento sino de fonética, como la que se emplea para cantar canciones en otro idioma. Qué valor tiene un =te quiero= provocado por un estereotipo y no por el repentino aceleramiento del pulso o por una forma de mirar.

Estamos más atentos a los torrentes de ruido en forma de palabras que permanentemente vomita el televisor que al ruido de unos pasos que llegan o a unos pasos que se van. Estamos pendientes del sonido equivocado. Al no escuchar esos pasos que se van, para siempre, no podemos hacernos cargo de la angustia que esa soledad silenciosa nos provoca –o debería-.

Y esta fiebre “informática”, “comunicacional”, este mundo “globalizado” de qué sirve si ni siquiera crucé dos palabras en años con el vecino del piso de arriba.

De qué sirve decir = cuatro por cuatro, dieciséis= si ese dieciséis es puro azar, ya que la respuesta no es el resultado de un razonamiento sino de fonética, como la que se emplea para cantar canciones en otro idioma. Qué valor tiene un =te quiero= provocado por un estereotipo y no por el repentino aceleramiento del pulso o por una forma de mirar.

De qué sirve decir = cuatro por cuatro, dieciséis= si ese dieciséis es puro azar, ya que la respuesta no es el resultado de un razonamiento sino de fonética,

Estamos más atentos a los torrentes de ruido en forma de palabras que permanentemente vomita el televisor que al ruido de unos pasos que llegan o a unos pasos que se van. Estamos pendientes del sonido equivocado. Al no escuchar esos pasos que se van, para siempre, no podemos hacernos cargo de la angustia que esa soledad silenciosa nos provoca –o debería-.

Y esta fiebre “informática”, “comunicacional”, este mundo “globalizado” de qué sirve si ni siquiera crucé dos palabras en años con el vecino del piso de arriba. De qué sirve estar pendiente de los dramas del resto del mundo si desconozco la realidad de los habitantes de cualquier pueblito de mi país y lo que es mucho peor, muchos de esos mismos habitantes también están pendientes de aquella miseria, relativizando la propia.

Por eso pónga el cerebro en funcionamiento antes que la lengua en movimiento. Si no tiene nada que decir haga silencio, piense, elabore sus propias ideas y cuando tenga en claro qué decir, dígalo, grítelo, si es necesario. Pronto algunas personas lo valorarán por lo que dice y por lo que no dice y aunque otras personas confundan ese silencio suyo como muestra de lentitud mental, es preferible esa confusión, de ellos, a ser un parlante más de su televisor.

PD/ La frase de hoy es: “ El día menos pensado todos seremos tontos”


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Antibobo (1 noticias)
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