La neuropsicóloga Feggy Ostrosky desarrolla un sistema para detectar la mentira superior al polígrafo

La mentira y el engaño son parte de las relaciones humanas. De ahí la importancia de describir la conducta del mentiroso e intentar descubrir la anatomía de la mentira. Y buscarle un antídoto.
En la actualidad no hay sistema, humano o mecánico, ni aún científico -tras el fallo del polígrafo, hoy en baja en numerosos estados norteamericanos- según muchos psicólogos, que permita saber de modo seguro si alguien miente. A veces se accede a indicios, y por ellos puede percibirse si una persona intenta engañar.
Pero los indicios pueden llevar a un error.
La mentira exige esfuerzo mental para no perder la compostura y conservar la coherencia, ya que el que la pronuncia busca la congruencia entre los distintos elementos de la información que va proporcionando.
Sin embargo, hay personas que buscan justificar su afecto hacia la mentira, tratando de explicar que algunas son piadosas y se dicen con el fin de no perjudicar a los demás. Sin embargo, la piedad, como virtud humana, no puede estar basada en una mentira.
Otras personas dicen que depende de la magnitud de la mentira, unas serán mentirijillas y las otras mentiras grandes, sin embargo, la mentira es en su esencia inconmensurable y por lo tanto no tiene tamaño y no puede ser medible, a pesar de que sus efectos conlleven daños o consecuencias leves o muy graves.
No se excluye de la mentira el engaño por omisiones, silencios y emociones fingidas, que se consideran la forma más sutil de mentir.
También prolifera la presentación de información falsa o la invención de hechos prefabricados totalmente inexistentes o de acontecimientos en principio ciertos pero manipulados de tal forma o amañados que confunden y matan la verdad. Nada de esto ayuda a los que quieren desenmascarar la mentira. Sino todo lo contrario.
¿Por qué se miente en la actual sociedad?. La respuesta llevaría un libro
En la sociedad actual todo nos conduce a la mentira, incluido el bien. Se miente por aversión a ofensas injustas y chismes contra los amigos, pero también contra rivales políticos envidiados o examigos ahora odiosos, anulando sus virtudes y aumentando sus fallos.
Se miente por amor a la comodidad, como los parásitos, como todos los que están obligados por la necesidad y el vicio a pagar con dinero de palabras una gracia, una complicidad, un contrato, un favor del amigo que está allí arriba.

Se miente por miedo, para escapar de un peligro, o salvarse de un castigo por corrupción, para evitar tal verdad a punto de ser colgado un nombre cómplice en internet o aparecer en tal televisión, por el odio o la vergüenza. Se miente por vanidad, para parecer sabios, importantes, admirados, más de lo que somos, para dar prueba de ingenio, para hacer creer que sabemos más que los demás, para engrandecer nuestra familia, nuestras amistades masculinas o femeninas, nuestro trabajo.
Se miente por juego, desilusiones ridículas. Se miente por piedad o complicidad para no descubrir un desfalco, para no destruir la paz de un traicionado, para volver menos crudo un rechazo.
Se miente, en fin, por ignorancia, por olvido, por imbecilidad y hay quien miente sin motivo alguno, quien miente por mentir. Y no se miente sólo con palabras: a veces hasta la mirada ambigua, o desviada, el gesto falso.
También mienten los que envían anónimos y los espías que maquinan para lograr tal fórmula o tal prebenda, por resentimiento o por dinero, por droga, por lo que ha hecho tu marido o tu esposa o tu padre en ciertas horas, ciertos días, ciertos años, en años lejanos, lo que sucedió realmente en tal periodo histórico o cambio político, en un tiempo y espacio en que hubo miles de testigos, que se supone han olvidado.
Es notable la gama de posibilidades que surgen de la naturaleza humana, la tendencia a mentir y su variedad. La especulación y la fantasía están siempre presentes.
Y no hablemos del que tiene el hábito de mentir constantemente al cual se le puede definir como mitómano. Esta patología es una tendencia del carácter de la persona a mentir y a crear historias inventadas o simuladas.
Lo que busca una persona mitómana es siempre obtener algún provecho, las invenciones son un truco sin fin pero con un fin. El mitómano es un individuo inestable, que se sugestiona y que generalmente actúa con falsedad. Aunque al comienzo la simulación o la mentira son un hecho consciente, luego se verá a sí mismo como parte de su juego. El mitómano encuentra que todos los medios son buenos para modificar la realidad: las mentiras, fábulas, simulación de enfermedades mentales y físicas, entre otras.
Ante la victoria de la mentira sobre la verdad por todas partes y de manera casi impune, los científicos se apresuran por encontrar un antídoto que es casi una epidemia
Dicho en otras palabras: acaba creyéndose sus propias mentiras. Sin embargo la caída en su propia falsedad es una convicción frágil y por lo tanto siempre reversible. Con ayuda de especialistas se le puede descubrir más fácilmente quizás que al mentiroso ocasional -por algo concreto- pero digamos también que el mitómano puede curarse, con voluntad y un cambio profundo en la manera de pensar.
Una solución científica para detectar la mentira y los estudios que se hacen en la Universidad Nacional de México
Ante el panorama que hemos trazado de la victoria de la mentira sobre la verdad por todas partes y de manera casi impune, los científicos se apresuran por encontrar un antídoto a algo que es casi una epidemia. Diáspora examina los más relevantes estudios: la resonancia magnética funcional es uno de los métodos más certeros que se hallado para detectar mentiras.
La Dra. Feggy Ostrosky lo explica desde la Universidad Nacional Autónoma de México.
Feggy Ostrosky, directora del Laboratorio de Neuropsicología y Psicofisiología de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México, dice que las personas no somos muy sensibles para detectar un engaño. A pesar de que se han popularizado algunas herramientas, la realidad es que detectar una mentira es un proceso de suma complejidad. Incluso utilizamos claves erróneas, como suponer que quien miente “no mira directamente a los ojos cuando se le habla o se le cuestiona”.

En diversos estudios se han identificado algunas regiones cerebrales relacionadas con el acto de mentir, así como su actividad neuronal en tiempo real. Entre otros hallazgos, se ha asociado una participación del giro inferior frontal, la corteza anterior del cíngulo y la corteza prefrontal. Este tipo de correlaciones hace que algunos instrumentos sean candidatos más certeros para detectar mentiras.
La decisión de mentir
Por ejemplo, refiere Ostrosky, se ha utilizado una banda con sensores colocada alrededor de la frente para identificar cambios en el metabolismo cerebral de la corteza prefrontal. Por su relación con la toma de decisiones, esta área podría detectar si las personas toman la decisión de mentir. Su ventaja es que detecta la actividad encubierta de la corteza prefrontal antes de que el sujeto responda verbalmente, explica la especialista.
Existe además otro método conocido el instrumento que probablemente tenga más oportunidades es la resonancia magnética funcional, que mide los cambios en la concentración de sangre oxigenada cada pocos segundos, en relación con la actividad neuronal del cerebro.
Por ejemplo, durante un experimento con 18 voluntarios, este sistema detectó que cuando los participantes mentían se producía un incremento de metabolismo en la región superior de la corteza prefrontal y en la corteza anterior del cíngulo involucrada en las emociones, la toma de decisiones y en la resolución de conflictos. El psicólogo Daniel Langleben, de la Universidad de Pensilvania, encargado del estudio, calculó que este método alcanzaba hasta el 88% de exactitud.
Aunque continúan las investigaciones, ya existen corporaciones que ofrecen la aplicación de resonancia magnética funcional como un detector de mentiras más confiable que el polígrafo.
Honestidad neuronal
La razón de la alta confiabilidad que ha reflejado esta técnica podría ser, de acuerdo con los expertos, que nuestro cerebro está programado para decir la verdad. Por ello, cuando mentimos, el cerebro se esfuerza para cancelar el decir la verdad e inventar algo diferente; de ahí que se generen procesos que se traducen en la actividad neuronal de las distintas regiones cerebrales.
Pero no todos coinciden en la infalibilidad del mecanismo. Un informe de la NAS, que evaluó tan negativamente el polígrafo, señala que los estudios de resonancia magnética funcional “tienen limitaciones similares a los de la investigación típica de laboratorio con polígrafo”. Es decir, enfrenta desafíos en situaciones de la vida real, donde los interrogados no necesariamente reaccionan igual que durante un experimento de laboratorio. Tampoco son certeros cuando una persona íntimamente ha convertido una mentira en “su” verdad, o bien si se aplican a personas con alguna patología que provoque que su cerebro simplemente esté incapacitado para distinguir entre verdad y ficción.
Los psicólogos consultados en relación con el nuevo sistema que desarrolla la doctora Feggy Ostrosky han visto grandes ventajas en su sistema de resonancia magnética sobre el polígrafo que ya ha tenido suficientes oportunidades en los EE.UU en el área de investigación criminal y judicial y no las ha aprovechado. Así que hay que darle a la neuropsicóloga mexicana una oportunidad para estudiar sus sistemas sobre el terreno.
Seguiremos informando…
Añade tu comentario
Comentarios de La neuropsicóloga Feggy Ostrosky desarrolla un sistema para detectar la mentira superior al polígrafo
Pedro (27-01-2012 15:53)
Sobre esta noticia
Autor: Diasporaweb (470 noticias)
Fuente:
Visitas de esta noticia: 1317
Tipo: Reportaje
Esta noticia se publica con licencia: Distribución gratuita












