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Ni libertad, Ni tolerancia

22/03/2011 16:14 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Después de más de 130 años de historia, el socialismo español sigue siendo, en realidad, fiel a sus orígenes. Los cambios que se han ido introduciendo a lo largo de los años en su estructura y en su doctrina son, pura y sencillamente, cambios cosméticos para seguir subsistiendo. El comportamiento político de los socialistas actuales desmiente que el abandono del marxismo, producido oficialmente en tiempos de Felipe González, haya sido real y sincero. Su actitud intelectual es muy similar a la de los socialistas de la República Española, que presumían sin complejos de su carácter claramente marxista y revolucionario. Como en los mejores tiempos de Francisco Largo Caballero, las manifestaciones cristianas continúan siendo, cuando menos, claramente sospechosas e incluso rechazadas de manera frontal.

Es cierto que el famoso movimiento de "Cristianos por el Socialismo", creado en el Chile de Salvador Allende en 1972, comenzó a implantarse en España al año siguiente y, poco a poco, se fue extendiendo por toda la península. Era una nueva manera de vivir la fe desde una opción socialista, utilizando de manera explícita el típico análisis marxista de la historia. Aunque "Cristianos por el Socialismo" se esforzó denodadamente por conquistar amplios espacios de pensamiento y de reflexión, nunca logró afianzarse con solidez más que en ambientes exclusivamente socialistas o comunistas. Normal que fuera así, pues nunca se buscó una manera razonable de compatibilizar Fe y materialismo. Los creyentes de izquierda debían abstenerse simplemente de hacer públicas en la Iglesia sus propias convicciones políticas.

Los partidos políticos adscritos a la ideología de izquierdas alentaron intencionadamente la implantación de "Cristianos por el Socialismo" entre sus filas, pensando que de esta manera contaban con una valiosa avanzadilla dentro de la Iglesia. Pero dicho movimiento apenas si hizo adeptos entre los católicos tradicionales, ya que es obvia la visión puramente materialista que el socialismo militante tiene del ser humano. "Cristianos por el Socialismo" tampoco influye de manera real entre los socialistas, ya que se trata de una corriente muy minoritaria. De ahí que la mayor parte de las leyes promulgadas por el socialismo, referidas a la concepción del ser humano, sean frontalmente incompatibles con la auténtica doctrina cristiana, imposibilitando así una relación fluida y constructiva con la Iglesia en un "marco de diálogo y serenidad".

Aún suponiendo su buena voluntad, los socialistas cristianos carecen de poder real, dentro de su partido, para frenar eficazmente esa carrera desenfrenada emprendida por el socialismo mayoritario para modificar de manera sustancial el sustrato moral en España. Aunque protestaran, que públicamente al menos no lo hacen, no iban a ser escuchados, ya que el socialismo conserva ese carácter anticlerical con el que nació y que, de una manera u otra, condiciona todas sus actuaciones. Y los miembros de la cúpula dirigente, aunque a veces jueguen al despiste y se vayan a Washington a rezar con Obama, aprovechan cualquier ocasión para molestar a los pacientes católicos y, en definitiva a la Iglesia.

Tenemos bien reciente el caso de la basílica pontificia de la Santa Cruz del Valle de los Caídos que, sin explicación alguna, se cerró al culto religioso por orden gubernamental, aunque, dada la admirable respuesta de la ciudadanía, no han tenido más remedio que dar marcha atrás. Donde sí están teniendo éxito desgraciadamente es en las universidades públicas. A pesar de que la Universidad debiera ser todo un templo de la libertad y de la tolerancia, se aprovechan de la pasividad de algunos rectores, y a veces de su connivencia y complicidad, para contagiar de ese anticlericalismo a los grupos más radicales de los estudiantes. Y estos grupos de indeseables, que presumen de "progres" y utilizan la intolerancia como bandera, son cada día más activos y más numerosos.

El primer ataque laicista serio ocurrió en la Universidad de Barcelona, el 10 de noviembre del pasado año, precisamente tres días después de la visita del Papa a Barcelona. En esa fecha, un grupo de jóvenes fanáticos, con una actitud más propia de la guardia pretoriana de Adolfo Hitler que de alumnos universitarios, comenzó a boicotear los actos católicos que se celebraban en la capilla de la Facultad de Económicas de la Universidad de Barcelona. Los actos vandálicos fueron en aumento, logrando así provocar el cierre temporal de dicha capilla. También fue cerrada al culto la capilla de la Universidad de Valladolid, aunque aquí, el responsable del cierre fue el nuevo rector Marcos Sacristán. Para justificar su actuación, aduce unas circunstancias sumamente peregrinas: se cierra, dice, por motivos de seguridad y porque la Universidad es una institución pública y no es lógico privilegiar a una opción religiosa sobre las demás restantes.

Al igual que en la Universidad de Barcelona, la Universidad de Madrid comenzó a soportar la actuación malvada de estos grupos de jóvenes fundamentalistas que acosan despiadadamente a los universitarios católicos. El propio Cardenal Antonio María Rouco Varela se vio obligado a suspender una conferencia en la Autónoma, por las amenazas de estos universitarios ganados para el laicismo más radical. El acoso de estos mozalbetes exaltados, con más pintas de energúmenos que de universitarios, se fue intensificando constantemente, y fue adquiriendo especial dureza en la Universidad Complutense. Y el primer objetivo de estos mozalbetes sectarios, al igual que en Barcelona, son las capillas católicas adscritas a la Universidad, y preferentemente las cinco que dependen de la Complutense.

El acoso a los sentimientos católicos en la Universidad, por parte de estos grupos laicistas, es constante y buscan sin desmayo la desaparición de todos los espacios religiosos que mantiene la Iglesia Católica dentro de las instituciones universitarias. Por eso, haciendo gala de mal gusto, las asaltan impunemente y hasta las profanan de manera obscena, como es el caso de la capilla del campus de Somosaguas. Y de paso, insultan y se burlan de cuantos católicos encuentran en su interior. Todo un ataque miserable, perfectamente programado, contra la libertad religiosa y la libertad de conciencia.

Esta visto que, como consecuencia de la política implantada por los socialistas, la Universidad cada vez es menos una escuela de educación. Ha desaparecido de ella desgraciadamente toda muestra de respeto y de civismo, y su lugar va siendo ocupado por la más desaforada ley de la selva. Y entretanto el rector de la Complutense, Carlos Berzosa, da muestras fehacientes, si no de connivencia complaciente con los hechos, sí, al menos, de una exagerada pasividad ante el comportamiento belicoso de estos intolerantes inmaduros. En vez de sobrar estas capillas en los centros públicos de enseñanza tal como él ha insinuado, quien de verdad sobra es el propio Berzosa, un rector advenedizo que no sabe o no quiere garantizar la libertad en el ámbito de la Universidad Complutense.

José Luis Valladares Fernández

Criterio Liberal. Diario de opinión Libre.

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