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Niños con hambre y pobreza en España

04/11/2013 21:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Existen miles de niños que padecen malnutrición y hambre, que únicamente sobreviven de la solidaridad de instituciones o personas que extienden su mano aportando humildemente lo que pueden. Una situación insostenible derivada de una equivocada política economica

 

En Barcelona hay más de 2800 casos de niños  que pasan hambre, que sufren carencias alimentarias y desnutrición. Sumemos a éstos los casos de Andalucía (12000), de Valencia, de Galicia, de Madrid, etc. etc. Desamparo, angustia y falencias físicas que trasmutaran en graves secuelas en su vida futura.

Comedores, parroquias, ONGs no dan abasto para paliar esta situación de extrema pobreza que se ha generado en el “llamado primer mundo”. Situaciones éstas que solíamos ver desde la platea, sin siquiera presentir que las protagonizaríamos en carne propia.

Todo ello mientras observamos con estupefacción  escandalosos casos de corrupción, despilfarro y “mágico” enriquecimiento de desaprensivos personajes que no han dudado ni un ápice en bregar por sus propios intereses, haciendo perecer los de ciudadanos dignos, cuyo único capital radica en lo producido por su propio esfuerzo, por su trabajo honesto.

Lujos, derroche, intolerancia y ensayada ignorancia por parte de las autoridades de la verdadera situación que está padeciendo la sociedad. Viven mimados de caprichos, extravagancias y excentricidades, insensibilizados entre las esencias de fragancias puras y las sofisticadas marcas de moda que consumen sin ningún atisbo de remordimiento. Todo ello mientras la desocupación, el desempleo, la miseria acecha en cada esquina, en cada hogar de ciudadanos que únicamente aspiran a tener un trabajo decente con el que puedan satisfacer las necesidades elementales de su familia. Un plato de comida, abrigo, techo, sanidad y educación.

Los niños y adolescentes que representan el futuro del país, viven condenados a la mediocridad de un entorno oscuro y desalentador que no parece vislumbrar salida alguna. Sus padres esconden avergonzados las lágrimas y el dolor de no poder satisfacer las insuficiencias  fundamentales y naturales de sus hijos, junto a la impotencia de ver truncadas sus vidas ante la inseguridad de poder proporcionar a sus familias una situación digna y sólida. Muchos ocultan la vergüenza de la mendicidad, o la rabia del despilfarro que se aprecia en quienes han sido los mayores responsables de este presente opaco. Son los mismos que buscaron “hurgando” en cada elector un voto para ganar las elecciones generales, realizando promesas cuyas palabras a “volado” el viento. Un programa de gobierno ficticio que garantizaba la creación de empleos cuando el paro aun rondaba el 22, 85% cifra ya de por si escandalosa y que el gobierno actual se comprometió a disminuir, sin embargo sigue en ascenso. Año tras año intentan convencernos que en un futuro cercano esta situación cambiara, pero lo que ocultan y soslayan decir es que tiende a empeorar, dado que su política económica e insolidaria gestara más desocupación y pobreza. Un enriquecimiento ilícito para unos pocos y un empobrecimiento en masa, peor que la depresión padecida en los años 40. En aquella recesión económica existían carencias fundamentales, escasez de productos, enfermedades y hundimiento de salarios, en suma una historia que vuelve a repetirse. También se dio como en la actualidad la recuperación de beneficios y privilegios en favor de los empresarios;  subvenciones y favoritismos a la banca, así como el florecimiento insolente de la “casta” de estraperlistas. Aves rapaces que únicamente han “trabajado” para asegurar su supervivencia en óptimas condiciones  de solvencia y bienestar a costa de la bancarrota de otros.

Ante esta situación lastimosa e insolidaria, increíblemente muchas empresas del sector alimentario aplican extrañas políticas comerciales, prefiriendo “botar a la basura” alimentos que podrían perfectamente satisfacer las necesidades de muchas familias afectadas por esta injusta crisis. Productos caducados o a punto de estarlo, son destinados a los contenedores en lugar de ser donados o repartidos entre aquellas personas que ya han agotado sus recursos para poder alimentarse o alimentar a sus familias.

Hasta hace unos pocos años atrás solía parecer raro ver como se apilaban personas al final de cada jornada a la espera de hurgar la “basura” de las grandes superficies, hoy se ha convertido en una macabra realidad a la que cada día se suman más personas. Duele ver la desesperación pintada en el rostro de quienes su único delito consiste en intentar paliar una situación insostenible. Acongoja comprobar los límites insospechados que puede alcanzar el egoísmo humano que no mira las nefastas consecuencias de sus “decretos o medidas económicas”. Un egoísmo hostil que ha causado impredecibles estragos y desgracias, sin menoscabo  del provecho y lucro percibido.

Largas filas de personas sortean los alimentos que han sido desechados sacando de los contenedores de los supermercados, intentando desesperadamente mermar el rugido de sus estómagos vacíos. Una de los factores mas llamativos de este “despilfarro” de alimentos, es que la mayoría de ellos se encuentran en perfectas condiciones de consumo, algunos cuyos envases presenta un pequeño deterioro o cuya caducidad se producen en las siguientes 48 horas. Viviendo situaciones de extrema pobreza como viven miles de familias en este país, lo más atinado seria donárselas y no arrojarlas al contenedor.

Existe hambruna y malnutrición por parte de las mismas victimas inocentes de siempre “niños”. El 25% de los niños españoles sufre malnutrición, con las lamentables consecuencias que ello acarrea a su salud: debilidad, palidez, anemia, problemas dentales y estar expuestos a diversas enfermedades. Pero además de la malnutrición ahora hay que agregar la hambruna, los estómagos engañados por un vaso de agua en lugar de recibir una ración de comida que los alimente y los nutra para un sano crecimiento y desarrollo. Y no es del tercer mundo del que hablamos, es aquí y es ahora. ¿Cómo es posible que se desechen 8.000.000 toneladas de comida al año a la basura por parte de  supermercados, restaurantes, mercadillos, viviendo esta gravísima realidad? . Es tan inverosímil e incoherente como inhumana.

Actualmente hay aproximadamente 1000000 de personas que pasan hambre, mientras los  supermercados solo donan 20% de los productos que  tiran. Cada día hay más personas que viven situaciones realmente lastimosas, personas que ya no poseen ingresos, ni ayudas, ni viviendas. Son ciudadanos honestos, cuyo único sueño consiste en poder encontrar un trabajo con el cual poder ganarse el sustento decentemente para sus familias.

Encontrar un puesto de trabajo decoroso resulta una quimera gracias a la permisivas reformas que se  han oficiado e instrumentando, otorgándoles a los empresarios  herramientas que son realmente “armas de exterminio y escarnio masivo de los derechos inalienables de los trabajadores”. Seguimos un descenso imparable de pérdidas de poder adquisitivo, una caída en picada de rebajas salariales y de escandalosos abusos sociales. Todo se sintetiza en una frívola política laboral de   “Tómelo o déjelo”, igualmente hay una larga lista de aspirantes, esperando la oportunidad de ser favorecidos con un contrato basura, que se aproveche y se lucre de la necesidad y la impotencia de quienes sufren la desesperante pandemia del desempleo.

Una de las ocupaciones que va en aumento lamentablemente, es la de “hurgadores y recolectores”, ya no son aquellas escasas personas que vivían a la intemperie o en frágiles “casas” construidas de chapa, cartón o madera. La cifra va en aumento, proporcionalmente acompasado por el ritmo acelerado con que se apagan las ilusiones de un cambio favorable a corto plazo.

Increíblemente algunos organismos gubernamentales amenazan con penalizar a quienes revuelvan contenedores de basura, como si se tratara de delincuentes. El Ayuntamiento de Madrid inclusive puede llegar a cobrar multas de hasta 700 euros por hurgar en la basura; sería más que lamentable que se aplicara esta normativa, porque quienes desesperadamente hacen uso de esta actividad, lo hacen como último recurso, no podrían pagar ninguna sanción económica y serian procesados por intentar calmar su “hambre”.

La realidad es muy diferente de la que intentan "pintar" con variados colorines, cuando en realidad predominan negros y grises

 En esta situación vemos actualmente  a personas de todas las edades, vestidas dignamente, personas que han quedado en la calle, desamparados debido a la crisis actual y que no poseen ningún otro recurso. Son quienes han quedado a merced de los vaivenes socio-económicos insensibles, que se ha cebado con la clase más débil e indefensa. Éstos irónicamente son quienes con su esfuerzo reactivan la economía de un país, pero para ello es menester que se instrumenten las medidas adecuadas, que se garantice la estabilidad laboral y económica de la población y se acabe de beneficiar únicamente a quienes aprovechan estas circunstancias para enriquecerse aún más.

Son personas anónimas, pero ciudadanos con los mismos derechos que aquellos que impunemente nos “refriegan” su estado de bienestar acudiendo a hoteles cinco estrellas, restaurantes lujosos. Personajes que se movilizan en coches de alto standing o que vuelan en “first class”, pagando sus excesos con dineros públicos y que además intentan convencernos que “España va bien”, o que citan números y porcentajes “fantasmas” para demostrar que estamos saliendo de la crisis. Y lo más triste de todo esto es que es otra mentira.

 Ante esta situación calamitosa que vivimos millones de personas en este país ¿Cómo es posible que estemos saliendo de la resección, de la crisis o del desempleo? ¡Quién puede creer tamaña mentira!, cuando con solo mirar alrededor comprobamos los desahucios, la agonía que viven día a día quienes integran la mayor plantilla de la empresa más grande de Europa “el Paro”.

Para que esta situación cambie radicalmente es necesario que la economía se reactive, y para que esto suceda es imprescindible que haya “consumo interno”, algo totalmente imposible porque “no hay circulante”. Dicho de otra manera más popular “no hay dinero” y no hay porque hay casi 5000000 de parados, porque estos parados, muchos de larga duración ya han agotado sus prestaciones y los que aun la perciben… ¡no les alcanza ni para pagar los suministros!. Si no hay trabajo no hay dinero y por ende no hay consumo de nada, porque los trabajadores no tienen dinero para gastar y a consecuencia de esto las empresas deben dejar de producir porque no tienen a quien colocarle sus productos. Ninguna empresa que produzca puede seguir adelante si no   “vende”. Es un poco aquello del pez que se muerde la cola, pero la solución no es precisamente seguir ajustando el cinturón de quienes son mayoría y pertenecen al la clase activa del país, porque de ellos depende la reactivación de la economía y la producción.

Lo más espectacular de esto es que viendo que el camino emprendido no los conduce a ninguna parte, insisten con medidas que podríamos llamar “inconstitucionales e ilegales” tales como por ejemplo seguir devaluando los salarios ya de por si rancios, las prestaciones (pensiones, jubilaciones y desempleo) y aumentar eso si, por supuesto la “edad de jubilación”, bajando respectivamente los porcentajes que se percibirán. ¡Esto me suena a indecente!. Formamos parte del grupo de  damnificados que somos el blanco perfecto de un magistral robo a mano armada que se está perpetuando ante nuestros atónitos ojos y no hacemos nada para impedirlo.

El dinero de nuestros aportes a la seguridad social, debe ser intocable, sin embargo está siendo utilizado para otros fines, poniendo peligro nuestras jubilaciones. Aunque si debemos trabajar hasta los 70 años como pretenden, a lo mejor sería más conveniente que en lugar de verter nuestros aportes a la seguridad social, como lo hacemos mientras estamos en activo, lo ahorráramos y así nos aseguraríamos contar con un dinero para cuando llegue el momento de retirarnos… ¡Si igualmente a esa edad muchos seguramente ni llegaremos a jubilarnos…!

Con todas las reformas que han elaborado tan meticulosamente, lo único que han logrado es ponernos más aun con la soga al cuello. Aunque sería atinado pensar que esta era la intención. Los trabajadores hemos perdido derechos y poder adquisitivo y también algo invaluable “autoestima”, nos han denigrado y discriminado al más puro estilo de una época odiosa de “esclavitud y sometimiento” supuestamente abolida y obsoleta.

Todo gira en torno a conveniencias de diversas índoles, hasta para sacar un simple carnet de conducir es necesario bajar la cabeza y prácticamente suplicar que no te suspendan, porque es imposible pagar más clases prácticas. Sufrimos la humillación de que hasta lleguen a caratularnos a algunos  de “mayores” y nos suspendan por esta razón aunque no se haya cometido ninguna falta ni leve ni grave!!! ¿Existe aquí también corrupción?, no me extrañaría… Lo que sí es lamentable es que estemos a merced de personajes que se han erigido ellos mismos en “poderosos” para someternos y humillarnos y que el sistema lo permita.

Un trabajador que ha sufrido un despido improcedente, un ERE, o simplemente ha sido un instrumento “negociable”,  ha sido lapidado, aniquilado profesionalmente. Dentro de unos meses escucharemos discursillos anunciando que el paro ha disminuido, porque seguramente intentaran convencernos con sus borroneados números, que hemos mejorado y que se han creado puestos de trabajo. Sera un nuevo intento de engatusarnos, creyéndonos ignorantes,  intentando que no nos percatemos que en la campaña de Navidad suelen generarse algunos puestos de trabajo “eventuales y puntuales” que son solo eso “temporales y efímeros”.

¿Qué servirán en sus mesas esta Navidad y Año Nuevo el 26% de la población que está en el paro? ¿Qué le regalaran a sus hijos en Reyes?... Ni siquiera es una incógnita, sino una agónica respuesta “nada”, mientras quienes son los encargados de velar por nuestros intereses cubrirán sus mesas abundantemente y regalaran objetos costosos y muchas veces innecesarios a sus hijos. ¿Esto es justicia social?...

¿Existe la conciencia o la vergüenza?, me temo que estos dos términos han desaparecido del diccionario de muchos integrantes de la selecta cúpula de gobierno. Sin embargo es en la gran masa de la población donde sí existe conciencia y ésta reside en aquellos que intentan tender la mano a quienes más lo necesitan, quitándose muchas veces un trozo de pan de la boca para compartirlo. En cuanto a la vergüenza, también la poseen quienes sienten el escarnio y la afrenta en su propia carne de tener que mendigar para apagar los extraños ruidos procedentes de los estómagos vacíos de sus hijos, y a pesar de ello siguen luchando cada día intentando encontrar una salida, aunque ésta se presente sellada.

Sería conveniente que propiciáramos un cambio radical a un sistema que nos ha arrastrado al vacío mas absoluto, pero para ello en imprescindible un “desarme” total del actual sistema democrático, que nos cuesta carísimo mantener y sostener. Existe un sobrepeso excesivo que multiplica varias veces los gastos y las erogaciones del Estado, manteniendo puestos irrelevantes e innecesarios. Esta regulación nos permitiría ahorrarnos muchísimo dinero, y comenzar a “recortar” con tijeras afiladas, dilapidaciones escandalosas. Reducir impuestos a la clase obrera y administrarlos adecuadamente a quienes se han lucrado beneficiándose de privilegios y franquicias inmorales.

Es imprescindible que asumamos nuestra responsabilidad civil y actuemos en consecuencia. Nadie, absolutamente nadie hará por nuestro propio bienestar más que nosotros mismos. Ya hemos probado diferentes “fórmulas medicinales” que no han  siquiera minimizado la enfermedad, es hora de practicar una cirugía agresiva que arranque de cuajo el cáncer que padece esta sociedad. Esta afección mayormente proviene de la mala administración y política engañosa llevada a cabo por quienes solo han perseguido alcanzar sus propias metas arribistas. Basta ya de discursillos baratos y prediseñados que van diseminándose por el mundo entero dando una imagen equivocada de la realidad que padecemos.

 


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Autor:
Carolina Martin (101 noticias)
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