Globedia.com

×
×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
cross

Suscribete para recibir las noticias más relevantes

×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Carolina Martin escriba una noticia?

Los niños y la sociedad actual

23/08/2013 11:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Una sociedad diferente, solidaria, equitativa y mas justa es posible si somos capaces de concienciar a nuestros hijos de esta imperiosa necesidad. La hambruna y la esclavitud infantil deben ser erradicadas del planeta, depende de cada uno de nosotros

 

La infancia es una de las etapas más importantes del ser humano. Aquí se construyen las bases, los cimientos de lo que será el futuro adulto. El entorno en el que crezca, los parámetros dentro de los que se mueva, el ejemplo que reciba, será el espejo  en el que se refleje, todo ello contribuye a su educación y a su raciocinio.

La educación a la que tenga acceso y el ámbito en el que resida serán fundamentales para su formación. Por ello es imprescindible que desde muy pequeño se rodee de afecto, que disfrute de una vida tranquila, hogareña, rodeado de sus afectos así como de  los cánones que sus padres pretendan darle en heredad.

Más que una cuantiosa herencia material, el niño necesita recibir un legado generoso en valores. Su mayor patrimonio deberían ser los principios básicos para desenvolverse en la sociedad actual, el respeto a la vida, a las personas, a las instituciones.

Respeto sí, no sometimiento, no sumisión ni servilismo, porque no es así como debe fusionarse la sociedad. Muchas veces  rodeamos a nuestros hijos de objetos inútiles, de efectos  materiales para suplir de alguna manera las posibles carencias afectivas, y esto no resulta beneficioso para ellos de forma alguna.

El móvil de última generación, la play station, la televisión en 3D, el ordenador más sofisticado, no son tan necesarios como una caricia, un reconocimiento, un beso, una conversación distendida y educativa, sin que ésta raye en tediosa. ¡Libros!... Uno de los mejores amigos del hombre genéricamente hablando, al igual que el perrito al que debemos enseñarles a responsabilizarse de él, a hacerse cargo de sus necesidades, de sus cuidados.

Los ejemplos a recibir son los que lo marcarán para el resto de su vida. Si crece en un hogar armonioso donde sus padres dan cumplimiento a sus respectivos roles, educando atinadamente dentro del cariño, seguramente este niño se convertirá en un adulto respetuoso, responsable y seguramente solidario.

Si por el contrario crece dentro de un hogar tocado por la violencia ya sea psicológica o física, una familia donde sus miembros están desmembrados y no se respetan mutuamente; donde el día a día sea una realidad de gritos, insultos o malos hábitos lingüísticos… El “hombre” en ciernes será de mayor un adulto resentido, indolente, intolerante y seguramente posea una conducta agreste y violenta.

Los niños adoptan o imitan a sus padres, éstos son su mayor referente, aunque luego le impriman su sello personal. Los valores, la ética y la moral son materias que se aprenden en el hogar y que se gradúan en el diario convivir de la  escolaridad y de  la vida misma.

Muchas veces la apatía de algunos padres durante la infancia, los lleva a delegar en abuelos, cuidadores, centros de acogida o en la misma calle, estas asignaturas y son quienes en definitiva ofician de educandos.

 Dejándolos desde muy pequeños a su libre albedrío, reuniéndose con ellos “esporádicamente” a la hora de la cena o durante los fines de semana, serán únicamente hijos biológicos. Se enfrentaran a unos hijos de “forma”, niños  que se perfilan como perfectos desconocidos por que no han  participado de su vida, de sus experiencias, de sus inquietudes y desconocen sus anhelos o sus sueños.

Estos niños adoptaran tesituras diversas que pueden conducirlos por el buen camino o por el lado oscuro de la vida.

Debido a todo ello, a los dispersos y los que son saturados de enseres materiales nos encontraremos frente a frente con un gran porcentaje de  la generación actual.

Adolescentes o jóvenes que fuman porros, se drogan, beben alcohol desde edad demasiado temprana y que al entrar en la juventud sufren de hastío y aburrimiento. Eso sucede mayoritariamente en las sociedades del primer mundo, el ejemplo más preciso y caótico lo representa la sociedad norteamericana donde cada poco tiempo vemos noticias pavorosas protagonizadas por adolescentes, aún niños que empuñan armas de fuego como si fueran juguetes. Matan a sus pares sin motivo alguno, desluciendo y menoscabando el valor de la vida humana.

Si acabamos con el genocidio de la humanidad, aparcando egoísmos, ambiciones y materialismos absurdos, otro futuro podría estar esperándonos

Son adolescentes que envilecen y mancillan a la sociedad  decadente en la que vivimos, son ejemplos vivientes de que el materialismo no es un buen conductor.

En sociedades del llamado “tercer” mundo el comportamiento suele ser bastante diferente. Éstos carecen de prácticamente todo, muchos ni siquiera llegan a conocer los juguetes y su infancia transcurre no precisamente acudiendo al colegio, sino realizando trabajos duros e insalubres que ayudan a sus mayores a “sobrevivir”.

 Son más de 150 millones los niños que son explotados laboralmente, trabajando en minas en condiciones infrahumanas, o en  otros trabajos que de por si para un adulto son devastadores o desatinadamente integran ejércitos. Su infancia les es arrebatada impunemente. Son más vulnerables a dejarse llevar por la violencia, sin embargo crecen respetando a sus mayores y acatando órdenes. Los extremos son malos, lo ideal radica en un conciliador término medio, algo difícil de lograr pero no imposible.

 Quienes realmente estamos fallando somos los adultos, somos responsables directos de haber torcido el rumbo. Nos hemos convertido en una sociedad consumista, donde prevalece el valor del dinero y no el del ser humano.

Hemos permitido ser “gobernados” por personajes recortados de un catálogo snob de modas y les hemos permitido “lucrar” a nuestra costa. Esto también sucede en países tercermundistas porque viven reflejados en el primer mundo. Son una fotocopia de nuestra sociedad permitiéndose al igual que nosotros  rodearse de lujos superfluos mientras el ciudadano común, el trabajador pasa necesidades o carece de lo más elemental para la supervivencia.

Grandes señores  viven en palacios o lujosas casas, en países “bananeros” mientras el pueblo no tiene ni para darle un plato de comida a sus hijos. Más de 25.000 niños mueren de hambre por día en el mundo, 2.000.000 de niños murieron en los últimos 10 años en guerras injustas y lamentablemente siguen muriendo. No hay más que mirar los noticieros y ver el efecto resultante del uso de  armas químicas que recientemente han acabado con la vida de inocentes en Siria. Estos datos son la vergüenza de la sociedad actual. Hay millones de niños que no llegan a superar el mes  de vida y medio millón de madres que mueren al dar a luz. En una sociedad donde la tecnología domina el mundo, donde millones de personas acceden a diversas “comodidades”,  donde existen puntos específicos del planeta en el que se tira al contenedor la comida… no debería existir la hambruna. Sin embargo permitimos que se multiplique y continuamos siendo indolentes y mezquinos en nuestro deambular  por la vida.

Es normal torcer la cabeza y desviar la conversación, no pensar y apagar la televisión. Pero con estos gestos egoístas de la sociedad actual no se solucionan los problemas. No se acaba con la explotación infantil, ni con la hambruna, ni con las muertes injustas por faltas de vacunas o antibióticos.

Por todo ello, si pretendemos vivir en un mundo mejor es necesario e imprescindible que cambiemos nuestro chip y seamos ejemplares para legarles a nuestros hijos un mundo más justo.

Lo primero que debemos hacer es cambiar esta sociedad. Rejuvenecerla con un activo tratamiento que lime las asperezas y grietas que ha ido acumulando. Hace unos días un lector me desafió en un artículo anterior a que expusiera como debería ser la sociedad ideal. Mi respuesta no se hizo esperar dado que es lo que ciertamente pienso.

La sociedad mundial debe  transformarse, crecer, virar el timón y navegar por el mar embravecido en busca de un nuevo horizonte que nos permita alcanzar un nuevo amanecer.

 La riqueza  no está balanceada correctamente, es un enorme pastel mal repartido, pero  no es  mi intención ni me incumbe opinar sobre ella. Felicito sí a quienes la poseen y sería deseable que sean capaces de hacer buen uso de ella. Esto depende de su sentido de la caridad y solidaridad cristiana.

Lo que sí creo, es que la sociedad debe transmutarse y ser equitativa, solidaria y poseer un bien muy preciado que se llama “justicia social”. Existen ejemplos en el mundo donde ser parte del gobierno no implica “ventajas” sino obligaciones y compromisos. Sobre todo responsabilidad, sin lujos ni privilegios, con salarios normales o puestos honorarios. Un funcionario que existe para la función y no la función para el funcionario. Esto no es un simple juego de palabras, significa mucho en su contenido y así debe entenderse realmente.

Financiar una nación con los recaudos erogados  de los impuestos provenientes de la población e invertidos convenientemente para dar cumplimiento a todas y cada una de las necesidades de la sociedad, ese es un sistema justo y solidario, sin excesos, sin despilfarros. “Gobernantes” que sean realmente representantes del pueblo, que cumplan con todos los ítems convenidos y no tergiversados convenientemente.

Si la sociedad mundial fuera capaz de poner el freno a fondo y detener este sin control en el que vivimos, sería posible vivir más decorosamente y acabar de verdad con el genocidio con el que convivimos sin detenernos siquiera a meditar sobre ello. Para que esto suceda y no sea simplemente una “quimera” es imprescindible tomar conciencia, y trasmitir convenientemente a nuestros hijos esa necesidad. Deponer el egoísmo, el materialismo, la ambición desmesurada, la codicia y la sed enfermiza por el poder a todo coste,  es de esperar que den sus frutos a corto o a mediano plazo.

 


Sobre esta noticia

Autor:
Carolina Martin (101 noticias)
Visitas:
1721
Tipo:
Opinión
Licencia:
Distribución gratuita
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.