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“No soy racista” o “No soy racista, pero…”

24/08/2018 01:48 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Pretendiendo clasificar y agrupar (según color) se generaliza (delincuentes), creando prejuicios siempre negativos (miedo, desconfianza) que lleva al racismo

Las dificultades del inmigrante en establecerse por cuenta propia, con leyes restrictivas para conceder permisos de trabajo, dificultades en encontrar vivienda, aumento de los alquileres, falta de ayudas públicas, con un claro ejemplo de injusticia estructural, dificultades en encontrar un local para un negocio, por ello, existen voces que subrayan que los inmigrantes buscan comercios que han sido dejados por comerciantes autóctonos después de una jubilación o por su escasa rentabilidad. El hecho de tratarse de un traspaso agiliza los trámites burocráticos para los inmigrantes y evita tener que solicitar nuevas licencias. Dificultades de las mujeres, discriminación sexual y defensa de derechos y oportunidades igualitarias para las mujeres donde para hablar de economía justa debe ser creado por el feminismo.

“No soy racista” o “No soy racista, pero…”, marca la desconfianza y el miedo de todas las personas, quien más quien menos tiene sentimientos creados y formados por el comportamiento diario, por lo tanto, las emociones y los pensamientos pueden convertirse en invisibles y ser clasificados. Esta invisibilidad también nace en el racismo que clasifica y agrupa por sexo, color de piel, posición social, práctica religiosa, nacionalidad, y nace el racismo de la visibilidad que se cree real ante la cultura del otro. Así, los medios de comunicación contribuyen a este proceso reforzando las ideas racistas, junto a la sociedad que con experiencia propia y sentimientos de desconfianza y miedo lleva a considerarse mejor o considerar peores a los otros. De aquí, que lo que se denomina élites crean en la sociedad modelos, mandan imágenes y crean discursos utilizando las acciones de escribir y hablar. Las élites y las instituciones basan su discurso en términos predeterminados, inmigración ilegal, problemas de recepción, integración cultural, delitos, drogas, desviaciones, terrorismo, entradas ilegales, violencia, pobreza, viven en chabolas, invasión, amenaza al estado de bienestar, inferiores, crimen, muestran creencias colectivas sobre los inmigrantes y su identidad.

La realidad es que tratándose de estereotipos sobre el otro se vienen a justificar mediante juicios previos, mediante conocimientos estigmatizados con los que se identifica a los otros. El que se cree mejor se clasifica en una posición de privilegio hacia el otro mediante la clasificación discriminatoria. 

“No soy racismo, PERO vean la televisión, escuchen el discurso, lean el periódico y les dirán en qué deben pensar”

Por lo tanto, la discriminación no surge únicamente de los términos “sexo, color de piel, posición social, práctica religiosa, nacionalidad”, sino que surge con el conjunto de referencias que hacen mostrar al otro como diferente e inferior “de dónde viene, inmigración ilegal, cómo es, problemas de recepción, para qué viene, integración cultural, por qué no se marcha a su país, delitos, drogas, qué hace, terrorismo, entradas ilegales, violencia, cómo viste, pobreza, cómo habla, inferiores”. A lo largo del artículo “Como el sexo la cultura es una evolución propia del hombre” publicado en globedia.com, el pilar de la cultura se transmite entre generaciones, pero la cultura del otro no se admite, es diferente, rara, desconocida, y nuevamente se crean juicios previos entre nuestras maneras de entender, vivir y pensar que reconocemos que pueden cambiar por forma parte de una cultura cambiante y dinámica, pero por el contrario se identifica a los otros por formar parte de una cultura estática.

En consecuencia, pretendiendo clasificar y agrupar (según color) se generaliza (delincuentes), creando prejuicios siempre negativos (miedo, desconfianza) que lleva al racismo. Si partimos del principio de los derechos humanos, del derecho universal, por el que todos estamos sujetos al derecho y a la igualdad de oportunidades, y sin embargo, existe un control en las oportunidades según procedencias, nacionalidad, sexo, no evolucionamos a una igualdad, creando una desigualdad de partes que rompe el sistema jurídico y clasifica en categorías los propios derechos humanos. Si esto ocurre entre los que se creen superiores, o los que creen que todos somos iguales pero los otros al no ser iguales a nosotros son inferiores, qué decir del recorrido de este pensamiento hacia las mujeres, que viéndose en un mundo de hombres que se agarran al poder con un racismo hacia el otro por su sexo, si este sexo se diferencia entre hombre y mujer vienen a crearse del mismo modo estereotipos, como expuse en el artículo “Mujeres migrantes siguiendo a sus esposos y ¿al mercado de trabajo?”,  marcando cada persona dónde debe estar y qué debe hacer, y cada mujer dónde es su obligación estar y sus obligaciones de hacer o no hacer.

“No soy racismo, pero vean la televisión, escuchen el discurso, lean el periódico y les dirán en qué deben pensar”.


Sobre esta noticia

Autor:
Joanna Lagunowicz (19 noticias)
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Tipo:
Opinión
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