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No tenemos presidente

18/05/2016 16:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

¿Cómo puede ignorar algo tan importante? ¿Cómo puede ignorar el desempeño del funcionario estatal a cuyo encargo corresponde la suscripción de contratos en la primera fuente de subsistencia del país que él mismo gobierna?

 

Frente al escándalo protagonizado por Álex Bravo, ex presidente de Petroecuador, sobre quien pesa una investigación por haberse beneficiado en la suscripción de millonarios contratos petroleros, el presidente Rafael Correa ha dicho, como en otros casos de corrupción, que desconoce al inculpado y que él nada tiene que ver con la designación de tan alto funcionario político dentro de su propio gobierno.

Esto habla muy mal de Correa como presidente. ¿Cómo puede ignorar algo tan importante? ¿Cómo puede ignorar el desempeño del funcionario estatal a cuyo encargo corresponde la suscripción de contratos en la primera fuente de subsistencia del país que él mismo gobierna?

Después de dedicar tanto tiempo a recorridos, sabatinas, gabinetes itinerantes, cocteles, farras y viajes, lo mejor es tener un presidente y dejar estas funciones a un rey. No tenemos presidente, pero tenemos a Rafael. Rafael Correa es un rey dedicado a hacerse campaña política, a viajar, a inaugurar obras, a preparar espectáculos políticos, a vivir como rey, y por estas distracciones ha descuidado el conocimiento de los detalles más importantes de su propio gobierno. El rey Rafael ignora quién es la persona que está a cargo de la suscripción de contratos petroleros en su gobierno porque él no parece ser el presidente de ese gobierno.

En 1993 se celebró un plebiscito en Brasil para restituir la monarquía. Antonio Cunha Bueno, asambleísta de la constituyente de 1988, había conseguido introducir una disposición transitoria para posibilitar al electorado la decisión entre un sistema régimen republicano o monárquico y un sistema parlamentario o presidencialista.

Se trataba de un pedido que se basa en la idea de separar la jefatura del estado y la jefatura del gobierno en dos personas, tal y como como sucede en las monarquías europeas. Con esto se posibilita que una sola persona, acompañada de otros funcionarios públicos, se ocupe de la representación de los intereses del estado, sobre todo en materia de política internacional, mientras que al gobierno se delega el cumplimiento de otras funciones a tiempo completo. Para los viajes y cocteles se dispondría de una persona que podría ser un rey, mientras que para los asuntos del gobierno, un presidente.

La idea no suena tan descabellada si un presidente permanece más tiempo en banquetes, citas diplomáticas, horas en viajes aéreos, y menos en su despacho, representando a toda una nación. Pero ¿cómo entender esto si hablamos del presidente ecuatoriano?

Necesitamos urgentemente un presidente que conozca al dedillo los detalles de su administración

En un reporte publicado por el Diario El Comercio en el 2014, en 7 años de gobierno se contabilizaban 82 viajes en 83 meses realizados por el presidente Correa, a razón de un viaje por mes. Mientras América Latina es la más visitada con 53 viajes, en donde Venezuela es el país más concurrido con 11, Asia es el continente menos visitado con 6 asistencias. ¿Qué nos explican estos números?

Los intereses comerciales de China, por ejemplo, se dispararon en los últimos años en América Latina. Sus inversiones están presentes en casi todos los países del subcontinente y se ocupan de áreas estratégicas como las asociadas a la exploración y explotación de minerales así como a la construcción de mega obras civiles. Sin embargo es el país menos visitado, ¿por qué? Esto da a entender que la política exterior del gobierno ecuatoriano no está conducida por los criterios de comercio internacional y sus intereses asociados, sino por la diplomacia presidencial. En los últimos años se ha visto un desplazamiento del protagonismo de las misiones diplomáticas y un crecimiento importante de la personalización de la política en asuntos de relacionamiento exterior. Ya no son los expertos quienes lideran los procesos de negociación sino son, nuevamente, los liderazgos carismáticos lo que terminan imponiéndose, sin beneficio de inventario.

A estos viajes se debe sumar la lista todavía no contabilizada de visitas internas, las sabatinas y sus preparativos así como sus festejos posteriores, los gabinetes itinerantes y otras reuniones que distraen de objeto de interés de un gobernante.

Cada semana se dedica más de un fin de semana entero a los enlaces ciudadanos que están precedidos por reuniones ministeriales que se celebran con un día de anticipación, después los gobiernos locales se esmeran por homenajear al presidente y a su comitiva. Al final se toman dos o tres días enteros destinados a esto. ¿Vale la pena?

Tenemos un rey pero necesitamos un presidente. Tenemos un rey que asiste a cocteles en Venezuela, que organiza farras en Carondelet o espectáculos sabatinos, que reclama a gritos respeto a su majestado y amenaza a sus subditos. En un clima de fangoza corrupción y crisis económica, necesitamos urgentemente un presidente que conozca al dedillo los detalles de su administración y que cumpla, en su despacho, con el desafío de gobernar.

@ghidalgoandrade


Sobre esta noticia

Autor:
Gabriel Hidalgo Andrade (384 noticias)
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Tipo:
Opinión
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