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Novelas fantásticas, Vamurta

22/06/2011 12:36 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Capítulo 3 (8º fragmento y penúltimo)

novelas y libros  El rumor del avance enemigo iba ganando en intensidad. Se separaron con un fuerte apretón de manos.

El capitán Álvaro se encaramó otra vez a la muralla, poblada de arqueros. Las palabras del veguer le habían entristecido y a la vez le habían descargado la conciencia. «Ahora tenemos un plan de batalla —se dijo—, y luz en esta hora incierta.»

  A su derecha, lo que había sido la Torre de Oriente no era más que un montón de escombros. Miró hacia el oeste. Bajo el sol del mediodía las huestes enemigas habían dejado de avanzar, esperando. Álvaro habló con los arqueros, que toqueteaban la madera de sus arcos con nerviosismo. Toda la potencia de los murrianos se desplegaba a sus pies, el rugir del enemigo empezaba a oírse con claridad. Vio a muchos hombres sudando, las frentes chorreantes bajo el peso de los cascos, las manos temblorosas.

  —¡Esperad a mi señal! ¡No lancéis hasta haberme oído! ¡El que no tenga la mano lo bastante firme, la perderá! —gritó el capitán con fiereza, consciente de la importancia de disparar en bloque sobre un blanco cercano.

  Avanzó apartando a los hombres hasta encontrar al oficial de los arqueros, Gofreu. Aquel hombre mayor, pasados ya los cuarenta años, lo miraba sin entusiasmo. Sus ojos pequeños y verdes, sobre un grueso bigote que bajaba hasta la mandíbula, parecían inmutables.

  —Gofreu, ¡los tenemos encima! —El capitán pronunció aquella frase como un escupitajo—. Una vez hayáis ordenado las dos primeras descargas, tendréis a los murrianos a tiro de lanza.

  —Cierto —contestó Gofreu.

  —Mantened a los hombres fríos. Haced que vuestros arqueros se concentren sobre blancos seguros. No perdáis flechas castigando a los grupos lejanos o en coberturas. ¡Quiero murrianos muertos sobre estas piedras! —exigió, señalando el pie de la muralla—. Disparad sobre los que se agrupen cerca de la brecha. Allí se van a amontonar, quiero que entren en la ciudad dispersados. ¿Lo habéis entendido?

  Mientras el capitán daba las instrucciones, se propagaba una especie de clamor creciente. Llegaban más voces, más ruidos.

  —Así lo había pensado, señor, pero vamos a perder hombres aquí arriba si dejamos muy tranquilos a los arqueros murrianos —respondió alargando cada una de las palabras que pronunciaba—. Aunque ahora no es el mejor momento para matices...

  El capitán miró hacia el valle. Frente a la ciudad se levantaban nubes de polvo por doquier, a medida que la gran masa del enemigo cubría el verde de las huertas y el amarillo viejo de los campos de trigo. El aire se llenó de un estrépito ensordecedor, como si un alud de piedras se desplomara desde algún risco.

  Los hombres que defendían la muralla parecían hipnotizados, dominados por aquel súbito rugir. El capitán, repuesto de la primera impresión, se giró con violencia. No oía los tambores.

  —¡Haced sonar los tambores! —gritó a los de abajo.

  Mientras descendía de la muralla, oyó un tímido repicar, como si un murmullo llegara de un valle remoto. Luego escuchó otros tambores que se sumaban a los primeros. Por fin las falanges hacían oír su voz con fuerza, despertando a los guerreros, rompiendo el miedo que el rápido avance de los murrianos estaba provocando entre la tropa.

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Sobre esta noticia

Autor:
Epicavamurta (329 noticias)
Fuente:
epicavamurta.blogspot.com
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353
Tipo:
Reportaje
Licencia:
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