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Se admite la querella contra El juez Baltasar Garzón

28/05/2009 21:00 4 Comentarios Lectura: ( palabras)

Se admite la querella interpuesta contra Garzón por Manos Limpias,

La luna, según cuenta leyenda, es el lugar donde triunfan todas las causas perdidas, donde se saca, por fin, partido a las ocasiones desaprovechadas, donde se materializan todos los sueños imposibles; como una un España sin franquismo, por ejemplo. Es también el lugar donde viven los que vivimos en la Luna. O vivíamos. Normalmente los que viven en la Luna lo hacen porque no tienen otro sitio donde hacerlo; o quizás porque viven o vivieron en una ciudad franquista o tardo franquista donde cualquier forma de vida honesta, sincera, auténtica es imposible. A las ciudades franquistas o post – franquistas (normalmente pequeñas ciudades de provincias) les pasa lo que a la Luna, que no se puede respirar en ellas. Se necesita una máscara con una enorme bombona de oxígeno adosada. Yo prefiero la escafandra porque con ella por lo menos se ve la cara. La máscara la dejo para los caraduras que medraron con aquel régimen infame. Una de las muchas cosas malas que tiene el franquismo es que aparece y desaparece, como el Guadiana, cuando menos te lo esperas. El franquismo y el post-franquismo duraron o dura ya tanto que hay mucha gente que es franquista sin saberlo, que es lo peor que le puede pasar a una persona. ¿Como definiría yo la vida en una ciudad franquista o tardo franquista? No soy lo suficiente viejo como para haber conocido la ciudad franquista, pero igual que se habla de las bolsas de pobreza que hay en las ciudades, como un lastre que éstas arrastran, se podría hablar de las bolsas de franquismo, que son la misma cosa, solo que con alevosía y agravantes. ¿Cómo? ¿Cómo definirlas? En primer lugar, por sus calles, la gente no camina, desfila. La vida en ellas es como un eterno desfile de supuestas (e infladas de forma ridícula y artera) glorias militares. La gente se cuadra constantemente delante de alguien, normalmente delante de la muerte, es decir, del o de la representante de la autoridad autoritaria que los domina, a la cual besan idolátricamente la bota. En la ciudad post franquista sólo se habla de fútbol, en la franquista se podía hablar de fútbol y, también de toros, que ahora ya no están tan de moda. Los hombres les sueltan piropos groseros a todas las mujeres menos una: la suya. Visten siempre de negro o de gris marengo. Padecen además, normalmente, de una extraña enfermedad de las glándulas salivares que los obliga a escupir constantemente. En la España franquista, la gente se moría de hambre, de asco, o las dos cosas y vivía de milagro. Pero lo que caracteriza por encima de todo la vida en una ciudad franquista o post-franquista es la hipocresía que impregna como una costra todas las manifestaciones de la vida. Cuarenta años de mentiras son muchos años, uno se acostumbra a la mentira; no hay nada verdadero auténtico que nos sirva de referencia para identificar la mentira que se convierte en una especie de segunda naturaleza. Conocer a alguien que haya crecido en pleno franquismo es como enfrentarse a un proyecto abortado de hombre y hablar con una caricatura; a no ser que se hubiera apuntado a alguna forma de resistencia clandestina o se hubiera echado al monte como los maquis. La década seudo-franquista de los ochenta fue bastante más benigna, claro. Los adolescentes podíamos vivir con un pie en la Luna (a la que le ladraban sin parar los franquistas) y otro en la Tierra. Además, tuvimos la ocasión de presencia un hermoso fenómeno que trajo consigo la democracia –vigilada-; Sobre todo en las ciudades universitarias: Todo el mundo hablaba apasionadamente de política (que, como saben, viene de polis: ciudad en griego). Esto debía resultar terriblemente irritante para los franquistas acostumbrados a tener la palabra secuestrada, (imagino que para hablar de toros o para gritar “todo el mundo al suelo”). El amor de los españoles por la política fue un amor pasajero, a lo que parece, que imagino que son los mejores, sobre todo cuando han estado prohibidos hasta hace nada. Luego cambié la pequeña ciudad tardo franquista de provincias (de cuyo nombre no quiero acordarme) por Londres, y descubrí que algunas de las cosas que se me antojaban imposibles (como vivir en libertad hombro con hombro con otros hombre libres) pueden hacerse realidad aquí en la tierra. Ahora que Londres se encuentra en un estado un tanto caótico y convulso, y todo el mundo anda en ella un poco desorientado a causa de los tiempos cambiantes que corren (los tiempos ahora cambian tan deprisa que nadie tiene tiempo de acostumbrarse a los cambios) de pronto vuelves a España y te das cuenta de que los únicos que no cambian son los franquistas. Son los guardianes de las esencias eternas de España, ya se sabe. Tan eternas como el afán de dominación y explotación del hombre por el hombre. O como la rabia.

Siempre que se habla de los crímenes del franquismo, los ultra derechistas contraatacan con Paracuellos y los crímenes (en absoluto parangonables) de la república; nadie menciona que lo que les condena sin remisión ante la historia (ya que no ante la justicia) son los crímenes de la eterna posguerra. Las represalias cobardes, impunes y salvajes que perpetraron durante décadas. Y es que los franquistas que no saben perder, tampoco supieron ganar. El régimen franquista fue particularmente traumático para la patria por una razón muy simple: Hacía mucho tiempo que un ejército extranjero (en este caso, africano) no invadía la península. Los franquistas llevaron a cabo la magrebización de España y convirtieron a la metrópoli en una especie de colonia de sí misma. ¡Qué triste colofón para un Imperio! El franquismo duró cuarenta años, el post-franquismo ya dura tanto que a uno le da muchísima envidia de los franceses, los italianos, los belgas que no han nacido ni crecido a la sombra ominosa de unos siniestros generales africanos.

Sí. El tardo franquismo ya dura demasiado. Y ahora un sindicato - vertical imagino - interpone una querella por prevaricación contra Garzón y se cuela. Y es que son tan osados... Que los responsables de la hambruna más larga y terrible de España se atrevan todavía a abrir la boca es algo que me deja completamente anonadado. Así que me vuelvo por unos días a la Luna a ver si se me pasa el mal trago.


Sobre esta noticia

Autor:
Francis Bullion (17 noticias)
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557
Tipo:
Opinión
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Usuario anónimo (29/05/2009)

MUY BUENO

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Libre (29/05/2009)

Presumís de apolíticos, pero vosotros no informáis, sino que juzgáis y condenáis directamente.
El periodista no debe opinar ni juzgar, debe contar la noticia con rigor. Esa es la base del periodismo. Y que conste que no soy franquista ni lo seré nunca. Pero soy libre para elegir no leeros nunca más.

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miguel ort (29/05/2009)

Cuando investigaba al pesoe nadie le ponia querellas. Los fascistas son un mundo aparte,corruptos e intocables.

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Xebi (29/05/2009)

Los jueces también pueden ser juzgados, son ciudadanos como cualquiera. Saludos.