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¿Quiere encontrar oro? No vaya a la mina, ni al joyero. Vaya al vertedero de basura electrónica

27/05/2016 11:55 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Y aunque el progrerso de la tecnología es innegable, detrás de ella quedan montañas de desechos tóxicos conocidos como basura electrónica o 'e-waste', que según el programa de la ONU, serán difíciles de procesar. Son los inconvenientes de la llamada minería urbana

 

Expertos suizos asesoran a Colombia en el reciclaje de la llamada 'basura electrónica' (e-waste), materia en la que el país sudamericano se halla aún en pañales.

Los desechos de ordenadores y móviles contienen metales preciosos, lo que abre una nueva y rentable industria internacional que exige, sin embargo, reglas estrictas de operación porque es sumamente tóxica.

Ordenadores, teléfonos móviles, reproductores de DVD, cámaras digitales, teclados y ratones inalámbricos, entre muchos otros aparatos electrónicos, se sumaron a los viejos conocidos de los años 70 y 80 tales como televisores, radios, aspiradoras, hornos de microondas o frigoríficos.

Objetos que nos cambiaron la vida pero que, a diferencia de sus antecesores, difícilmente pueden ser reparados cuando se averían. La ley de facto es simplemente sustituirlos por otros más modernos, sofisticados y eficaces.

Y aunque la evolución que ha generado la tecnología es innegable, detrás de ella quedan montañas de desechos tóxicos conocidos como basura electrónica o 'e-waste', que según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), este año sumarán ya 50 millones de toneladas a escala mundial, dato que año con año irá en aumento.

Minería urbana

Las economías emergentes se llevan por ahora la peor parte con respecto a la 'e-waste'. La mayoría de ellas carece de la tecnología apropiada para reciclar basura electrónica.

Una industria que alguien ha llamado una mina de oro urbana –nunca mejor utilizado el término-, ya que permite rescatar componentes susceptibles de reutilización, pero también metales preciosos como el oro, la plata o el cobre, que actualmente experimentan precios históricamente altos.

La onza de oro, por ejemplo, se cotiza actualmente arriba de los 750 francos suizos, y en países como Colombia, el Instituto Federal Suizo para la Investigación y la Prueba de Materiales (EMPA) estima que este 2016 existirán residuos electrónicos acumulados por unas 100000 toneladas, a las que cada año se sumarán entre 9.000 y 10.000 toneladas más.

Un negocio de alta rentabilidad, pero que exige la asesoría de los que iniciaron antes el camino e inversión en equipo, ya que también tienen e sus tripas materias tóxicos como el plomo y mercurio que contienen que pueden ser también altamente  cancerígenos.

Antes del 2.000, casi nadie hablaba de 'e-waste'. Europa fue la región pionera en la materia y Suiza el primer país que puso a andar en 1991 un centro de recolección y reciclado de viejos refrigeradores al que poco a poco se fueron sumando otro tipo de electrodomésticos y aparatos electrónicos.

Actualmente, Daniel Ott, investigador del EMPA y coordinador de la Misión “e-waste Colombia“, trabaja en la gestión de residuos electrónicos en el país latinoamericano.

En equipo con la Secretaría de Estado de Economía (Seco), la Cámara Colombiana de Informática y Telecomunicaciones (CCIT) y el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial (MAVDT) de Colombia, han echado a andar la industria del reciclaje de computadores y teléfonos móviles, como se abundan en Latinoamérica pues las capitales están muy informatizadas.

Según el experto helvético, "en Colombia se importan actualmente entre 16.500 y 18.000 toneladas de ordenadores cada año". Y si el país no avanza en la gestión y reciclaje de su 'e-waste', "en cinco años (2021) podría acumular hasta 140.000 toneladas de este tipo de residuos".

¿Por donde empezar?…

Colombia no es Suiza, una realidad que acepta el MAVDT local. No existe el rigor europeo en la clasificación casera de basuras y menos en el procesad de los desechos electrónicos que se mezclan con los orgánicos, con lo que frecuentemente contaminan las tierras y el agua, y ponen en riesgo la salud de aquellos que trabajan legal o ilegalmente en los tiradores (grandes vertederos de basura).

Además, la población no está suficientemente concienciada sobre los riesgos que implica para su salud conservar en casa y por años artículos electrónicos que ya no funcionan.

Y para Daniel Ott, el reto suizo es asesorar al gobierno colombiano y a las empresas interesadas en la búsqueda de soluciones concretas.

Entre las acciones a realizar está la recolección selectiva de basura electrónica, para separar manualmente los componentes; se requiere una normativa en la materia e involucrar al sector privado en el proceso.

El problema de África en estos vertederos es ya de salud de la población. Muchas ONG tratan de ayudar

Un paso más es comprometer a las empresas que manufacturan aparatos electrónicos en el reciclaje de los mismos. Sea incluyendo como parte del costo de un ordenador nuevo una cuota para su reciclaje futuro, sea otorgando bonos de recompensa a quien entregue un aparato que no sirve en centros de acopio especializados, en lugar de tirarlo en la basura tradicional.

Un negocio que para Colombia vale la pena explorar, cuando sabe ya que perdidas entre las 60.000 toneladas de 'e-waste' colombiana hay al menos 7, 5 toneladas de oro y mucho más por reciclar.

Suiza fue pionera en el reciclaje de 'e-waste', a través de la Convención de Basilea para el control de las basuras peligrosas, acuerdo al que se suscribieron 170 países miembros.

Por sus frágiles legislaciones medioambientales y una mano de obra 15 veces más barata que en Europa, países como China, India o Kenia reciben y procesan buena parte de la basura electrónica de los países industrializados.

Una tonelada de tierra en una mina posee unos 5-10 gramos de oro; una tonelada de desechos electrónicos, cerca de 100 gramos.

En 2017, en Suiza se reciclarán 8, 5 de cada 10 ordenadores de desecho, la tasa más alta del mundo. Cada suizo que adquiere un nuevo ordenador paga 8 francos para financiar su futuro reciclaje.

Los suizos no están solos en el reciclado en países emergentes y subdesarrollados. Hay otras empresas sobre todo norteamericanas que se ofrecen. La principal motivación para trabajar en un proyecto de este nivel se debe a las estadísticas de uso de la electrónica: los residentes de Estados Unidos tiran a la basura 3, 2 millones de toneladas de residuos en forma de una gran variedad de dispositivos, instrumentos y aparatos, el 80% de los cuales va directamente al vertedero. Este 80% de la basura representa el 70% del número total de sustancias tóxicas en todos los vertederos locales. Y algunas empresas se han establecido en el tercer Mundo. Y se promocionan.

"Nuestra tarea consiste en ayudar a controlar y buscar soluciones para el reciclaje de aparatos electrónicos obsoletos en cualquier parte. Para que este proceso sea lo más eficiente posible, utilizando los últimos logros de la industria para las necesidades tecnológicas de la industria moderna, tenemos previsto extraer de las unidades electrónicas los elementos y compuestos raros y preciosos, con nuevos métodos", explica la empresa BlueOak Resources en su web oficial.

Los expertos de Blue Oak ya han comenzado la construcción de otra planta de procesamiento ubicada en Arkansas. Los directivos de la empresa esperan que su funcionamiento arranque en 2015 y que su capacidad de producción sea suficiente para poder reciclar hasta 15 millones de unidades de los equipos obsoletos obteniendo materiales valiosos, según el portal 'Ars Technica'.

Mientras BlueOak- además- describe su proyecto como revolucionario, otros como Josh Lepawsky, un experto en los efectos de los desechos electrónicos, subraya que este tipo de desechos constituyen solo el 3% de los residuos en el mundo, por lo que queda patente que la capacidad de la planta no es suficiente.

De lo que no cabe duda es de que hay muchos lugares en el mundo en los que toda esta basura tecnológica se acumula desde hace años haciendo de estos sitios vertederos tan contaminados o más que las  zonas seleccionadas para la extracción ilegal de productos como petróleo, uranio y otros recursos altamente contaminantes.

El más claro ejemplo es el llamado basurero tecnológico de Agbogbloshie, en Accra (Ghana) donde, según algunos estudios, existe una contaminación por plomo, cadmio y otros contaminantes perjudiciales para la salud que supera en más de 50 veces los niveles libres de riesgo. Lo decía claramente un informe de 2013 realizado por la "Green Cross Switzerland" y el "Blacksmith Institute" en el que recogían las 10 mayores amenazas tóxicas del Planeta.  Es decir, los 10 lugares más contaminados del mundo.

 

Uno de ellos es este basurero, que comparte este triste honor con lugares como Chernobyl. Oficialmente, se trata de un "área de procesamiento de basura tecnológica". Un eufemismo para definir a este área al que van a parar miles de toneladas de residuos tóxicos para, en teoría, ser "procesados". La realidad es que hasta allí llegan, mezclados, materiales de todo tipo –entre los que se encuentran frigoríficos, microondas y televisiones-, tan diversos y contaminantes que, “para reciclarlos de manera segura requeriría un alto nivel de competencias y protección entre los trabajadores, que no existe en Agbogbloshie".  Y lo peor es que esta zona no está clasificada ni mucho menos como sólo un basurero. Es un "asentamiento informal" en el cual conviven zonas industriales, comerciales y residenciales. Una zona en la que los metales pesados que se queman  expulsan de estos procesos de combustión, vapores llegan a las casas y mercados.

Según este mismo informe, -de 2013-, Ghana importa cada año unas 215.000 toneladas de residuos tecnológicos, principalmente desde Europa del Este (…). De ellas, aproximadamente la mitad puede ser reutilizada inmediatamente, o reparada y vendida, pero el resto del material es ‘reciclado’ de forma barata, a costa de contaminar la tierra que los recibe y perjudicar la salud de quienes trabajan con ellos. Un ejemplo paradigmático es el de los buscadores de cobre, que queman las fundas que recubren los cables para conseguir el cobre del interior. Para quemarlos utilizan un tipo de espuma, altamente contaminante, que extiende al aire libre todos sus contaminantes.

Chatarra, fogatas y humo son el día a día en algunas zonas del basurero, donde trabajan sobre todo jóvenes sin recursos procedentes de familias muy pobres, que dependen por completo de lo que los muchachos obtengan en este basurero. Personas que saben que el trabajo allí es basurero, pero que no se quejan porque lo que allí consiguen es mejor que nada. Porque el material que allí obtienen pueden venderlo luego por las calles de Accra y conseguir así algo para sobrevivir. A otros también les interesa: el centro de Accra está repleto de puestos que venden a bajo precio todo tipo de aparatos eléctricos, buena parte de ellos de segunda mano. Y la situación no se circunscribe sólo a Ghana, -que es, por cierto, uno de los países más desarrollados del continente-.

Idéntica realidad afecta a otros lugares como Zimbabwe, donde hace poco se ha advertido de una posible crisis medioambiental porque no dispone de sistemas adecuados para eliminar este tipo de residuos. Todo ello a pesar de la existencia de tratados internacionales, como la Convención de Basilea, que restringe los movimientos transfronterizos de desechos, y el acuerdo que se suma al firmado ya en 1993, en Bamako, sobre el mismo problema. Acuerdos que establecen condiciones, cantidades y criterios para verificar si la "exportación" de basuras se está haciendo bien.  Para los países más desarrollados de África sale mucho más barato deshacerse de ellos en cualquier puerto remoto (como  el de Ghana) que seguir las estrictas normas de reciclaje que ellos mismos se han autoimpuesto pero que no saben o no quieren cumplir. Para los receptores, por su parte, ésta es una supuesta fuente de "trabajo" de la que viven muchos de sus conciudadanos, a pesar de los riesgos y problemas que conlleva para su salud.  Una solución, en definitiva, que conviene a muchos y que no termina de regularse.

 

 


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