Globedia.com

×
×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
cross

Suscribete para recibir las noticias más relevantes

×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Sixtojavier escriba una noticia?

El ostrero unicolor un ave del pasado

10/07/2017 10:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Por Juan José Ramos Melo @JuanjoRamosEco

Hasta hace escasamente unos cien años cada vez que la marea dejaba al descubierto la vida que esconden los charcos, una rara y escasa ave paseaba entre las rocas en busca de su sustento, lapas, mejillones y otros moluscos que atrapaba con su adaptado pico. El paso del tiempo y la codicia humana ha hecho que hoy no podamos disfrutar de su presencia entre nosotros. Ya no podemos disfrutar de su vuelo junto al mar, ya tan sólo quedan unos pocos ejemplares disecados en las vitrinas de los museos de historia natural.

El ostrero unicolor canario (Haematopus meadewaldoi), también llamado ostrero canario, fue una especie de ave costera endémica del Archipiélago que aparentemente vivió en las costas de Fuerteventura, Lanzarote y el Archipiélago Chinijo (La Graciosa y Alegranza, principalmente). Entre la población local era conocido por los pescadores y mariscadores, que llegaron a darle diferentes nombres, tales como grajo marino, grajo de mar, graja, cuervo marino, corvino o lapero. Esta última denominación estaba probablemente relacionada con sus costumbres alimenticias, ligadas al consumo de lapas y moluscos de la franja litoral.

image

Probablemente, la presencia del ostrero estuvo muy ligada a la lapa majorera, que en el pasado se encontraba en todas las islas, tal y como muestra su abundancia en muchos yacimientos fósiles. Esta relación convirtió al ostrero en un ave vulnerable ante el intensivo marisqueo, que se remonta a los antiguos isleños. Pero la excelente calidad de la carne de las lapas provocó que sus poblaciones disminuyeran rápidamente en la mayoría del Archipiélago, llegando a desaparecer de muchas localidades. Aunque en Fuerteventura y Lanzarote esta práctica en época precolonial debió de tener menos incidencia e impacto que en las islas occidentales, debido probablemente a una población humana más reducida, lo que pudo motivar que sobreviviera en estas islas hasta fechas más recientes.

Así, el uso humano de la costa hasta mediados del siglo XX, fecha en la que desaparece el ostrero unicolor canario, se limitaba a la pesca artesanal a caña desde tierra; al pardeleo o captura de pollos de pardela cenicienta (Calonectris diomedea) como recurso alimenticio; la construcción y explotación de salinas artesanales en la franja costera; la extracción y exportación de la cal; el cultivo de tomates y leguminosas en los terrenos fértiles cercanos a la costa; el marisqueo intensivo ya nombrado y todo un sinfín de acciones humanas vinculadas a pequeñas economías locales de subsistencia y limitada exportación interinsular, que mantuvo una población humana en pésimas condiciones de vida y aislamiento socioeconómico, agravada por los periodos de entreguerra y miserias de la época franquista.

El golpe de gracia sobre la especie lo asestaron los propios naturalistas y coleccionistas que, al servicio de los grandes museos de historia natural del siglo XIX, recorrían fusil en ristre distintos lugares del planeta en busca de raras especies de flora y fauna, con el objeto de aumentar las numerosas y vastas colecciones científicas. De este modo, fue muy cotizado el ostrero canario a finales del siglo XIX y comienzos del XX. De hecho, oportunistas locales ofertaban huevos y pieles de adultos en sus catálogos por cuantiosas cantidades de dinero de la época. Hoy en día algunas de esas aves colectadas en las Canarias figuran entre las luctuosas colecciones científicas de prestigiosos museos, como el British Museum de Londres, etiquetadas con el rubro de EXTINGUIDO. A pesar de ello, unos pocos naturalistas nostálgicos se resistieron durante años a admitir su desaparición para siempre, realizaron varias expediciones a las islas macaronésicas y a diferentes lugares del oeste de África, con el objetivo de buscar alguna pequeña población que pudiera sobrevivir aislada, pero las noticias que llegaron nunca fueron buenas. Tras más de cincuenta años de su última observación fiable, podemos dar por desaparecida una de las joyas de nuestra biodiversidad.


Sobre esta noticia

Autor:
Sixtojavier (1071 noticias)
Fuente:
revistabinter.com
Visitas:
4411
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Distribución gratuita
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Etiquetas

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.