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¡Otra vez la nieve!

30/11/2010 16:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los que cada año afrontamos las incomodidades de la nieve por su acumulación en calles, viales y plazas, estamos capacitados para entonar el canto de las lamentaciones que nos inspira la masa, nevosa y gélida, disfrazada de blanco

JAVIER DYSART

Otra vez metidos en nieve. Que tristeza. Vaya tostón. Da igual la gana que tengas, buena o mala. Nuevamente hemos de afrontar los incómodos contratiempos de la caída de copos y su acumulación sobre la urbe. No todo es paisaje idílico. La deriva nevosa en el entorno doméstico conlleva desequilibrios destacados en el gasto. Para contrarrestar sus efectos tenemos que avanzar los termostatos calefactores; es mayor el consumo lumínico, y crece la inversión en calzas estancas. Solemos aumentar el acopio de suministros y de alimentos por si la cosa se complica. Cuando se trata de ahorrar en este tiempo de frecuencia blanca, se imponen los registros bauleros para volver a la luz las prendas de abrigo con perfume antipolilla. Además de todo esto y de algo más, el tiempo de nieve te provoca aburrimiento hogareño, te apoltrona en el sillón y te harta de lectura, de televisión y de ociosidad.

En el exterior urbano los contratiempos que se plantean son de mayor calado. Es el momento en que la idílica estampa de la nieve comienza a distorsionarse. Las salidas hay que dosificarlas. Los desplazamientos por el entorno urbano se hacen penosos y difíciles. Para evitar caídas, los pasos deben de darse con cautela y precisión. Según caminas marcando huella sobre el inestable elemento, la marcha se complica a cada paso. La corteza blanca todo lo altera. La circulación rebaja su intensidad y los vehículos que avanzan se atascan parados. Los centros escolares suspenden la actividad docente. Las comunicaciones se colapsan y el tren, cuando mueve, lo hace con torpeza. El reparto de suministros cede al desorden. Aumentan las lesiones por caídas. Los peligrosos chuzos y viseras de nieve acechan desde los tejados. El calzado se impregna y enmohece con el agua desnevada por la sal.

En el exterior urbano los contratiempos que se plantean son de mayor calado. Es el momento en que la idílica estampa de la nieve comienza a distorsionarse. Las salidas hay que dosificarlas

De todo cuanto antecede podemos dar fe quienes vivimos en directo la parte amarga, larga y fría del invierno. Es la antítesis de esa otra estampa dulce, tierna, melancólica, y tradicional que describen los bucólicos ensoñadores con la belleza cromática blanca.

La nieve es fría, muy fría.


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