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Patricia Highsmith: el arte de la ambigüedad y del sadismo en el cine

17/01/2021 10:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Dependiendo de con quién hablaras, y según sus biógrafos, Patricia Highsmith era de una forma u otra. Era una mujer pasional, era una mujer fría, era misántropa, una marginada social, feminista, misógina, era leal o una traidora. Toda la incertidumbre que rodea a la autora, repleta de incongruencias y contradicciones, no ha sido resuelta por nadie, ni por ninguno de sus amigos. Y así debe ser.

Si Highsmith siguiera viva cumpliría 100 años. 10 años más que su personaje más famoso, el talentoso criminal de carácter ambiguo al que el cine ha puesto el rostro de tipos como Alain Delon, Dennis Hopper, Matt Damon, John Malkovich... Hablamos, por supuesto, de Tom Ripley.

Pero Patricia Highsmith es mucho más que Tom Ripley. La autora pertenece a ese grupo de novelistas de género nacidos en el siglo XX que hoy siguen inspirando una lista interminable de películas, autores como Stephen King, Phillip K. Dick, JG Ballard...

Casi todas las obras de Highsmith son novela negra, sus personajes se asoman a la psicopatía peligrosamente y siempre mienten o se sienten culpables por algo. Es un universo fascinante donde perfectamente podrían convivir todos sus protagonistas. Un universo estimulante y rico que ha sido adaptado decenas de veces al cine y de maneras distintas o a través de miradas opuestas.

Adaptar a esta autora es un verdadero arte. Una tarea complejísima que tiene que ver con representar la sexualidad de sus personajes, su comportamiento amoral, la misoginia de sus libros, la aprensión que transmitía con el sadismo de los actos y también la hipocresía social que tanto detestaba y contra la que luchaba.

Escarbando entre esas importantes claves reside la grandeza de esta autora que veía el germen de una idea en cualquier hecho cotidiano, por ejemplo una copa de cristal vacía en una terraza donde hay una huella que vemos como se borra cuando empieza a llover.

Es imposible no hablar, ahora sí, de Tom Ripley.

"Los asesinos que uno se encuentra leyendo el periódico son, la mitad de las veces, deficientes de algún modo o, simplemente, insensibles. Él es razonablemente inteligente y tiene un carácter amoral; supongo que encuentro un contraste interesante con la moral estereotipada, que con frecuencia es hipócrita y falsa. No se pueden hacer historias interesantes con imbéciles".

Así describe la propia Patricia Highsmith a su criatura.

Ripley se pasea, descalzo, por la playa de Mongibello. Está buscando a Greenleaf para intentar convencerle de que deje su vida disoluta y hedonista. Le han pedido que lo lleve de vuelta a EEUU. Pero entonces le conoce, se hace pasar por un antiguo amigo y empieza a gozar, junto a él y a su esposa, de una vida de ensueño.

Esta es la forma en la que transcurre el encuentro que lo cambiará todo en las dos adaptaciones de El talento de Mr. Ripley , cuando es interpretado por Alain Delon o cuando quien le da rostro es Matt Damon. En ambas películas al espectador solo se le permite empatizar con Ripley, la cámara le sigue porque la historia es él.

La ambigüedad sexual no juega un papel tan importante como sí lo hace la amoralidad de Ripley. Él admira a alguien hasta el extremo más perverso y por eso le mata y le suplanta.. ¿Hay un acto más profundo de amor que ese? El asesinato de Ripley en el cine siempre es torpe, pero su significado es profundamente romántico.

Cuando se mata en las películas que adaptan a Highsmith no se alardea de una violencia especialmente sádica. El sadismo en las obras de la autora y también en las películas que se basan en su universo nunca es físico, viene por un intercambio de poder o de información.

El poder o el control son las armas con las que Ripley manipula y retuerce a sus víctimas. En El amigo americano todo comienza cuando Jonathan Zimmermann (Bruno Ganz) se niega a estrechar la mano de Ripley (Dennis Hopper) en una subasta, avergonzando así a nuestro psicópata.

Como castigo, esta versión de Ripley que Dennis Hopper quiso retratar como vaquero, recomienda a Zimmermann a sus socios criminales. Él sabe que Zimmermann tiene leucemia así que usan su enfermedad para persuadir al honrado enmarcador de cuadros, ofreciéndole el dinero suficiente para mantener a su familia cuando muera.

A partir de ahí el personaje de Hopper comenzará a mantener una relación agónica con Zimmermann motivado tanto por una atracción homoerótica como por la venganza: herir y humillar a Zimmermann para ganarse su afecto.

¿Retorcido? En El grito de la lechuza, Claude Chabrol profundiza aún más en las formas de control que hace de esta obra una de las más angustiosas. En ella Robert, el protagonista, acaba de divorciarse de su esposa. Esta sobornó a Greg, un exaltado vecino de Robert para que finja su propia muerte sabiendo que la culpa se la llevará a su ex marido.

Con ese asombroso control del ingenio retrató David Fincher a su personaje más sádico y perverso en su película más cercana al universo de Highsmith: Perdida .

Esta forma de juguetear con la parte más sombría del ser humano, ese lado tan depresivo y oscuro, convierten a Highsmith en una poeta de la aprensión: "El miedo es narcótico, puede causar que uno se duerma de cansancio, pero la aprensión carcome los nervios suave e ineludiblemente". Para Graham Greene los libros de la autora de Texas son unos ejemplos perfectos del trabajo con la aprensión, ya así lo explica en el prólogo del volumen de relatos editado por Anagrama.

Patricia Highsmith tiene una manera despiadada de interpretar a la humanidad: "Escribe sobre los seres humanos como una araña lo haría sobre las moscas", volviendo a una descripción de Greene.

Muchas veces se le acusó de misógina y quizá muchas veces lo fue. Luis Matas López contaba en esta columna que para el creador de Tom Ripley "las mujeres no son tan activas como los hombres, y no tan atrevidas. Son empujadas por la gente y las circunstancias en lugar de ser ellas las que empujen, y más dadas a decir no puedo que lo haré" y puntualiza con el papel femenino de Maurice Ronet en A pleno sol, reducido a un trofeo en disputa.

Sin embargo su obra El precio de la sal , cuya adaptación llevada a cabo por Todd Haynes se titula Carol , es una historia de amor entre dos mujeres, siendo el personaje de la joven Therese un alter ego de la propia Highsmith. Un libro que ella publicó bajo el seudónimo de Claire Moragan en 1953 y que se convirtió en un superventas de culto para el público homosexual durante 30 años. En el momento de su publicación la Asociación Estadounidense de Psiquiatría clasificó la homosexualidad como un trastorno mental.

La gran valentía de Highsmith con esta obra fue dejar abierto un final feliz para su dos protagonistas amantes. Un final que Haynes homenajea con una última escena repleta de bella y lirismo donde la frase "Carol la vio, pareció mirarle con incredulidad un momento mientras Therese observaba cómo crecía la lenta sonrisa" se plasma en unos segundos finales virtuosos donde ambas protagonistas por fin puede deleitarse en una prolongada mirada que hasta ahora les había sido negada.

Una de las cosas que con más elegancia cuenta Hayne en su adaptación de Carol es no fetichizar el pasado, no transmitir la vulgaridad de la época en la que se desarrolla la película evitando ese tufillo a Mad Men repleto de vallas publicitarias y adornos navideños.

Patricia Highsmith construía a sus personajes amorales para que hicieran frente, precisamente, a la moral establecida, que ella consideraba hipócrita y falsa. Pero también les dotaba de un fuerte rechazo al consumismo.

Igual que hizo ella cuando en 1964 se largó para siempre de Estados Unidos, sus personajes también escapan de allí, repelen todo lo que tenga que ver con el consumo, la Coca Cola y la publicidad de McDonald's. Esta idea tan antiamericana provocó que su obra fuera ignorada en su país pero alabada en Europa, donde vivió hasta el final cuando el 4 de febrero de 1995 murió en Locarno.

Como en Las dos caras de enero, donde todos los escenarios continentales que se suceden resultan exóticos, sus personajes, incluido Ripley, huyen del primer lugar, que suele ser Nueva York para adentrarse en el viejo continente.

Lo que hace Wim Wenders con la atmósfera de El amigo americano en Hamburgo es soberbio, la manera en la que describe la ciudad, sus calles, los encuentros de sus personajes en la tienda de marcos, , el piso en el que Zimmermand mira por la ventana constantemente asomándose al paisaje desolado y frío del puerto de esta ciudad a la que nunca volverán Los Beatles.

El comienzo de Extraños en un tren es historia del noir. Dos tipos se encuentran, un joven campeón de tenis y otro que conoce sus milagros a través de la prensa. Se encuentran en un tren y el segundo le propone al primero un doble asesinato intercambiando las víctimas. El crimen perfecto. El segundo mataría a la mujer del primero y el primero al padre del segundo.

Alfred Hitchcock lanzó a Highsmith a la fama gracias a esta adaptación que se separaba del estudio de los personajes para abrazar el virtuosismo con la cámara por el que se recuerda al genio del suspense.

Highsmith y Hitchcock tienen en común que odian a los verosímiles, ese tipo de personas que buscan en la ficción similitudes constantes con la realidad y cuyo argumento siempre suena así: "mimimimi". Para ambos autores lo importante era enganchar al lector/espectador, sorprenderle, volverle loco con alguna actuación ilógica.

Por eso Extraños en un tren sigue siendo una de las adaptaciones de Highsmith que mejor funcionan, que no pierde con el tiempo. El maestro entendía la forma de la autora para forzar la credulidad del espectador pero sin pasarse. Hay que estirar el sentido de la lógica pero parar antes de romperla. Y ahí reside el genio y la gracia de ambos, de Hitchcock y Highsmith.

A pleno sol en Filmin

Extraños en un tren en Rakuten

El Amigo Americano en Filmin

El talento de Mr Ripley en HBO

Carol en Amazon Prime Video


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Autor:
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20minutos.es
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