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Pedir perdón y sus circunstancias

01/11/2013 11:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

imageHay quien todavía no ha razonado nunca que el hecho de pedir perdón es más un acto de nobleza y buena fe que de cualquier otra cosa. Fíate más de aquel que lo hace que de aquel que se ríe o ridiculiza ese acto. Es pura lógica.

¿Hay alguien que nunca haya cometido un error? ¿Ni uno sólo? Afortunado si es, además de muy inteligente. Yo sí he cometido errores. Un montón además. A veces perjudicando a terceros. Los errores, muchas veces, se comenten de forma inconsciente, es decir, cuando los cometes estás convencido que actuas correctamente y es más tarde, ante las distintas vivencias y experiencias, cuando llegas a reconocer lo que hiciste mejor y peor de tus decisiones y actos pasados. En ese punto, liarse la manta a la cabeza y decir aquello de ‘a lo hecho pecho’ es lo cómodo. Lo que la mayoría suelen hacer. Yo no. Estoy seguro que hay muchos que no. En mi caso, por ejemplo, aprovecho cualquier ocasión para dar a conocer a quien han sido victimas directas o indirectamente de mis errores, que he recapacitado; he razonado, he aprendido más y he reconocido finalmente que no actue de forma correcta en un momento dado de mi vida. Eso no siempre significa en absoluto que desee recuperar nada ni que no actuara con mi forma de entender la justicia. Simplemente es reconocer unos errores en las formas y punto. Reconocer, en muchos casos, unos errores puntuales no generales, y ese reconocimiento no significa ni que desee ir a comer al día siguiente con todos aquellos a los que perjudiqué ni siquiera que haya propuesto un borrón y cuenta nueva en las relaciones. No. Reconocer errores y pedir perdón es un acto de limpieza y regeneración propia frente a la vida y su continua evolución. Un acto, que mejora mi interior de cara al presente y futuro, con el único objetivo de analizar mejor las circunstancias que puedan irse incorporando a mi día a día a partir de ese acto.

Siguiendo mi ejemplo particular, añado, que a pesar de haber cometido muchos errores en la vida, tengo cerca de mi a las personas que deseo tener. La mayoría de las personas a las que puedo haber herido u ofendido, forman ni formarán parte de mi presente ni de mi futuro, porque todo y reconocer que no he sido justo en mi forma de proceder hacia ellos en puntos concretos de la relación pasada, si tengo muy claro a pesar del perdón en mi proceder concreto, que no son de fiar, ni les daría nunca la espalda por muy perdón que haya por el medio, ya que, frente a mi reconocimiento de errores sigue estando su prepotencia, su palabrería barata y su gilipollez egoísta y fantasmagórica en la mayoría de los casos y como su estílo de vida permanente y que, en definitiva, me llevó a no poder controlar mis ‘malas maneras’. Son, lo que yo llamo, mala gente o gentuza, si he de ser más explícito. Una buena persona jamás dejará caer en saco roto la verdad intentando manipularla y hacer creer lo que le interesa. Una mala persona lo hace habitualmente. Y de la misma forma que la buena fe suele reconocer errores y pedir disculpas, la mala leche, nunca reconoce más allá de su sabiduría y buen hacer intentando generar opiniones abversas contra aquel al que le ha dicho las cosas a la cara, aunque haya sido de malas maneras.

Este escrito viene precedido de unas dudas que, al parecer, ha generado alguno de mis anteriores escritos entre mis amigos y que me han comentado compartiendo un almuerzo a base de butifarra, pan con tomate y buen vino. Los amigos de verdad. Y creo conveniente, ante cualquier duda, una aclaración sincera teniendo muy presente que el amigo que es amigo ahí está para lo bueno y lo malo siempre de siempre y el que no lo es ni de sí mismo, y por eso nunca reconocerá sus errores, puede que le pique y si le pica, que se rasque. Este escrito, puede aclarar mejor a todo el que decida leerlo, que aquel que reconoce sus errores demuestra buena fe inicial todo y que, también en muchas casos concretos, nunca aprenda a ir mejorando. Sin embargo, aquel que nunca los reconoce y siempre le hecha las culpas a los demás ‘y el malo es el otro’, lo único que nos demuestra es su gran y verdadera maldad interior. Más claro el agua.

De ahí, y termino, cuídate mucho de aquel que sabe tanto que los demás son los que lo hacen mal. Y si no quieres hacerlo, pues no lo hagas pero que sepas de que no será porque no puedas razonarlo y decidir con justicia y por ti mismo. No siempre aquel que conoces de toda la vida y siempre te ha parecido buena persona lo es en su fondo más personal y oculto, porque lo que en realidad es, es un gran hipócrita. Cuando le necesites de verdad y más allá de comerte el ‘coco’ tendrás, además de necesitarlo, que averiguar donde se ha escondido y si te responde o no como esperabas.

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