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Pedro Corral: “Hubo un momento en que la Guerra Civil se convirtió en la guerra de los desertores”

29/04/2009 16:36 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

Pedro Corral nació quince años después del inicio de la Guerra Civil, aunque la conoce como si la hubiera presenciado. El periodista y asesor del Gobierno de 2000 al 2004 en temas culturales ha investigado más de seis mil expedientes de los Archivos de Salamanca.

Corral sostiene que los españoles no se entregaron a la causa de la guerra, desmitificando la visión épica que construyó la dictadura de Franco.

 

 

Pregunta.- La portada de su libro Desertores, La Guerra Civil que nadie quiere contar (Debate) es un cartel que dice “Al desertor que huye, ¡Pena de Muerte!”.

Respuesta.- Es que no hay imágenes de desertores, tampoco de ejecuciones o huidas del campo de batalla. Sólo hay de prisioneros, entre los que habría desertores. Este cartel fue publicado en El Socialista el 30 de septiembre de 1936 y aleccionaba a los soldados a que disparasen contra sus propios compañeros. Me desmontó el mito del voluntario.

 

P.- ¿Qué “vergüenzas” quedan por contar de la Guerra Civil?

R.- Éste podría ser uno de los últimos capítulos por desvelar. Se desmiente los tópicos de la propaganda con la que ambos bandos excitaban la visión de una entrega arrebatada, entusiasta y mayoritaria de sus combatientes. Desde las primeras semanas del conflicto se movilizaron a reclutas forzosos de reemplazo entre los franquistas y los republicanos ante la falta de voluntarios. Con una población de 24 millones de españoles, los voluntarios no llegaban a 150.000. Rafael Casas de la Vega contabiliza 55.000 voluntarios en zona nacional en octubre del 36 y Michael Alter cuantifica 90.000 en la roja.

 

P.- ¿Cuáles eran las causas de esta escasez?

R.- La gente no quería la guerra. La situación de crisis y conflictividad era enorme, pero a la población civil le vino la sublevación militar como El Coloso, el burro de Goya, ante la amenaza napoleónica. Había una fuerte indiferencia.

 

P.- ¿Quién la quería?

R.- El estallido de la sublevación provocó el desencadenamiento de la revolución. La responsabilidad es clarísima. La pregunta es si habría habido Guerra Civil sin golpe militar.

 

P.- ¿Era la misma guerra para los soldados de un bando y para los del otro?

R.- Refiriéndose a la porción mayoritaria de los señores a los que les llegaba la orden de movilización por parte del ayuntamiento de su pueblo, totalmente. Era dejarlo todo: abandonar a la familia, coger el Mauser (el rifle) y clavarle la bayoneta a otro español, que podría ser perfectamente su primo. Era la misma vida inclemente en el frente por falta de indumentaria, por el hambre que pasaban y la tensión en las trincheras.

 

P.- ¿Lo que provocaba ansia por fugarse?

R.- Tanto en un lado como en otro. En total se reclutaron dos millones y medio de españoles para la guerra, muchos de ellos indiferentes políticamente y sin saber por qué luchaban. Además, no estaban preparados. Por eso se daba la confraternización: verse en tierra de nadie para cambiar tabaco o jugar al fútbol con los contrarios. Hasta encontramos una denuncia, en el lado franquista, a soldados que bailaban una vez por semana en tierra de nadie. En estos actos de confraternización se identificaban los unos con los otros. Incluso había treguas no declaradas.

 

P.- Entonces, ¿la única diferencia era la soldada, de 1,90 pesetas diarias para los franquistas y de 10 pesetas para los rojos?

R.- Algo que era muy importante. Después se fue igualando por la inflación en la zona republicana y la subida a 3 pesetas en la nacional. Hablaban de la guerra como empleados de dos empresas diferentes: cómo se portaban sus jefes, cómo se comía en su bando y cuánto ganaban.

 

P.- ¿La capitalización de la guerra?

R.- Es cierto que también hubo gente que luchó por sus ideales. No busco cancelar el heroísmo y el compromiso militante, pero no podemos reducir la guerra a esa visión épica. La frase más conocida de la generación que la vivió es “a mí me toco en…”. Era  como una lotería.

 

P.- La visión épica que comenta es cada vez menor.

R.- En el estudio de la Guerra Civil hay dos visiones: la militar y la de retaguardia. Se olvidó a los desertores que son los que combinan el terror de la retaguardia con la crueldad del frente de batalla, o sea los dos lados. A las familias de los desertores se las encarcelaba por la deserción de de su padre, su hermano o de su hijo.

"Los desertores combinan el terror de la retaguardia con la crueldad del frente de batalla"

 

P.- La mitad de los desertores fueron capturados.

R.- Hubo un momento en que llegó a ser la guerra de los desertores. Ambos bandos realizaron una campaña masiva de propaganda en las trincheras para incitar a la deserción de los reclutas del contrario. Les prometían no engrosar las filas del ejército si no pertenecían a una quinta movilizada, mejores salarios, recompensas económicas y estancias en retaguardia pagadas por el Estado. Por eso el soldado desertaba. Si huían de un frente caliente, el bando que les acogía podía enviarles a una zona tranquila. No era cuestión de ideas, sino de oportunismo.

 

P.- ¿Qué tenían en común los desertores?

R.- Que eran el enemigo de los dos bandos. Desde mediados de 1937 fueron continuos los fusilamientos y las medidas contra ellos.

 

P.- ¿Cuántos desertaron?

R.- Es imposible cuantificarlos. Unos cinco millones de españoles debían haberse incorporado a filas, pero en el frente había sólo dos millones y medio. ¿Dónde estaba el resto? La gran mayoría se encontraban escondidos en el extranjero, en sus casas y otros cumplían funciones de retaguardia debido a favores de los ayuntamientos. La gente buscaba todas las vías de escape posibles.

 

P.- Este hecho se silenció.

R.- Sorprende que el bando franquista tenía información sobre desertores en 1937, llegó a decir que fue algo común. Franco dio una orden para que no le contasen la moral de su tropa en noviembre del 1937. Sólo quería saber la del enemigo. Desde entonces, silenció todo aquello que podía desmentir la imagen gloriosa del vencedor. Quería transmitir que en el ejército franquista no había ni desertores ni automutilados.

P.- Y lo consiguió durante la dictadura.

R.- Sostuvo durante 40 años una visión épica de la Guerra Civil. A pesar de ello, reconoció en la década de los 40 a su primo, Franco Salgado Araujo, que los presos del bando republicano no eran sólo comunistas, también movilizados. Otra cosa que ocultó fue que la recluta forzosa arrastraba sin escrúpulos a todo tipo de combatientes hacia sus tropas, paradójicamente a comunistas, socialistas y anarquistas. Sus generales lo sabían y controlaron  a los desafectos. En el otro bando pasaba lo mismo, en el ejército popular luchaban monárquicos, falangistas y católicos.

 

P.- Había un alto grado de coacción.

R.- Les decían que, si combatían bien, no le pasaría nada a la familia. Era un chantaje brutal.

 

P.- El Congreso de los Diputados declaró el 2006 como año de la Recuperación Histórica el pasado 27 de abril.

R.- Y el Gobierno también intenta aprobar una ley de la memoria histórica para acoger a todas las víctimas de la Guerra Civil. Creo que van a quedar fuera los desertores: los automutilados, los fusilados, los que cayeron en las trincheras. No interesan los muertos caídos por su propio bando. Ojala que esta ley ponga a la misma altura a las víctimas de un lado y de otro en igualdad de condiciones.  Ian Gibson me dejó estupefacto cuando escribió en un periódico que “Paracuellos fue terrible, pero lo entiendo”. ¡Cómo se puede entender 3.000 muertos masacrados!

 

P.- Y más ahora, en un momento de crispación en el que se vive.

R.- Se está poniendo a las víctimas de la Guerra Civil en el juego político. Ojala esta ley no las desenfoque, debemos prestarlas atención.  

 

P.- ¿Se abren de nuevo las heridas?

R.- No sé si esa es la intención, pero puede ocurrir. No se debe dejar a media España fuera de esta ley. Fue execrable que una dictadura recordara a las víctimas de su propio bando, pero la democracia no puede proteger sólo a

los del otro como pretende Izquierda Unida. En la Guerra Civil hubo muchas zonas grises y por eso no se puede compartimentar entre buenos y malos. Hay dolor en las dos partes y debe dirigirse hacia una catarsis. Podemos aprovechar los 70 años que han transcurrido para sacudir el polvo de lo asumido como intocable, que las nuevas generaciones no se vayan con una idea de cainismo de los españoles entre sí y que no se repita el error.

 

Entrevista inédita realizada en marzo de 2006


Sobre esta noticia

Autor:
Luis Marchal (2 noticias)
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Tipo:
Entrevista
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Usuario anónimo (01/05/2009)

Ojala todos entendieramos que la la memoria historica es para darle el lugar que se merece a TODOS los españoles, pero desgraciadamente los primeros que lo distrosionan son los políticos.