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Antonio Lerma GarayMiembro desde: 23/07/16

Antonio Lerma Garay

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Hace 12h

Un incidente entre alemanes y estadounidenses sucede en aguas mazatlecas

 

La Primera Guerra Mundial, también llamada Gran Guerra, fue el  conflicto bélico que tuvo lugar entre los años mil novecientos catorce y mil novecientos dieciocho, en el que participaron países como Alemania, Bulgaria y los Imperios Austrohúngaro y Otomano por un lado, mientras que por el otro peleaban Francia, Inglaterra, Japón, Reino Unido, Estados Unidos y otros países. En esos años México se debatía en una guerra interna, la Revolución Mexicana, por lo cual  permaneció ajeno al conflicto internacional. Sin embargo, debido a la vecindad de México con Estados Unidos se desarrolló en Mazatlán un pequeño incidente que involucró a Alemania y a nuestro vecino del norte.

El Alexander Agassiz era un barco que el año mil novecientos siete había sido construido en unos astilleros de San Diego, California. Su eslora era de unos dieciocho y medio metros y  pesaba alrededor de cuarenta y una toneladas. Poseía  dos motores que funcionaban a base de gasolina. Durante varios años había estado al servicio de un Instituto de Biología de La Jolla, California. Luego fue vendido a la Pacific Trading Company de la ciudad de San Francisco. El día veintisiete de enero de mil novecientos diecisiete el Agassiz salió del puerto de San Diego para ser utilizado en el transporte de ostras en el Golfo de California, donde fue asignado al servicio del buque factoría John A. North que se hallaba anclado en la Bahía Magdalena. Meses después, al decaer la calidad de las ostras, el buque sirvió a la misma compañía efectuando viajes entre los puertos mexicanos de Manzanillo y Mazatlán.

Sin embargo, un día cuando se encontraba anclado en las cercanías del Edificio de la Aduana de Mazatlán el Alexander Agassiz cambió su bandera estadounidense por la mexicana. El buque había sido comprado en esta ciudad por una ciudadana alemana, la pelirroja Maude Lochren. Y desde entonces estuvo bajo la observación de agentes del Servicio Secreto de los Estados Unidos. La razón de la vigilancia era obvia: el buque de una ciudadana  alemana en Mazatlán, es decir muy cerca de Estados Unidos, podría constituir  para dicho país  una amenaza que no debía ser ignorada.

Los miembros del Servicio Secreto estadounidense se enteraron que siete teutones se habían aposentado en Mazatlán y habían entrado en contacto con el cónsul alemán en este puerto o con otro miembro del Servicio Consular del mismo país. Al parecer éste les había dado órdenes de posesionarse de un barco pequeño y armarlo para posteriormente en altamar posesionarse de un barco de mayores dimensiones. El nuevo buque sería también armado y navegaría con la bandera alemana. Con éste los teutones se dedicarán a atacar buques de carga de los aliados en los mares del sur. Una línea de la investigación encontró que la señora Lochren había comprado el Agassiz con propósitos dentro de la ley, pero que había sido engañada por el resto de sus compatriotas. Los espías estadounidenses permitieron a los alemanes continuar con sus planes sin molestarlos ya que, por una parte, querían conocer que tan lejos llegarían éstos y, por la otra, México era un país neutral en dicha guerra.

La mañana del martes diecinueve de marzo de mil novecientos dieciocho el Alexander Agassiz  izó su bandera de la Marina Imperial Alemana y zarpó de Mazatlán rumbo al noroeste. Los teutones previamente habían subido abordo rifles y pistolas, además de banderas alemanas.

Todo indicaba que ese día comenzaría la carrera pirática del barco y de sus nuevos tripulantes. Sin embargo, los agentes secretos estadounidenses ya habían dado aviso al Departamento de Marina de su país, y cuando el Agassiz iba apenas a unas quince millas de este puerto un buque de guerra de los Estados Unidos se hizo presente. Al verse descubiertos y superados los alemanes comenzaron a arrojar objetos diversos al mar. Sin remedio alguno, a las once de la mañana de ese día los marinos estadounidenses abordaron el barco y tomaron prisioneros a sus nueve tripulantes, quienes no ofrecieron resistencia alguna. Los nombres de los prisioneros eran: Cornelius Geintz y su esposa, Frank Volpert, Richard Charles,   Lewis Brandt, Charles  Boston, Arthur Martens y  Hendrik  Koppalla, así como la señora Maude Lochren.

 

El buque de guerra estadounidense aseguró el barco pirata y lo remolcó rumbo al estado de California; por precaución tanto el nombre del puerto a donde fueron llevados el Alexander Agassiz y estos alemanes así como el nombre del buque de guerra estadounidense permanecieron en secreto. Una semana después la prensa estadounidense se concretó a publicar que el día veintisiete siguiente los presos y el barco habían llegado a “un puerto del Pacífico.” Posteriormente los alemanes fueron conducidos a San Diego, donde fueron enjuiciados conforme a las leyes de Estados Unidos.

En julio de ese año un Juez de Distrito exoneró de todo cargo a la señora Lochren y ordenó le fuera devuelto el barco en cuestión.

 

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