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07/10/2017

¿Estamos ante un movimiento “de abajo a arriba” realmente?

Ayer en los grupos de Telegram de Podemos se vivió la batalla ideológica mas trascendente y fuerte de toda la vida del partido, partidarios y detractores del movimiento “¿#Hablemos?” discutían acaloradamente las implicaciones del proyecto.

Si existen elementos comunes o no entre el Frente Nacional de Lepen y el “populismo de izquierdas” es un debate conocido y aceptado por todo el abanico político. Durante el especial por las últimas elecciones francesas, el anticapitalista Miguel Urban rechazaba en la sexta con vehemencia y enfado esta idea, mientras Ferreras conectaba en directo con Jorge Vestrynge desde la sede del Frente Nacional francés. No mostraba esa discrepancia por pensar que no es cierto, sino porque como todo lector asiduo de “Poder Popular” sabe, de hecho esta posibilidad de “lepenización de las almas”es un riesgo real al que Anticapitalistas pretende enfrentarse formando cuadros y manteniendo el discurso de izquierda revolucionaria.

Y es que el discurso populista se alimenta de un ideal tan inestable como el discurso del pueblo ante los escenarios y acontencimientos políticos. El que ha sido señalado como convocante de la manifestación y el movimiento “#Hablemos?”, de hecho, analiza este efecto de movilización de la clase obrera por parte de la nueva extrema derecha francesa mediante la retórica en un sendo artículo en CNTX de Público. Guillermo Fernández Vázquez, profesor de la UCM y analista del Frente Nacional y Podemos desde el prisma pragmático. Jamás se ha expresado en público en un sentido “fascista” pero su interés académico y el movimiento que se supone que encabeza basa la baza política en el populismo y explica que el Frente Nacional en Francia hizo una “OPA dialéctica” a la izquierda, eso si, sin mostrar su inclinación por esta ni mucho menos.

El inmediato momento político con Cataluña como protagonista de fondo agita el debate acentuando los extremos. Es decir, hay mas independentismo y mas anti-independentismo (que no solo unionismo) donde los actores políticos de la extrema derecha están de forma muy visible integrados en determinado “franquismo sociológico” que es la punta del iceberg. El independentismo, en Cataluña basado en un derecho universalista como es la autodeterminación no reconocido a nivel nacional, tenderá a la izquierda (con la inclusión del liberalismo light clásico) y a crecer como movimiento social mientras en el resto de España, la clase obrera que se apoya en el gobierno está presente en un movimiento muy mayoritario en el resto de España contra la independencia que se basa en negar ese mismo derecho universalista de autodeterminación de los pueblos basándose en la aplicación estricta del derecho nacional.

Entre estos dos polos, surge “espontáneamente” un movimiento “no alineado ni con unos ni con otros” que aspira a la centralidad del tablero. Una centralidad movida hacia la derecha en España y hacia la izquierda en Cataluña, pero que tiende a un espacio de consenso en el que se encuentra la derecha y determinada izquierda centralista que equipara las posiciones de los supuestos contendientes (Puigdemont y Rajoy). Mientras, gente de izquierdas de toda España viajó a apoyar el referendum del 1O sin ser independentista y sabe el alcance popular del movimiento independentista y cada vez es mas evidente el vacío legal y de poder en el cual se sitúa el presidente Mariano Rajoy, por tanto, ahora mismo existe una brecha significativa entre el propio populismo y la izquierda. Numerosas voces fieles al proyecto se han desligado de este y acusan a Podemos de “independentistas”. Hace falta actuar, piensan algunos, por que este calificativo no es un estímulo en el resto de España para conseguir votos así que parte de esa izquierda ha conseguido movilizar a gente en ese centro del tablero “derechizado” y de lo que antes se entendía como 15M en un nuevo grupo ideológico “no representado” en un nuevo consenso social entre gente “de izquierdas” no adscrita al “movimiento independentista” (no hace falta serlo para que te adscriban a este movimiento) y gente adscrita al “movimiento anti-independentista” con una cultura política de derechas. En este consenso y después del ejercicio de transformismo y pragmatismo político que ha experimentado Podemos en los últimos años, supone una tendencia hacia la extrema derecha patriótica ya que la bandera de la izquierda cada día se aleja mas del discurso populista.

¿Hablemos? Se presenta a si mismo como un espacio “ni de izquierdas ni de derechas, de los de arriba contra los de abajo” en brutal transversalidad como exigencia de un diálogo entre el ejecutivo catalán y el español que resuelva el encaje de Cataluña en España, por tanto parte del no-reconocimiento del derecho de autodeterminación de los pueblos según lo establecido en la Corte Penal internacional, la carta de derechos de la ONU y el propio Boletín Oficial del Estado. Este hecho ya consuma una adscripción ideológica al nacionalismo frente al internacionalismo y a la aceptación de derechos nacionales sobre los derechos universalistas. Es decir, el movimiento parte, mediante reclamos populistas de una base ideológica de la derecha nacionalista. Ni decir tiene que no marca posición frente a la represión policial vivida el 1 de Octubre además de analizar el movimiento por el derecho a decidir como si las millones de personas que participaron en el fuesen partidarias de Puigdemont. Si bien es cierto que no deja de apoyar el derecho a decidir, como búsqueda de una suma transversal de ciudadanos tampoco lo apoya. Además, ignora como sujeto político al pueblo movilizado para limitar sus exigencias a que sea una negociación entre Puigdemont y Rajoy quien de una salida política al asunto. Es decir: parte de una aspiración de parte a apoyar las lógicas elitistas e institucionales y que sean las élites políticas los sujetos únicos legitimados para resolver las aspiraciones populares.

Cualquiera que haya participado en un movimiento social “de abajo a arriba” que haya resultado masivo va a deducir que en absoluto este movimiento está construido de esta forma

En segunda instancia se presenta como un movimiento popular espontáneo. Si bien es cierto que existe clase obrera e incluso movimientos apellidados “de izquierda” de una forma cuanto menos visible, incluso personalidades consideradas así que principalmente parten de la progresía mediática patriótica, ninguno de ellos comenzó en los últimos dos días los movimientos sobre los que pivota esta campaña. En redes sociales y medios internos de diferentes plataformas sociales y partidos de izquierdas, estudiantes de Ciencias Políticas de la UMH hicimos un seguimiento exhaustivo de los perfiles que a lo largo de esta semana convocaban esta acción. No sorprendió tanto encontrar perfiles afines a Ciudadanos y derecha anti-independentista como averiguar que el primer impulso de esta campaña se dio a través de dos agencias de propaganda: Sra Rushmore y Agencia SPFC, las agencias publicitarias de La Caixa y el Banco Sabadell respectivamente.

De hecho, las primeras imágenes que circularon en este hastag para este evento se corresponden a unos carteles colgadas de las fachadas de estas dos agencias que fueron las principales en patrocinio del evento tanto en redes como en prensa escrita. La difusión mediática de esta “revolución blanca” comenzó a agitarse masivamente en Watsapps y redes sociales precisamente en el momento en el que Sabadell agitaba el twitter cambiando su sede social a Alicante y se magnificó mientras La Caixa anunciaba sumarse a este movimiento (mas propagandístico que efectista ya que todos estos bancos han mantenido sus sedes fiscales intactas). Automáticamente la televisión se encargó personalmente de viralizarlo. Cualquiera que haya participado en un movimiento social “de abajo a arriba” que haya resultado masivo (se me ocurren; la primavera valenciana y el mes de travesía en el desierto del estudiantado hasta las primeras portadas, el propio independentismo, Gamonal, la PAH, las marchas de la dignidad, o la lucha actual en Murcia como referentes bastante comprensibles) va a deducir que en absoluto este movimiento está construido de esta forma. A no ser que entendamos que la banca catalana y española es “abajo” y el pueblo de Cataluña de clase obrera a institucional ”arriba”.

La tipología de este movimiento se inspira en la “Revolución Naranja” de Ucrania, movimiento político clásico de las élites políticas de occidente que se ha desarrollado en mayor o menor escala de matices en casi todos los países de Europa. “Hogar Social Madrid” sentó un precedente en España de evolución política de la extrema derecha, sin embargo los sectores progresistas de la sociedad los perciben como lo que en realidad son. La revolución naranja de Ucrania fue un movimiento cívico en el que se acudía pacíficamente y vestidos de naranja, con lazos naranja a las plazas a protestar contra el régimen político cuya calidad democrática dejaba mucho que desear. La izquierda ucraniana apoyó y promocionó esta, sin embargo al regresar el statu quo previo a la revolución las protestas evolucionaron en Euromaidán. Donde parte de la izquierda, universitarios ucranianos y la extrema derecha (Pravi Sektor) confluían en una “segunda parte” de la revolución naranja. El gobierno conservador intentó llevar a cabo una “ley mordaza” para frenar unas protestas que empezaron siendo pacíficas y apoyadas por la izquierda internacional. Una escalada de la violencia policial desembocó en una escalada de violencia por parte de los manifestantes que acabó siendo reprimida con armas de fuego. Finalmente entre tiras y aflojas internos y presión internacional los manifestantes tomaron las principales instituciones del país violentamente y se hicieron con el poder mientras el presidente conservador Yanukóvich huía a Rusia. Lo que siguió a esto fue una guerra civil en la que un poder hoy consolidado de corte neo-nazi perseguía y persigue a personas por su ideología, llegando a asesinar a civeractivistas, quemar sindicatos y tomar pueblos enteros con el absoluto silencio cómplice de la comunidad internacional.

En mucha menor medida pero el mismo alcance este esquema de las revoluciones “de colores” se ha seguido en múltiples ocasiones en los últimos años en Oriente Medio, Europa y Latinoamérica segmentando el populismo de la izquierda en marcos idénticos de cesión de posiciones de la izquierda en favor del populismo (o nacional-populismo como Jorge Vestrynge en alguna ocasión se ha referido en Fort Apache), que han supuesto la fundación de los monstruos ideológicos mas transversalmente temidos de la sociedad y de los que aquí “gracias a Podemos” nos considerábamos a salvo. La quiebra de la izquierda y el populismo, sobre una base patriótica y un relato de parte en un conflicto con relaciones de opresión inherentes, tiene una salida de extrema derecha, que debemos aprender a descodificar y entender mientras hay tiempo para medirla, pero también señalar como lo que es.

El apoyo de sectores conscientes de la izquierda a las tésis políticas del nuevo movimiento supone un retroceso histórico en las posiciones políticas del consenso entre las fuerzas de la izquierda y la constatación de la ruptura de relatos. El desencanto patriótico del momento que se ha expresado este Sábado al mismo tiempo en la plaza Colón con enseñas pre-constitucionales agita por completo las posibilidades políticas de unos y de otros, la debilidad ante “la vieja España” de un discurso patriótico de “la nueva España” que pusiese en valor el poder popular ha dado la vuelta al paradigma de clases. Existen dirigentes entre los partidos considerados “del cambio” que ante la emergencia de seguir el discurso populista no tienen ningún reparo en abandonar el relato de la izquierda social y política sin la mas mínima intención de conjugarlos a no ser que sea necesario como ya han advertido ellos mismos dese sus propios canales. La ruptura entre la izquierda antifascista y la que se suma a este nuevo movimiento patriótico será evitable en la medida que este movimiento sea visto como lo que es y fracase o triunfe sobre las lógicas universalistas y de izquierdas apelando al pueblo.

Puede que hayamos estado menospreciando la capacidad de la extrema derecha de auto-regenerarse y presentarse ante el pueblo como la salvación demasiado tiempo como sociedad así como la presencia de esta en el sector bancario y la impavidez con la que la banca puede llegar a apoyarla. Y puede que esto nos haya pasado factura. No se si es demasiado tarde, en función de cuanta gente nos haya deshumanizado y no atienda a razones.

Si existen elementos comunes o no entre el Frente Nacional de Lepen y el “populismo de izquierdas” es un debate conocido

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