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04/06/2015

Burnham y otros, lograron relanzar la observación celeste en Estados Unidos

Cuando todo parecía descubierto en el mundo de las estrellas dobles tras las extraordinarias aportaciones realizadas por los Herschel (1) y los Struve (2), un magnifico observador visual, bajito, delgado y de ojos azules, nos sorprendería con su tenacidad detrás de un ocular. Se llamaba Sherburne Wesley Burnham (1838-1921), y sus aportaciones en el campo de las dobles resultaron impresionantes.

Pero su presencia tal vez hubiese pasado inadvertida si ciertas circunstancias no se hubiesen producido en Estados Unidos en el transcurso del siglo XIX. A principios de este siglo el interés por la astronomía en este país era casi nulo. Pero un militar xenófobo pero gran orador y gran amante de todo lo referente al cielo, daría el primer paso en la construcción de los pilares que servirían a Burnham para sus grandes descubrimientos. El nombre de este militar era Ormsby MacKnight Mitchel (1809-1862), que con su tenacidad, logró la construcción de los primeros grandes telescopios en suelo americano. Gran matemático y conferenciante, sus giras tanto por suelo americano como europeo ayudarían a financiar el observatorio de Cincinnati. Entro en la Academia Militar de Estados Unidos en 1825 y se graduó en 1829. En 1836 se convirtió en profesor asistente de matemáticas y filosofía natural en Cincinnati College y fue el impulsor de la edición de la primera revista mensual publicada en Estados Unidos dedicada específicamente a la astronomía. En un discurso el 18 de abril de 1842 ante un amplio auditorio en Cincinnati, Mitchel dijo: “mientras que Rusia, con sus hordas de bárbaros, se jacta de poseer el observatorio más hermoso del mundo, nuestro país con toda su libertad y su inteligencia ha sido acusado recientemente, por el astrónomo real de Inglaterra, de no tener ni un mísero observatorio en todo su territorio”.

Y aquello era cierto. Tan cierto, que cuando Mitchel logra instalar un refractor Fraunhofer de 12 pulgadas en el monte Adams cerca de la ciudad, no solo logra para su país uno de los telescopios más grandes del mundo, sino que impulsa con su interés, la creación del observatorio de Harvard y el observatorio Naval de Washington. Los astrónomos de Harvard mediante donaciones, encargan un gran telescopio de la firma Merz y Mahler de 15 pulgadas, que pronto obtendría una gran reputación por sus magníficas observaciones. Mientras tanto, Mitchel es nombrado en 1845 director del observatorio de Cincinnati. Cuando la guerra civil estalla en 1861, Mitchel con el grado de general de brigada, no solo apostó por una dura postura ante la población del sur y a favor de la esclavitud, sino que además su fama se incrementó cuando consiguió apoderarse de la ciudad de Huntsville sin disparar un solo tiro en abril de 1862, siendo ascendido a general de división. En julio de 1862 es nombrado comandante del Departamento del Sur, trasladándose a Carolina del Sur, donde superviso la construcción de escuelas y viviendas para esclavos, pero fallece en el mes de octubre a causa de fiebre amarilla.

Pero si Mitchel resultó ser uno de los nuevos pilares de la astronomía en suelo americano, este germen se vio reforzado por otro curioso personaje, Alvan Clark (1804-1887), un grabador de metales interesado por los cristales ópticos que ayudando a su hijo en la construcción de un telescopio, realizó unas interesantes observaciones de la nebulosa de Orión que le sirvieron para que el director del observatorio de Harvard le dejase observar por su telescopio. Aquella visita cambiara parte de la historia de los telescopios en Estados Unidos. El telescopio, como habíamos dicho anteriormente, había sido fabricado en Europa por la prestigiosa firma alemana Merz y Mahler. Clark, al observar por él, encontró algunos defectos en su óptica y propuso cuales podrían ser las soluciones a aplicar, ante el asombro de los astrónomos del observatorio de Harvard. Pero como el movimiento se demuestra andando, Clark se puso manos a la obra, fabricando varios objetivos de 4 y 8 pulgadas y dedicándose durante dos años, de 1852 a 1854 a observar estrellas dobles. Clark manda estas observaciones al reverendo W. R. Dawes, toda una institución en la materia en aquella época, el cual queda impresionado. Semejantes observaciones solo son posibles con instrumentos de una calidad excelente. Así pues, le encarga a Clark varias lentes y le invita a Londres en 1859, donde descubre varias dobles en el observatorio de Dawes y es presentado a Lord Rosse, al astrónomo real y a Sir J. Herschel.

Clark se dedicó a perfeccionar el tallado y pulido de las lentes, hasta que Barnard, rector de la universidad de Mississippi, le encarga para el observatorio de Dearbon en Chicago un gran refractor de 18, 5 pulgadas. A principios de 1862 es probado, y el joven Clark descubre junto a Sirio una débil estrellita no vista anteriormente, Sirio B. Este descubrimiento catapultó su fama definitivamente por todo el mundo. Aunque esta compañera oculta había sido ya predicha por Bessel en 1842, este episodio supuso tanto para el padre como para el hijo, un éxito y una publicidad sin precedentes de sus fantásticas lentes. De repente tuvieron numerosos pedidos y solicitudes para visitar sus instalaciones, pero había un problema, el éxito de las lentes de Clark residía en sus manos y en su habilidad. Los Clark no realizaban ningún cálculo preliminar, ni de la curvatura ni de la distancia focal, y los últimos retoques se hacían sobre la marcha, jugando con la separación de las mismas. Por ello, los Clark no podían indicar con antelación cual iba a ser la longitud de los refractores encargados, lo cual era un problema cuando el montaje lo realizaba otra empresa.

Otra consideración en la que no voy a extenderme, era la dificultad de realizar grandes discos de vidrio en hornos, durante muchísimas horas y donde la técnica era muy laboriosa y el enfriamiento de la pieza podía durar más de un mes. Algunas veces el disco se rompía durante este proceso y había que empezar de nuevo. Pero en 1870, los Clark reciben dos encargos simultáneos; por un lado el mayor telescopio posible para el observatorio Naval de Washington y otro para el mecenas Leander J. McCormick, que pretende igualmente poseer el mayor telescopio del mundo.

Los Clark deciden construir dos telescopios de 26 pulgadas. El del observatorio de Washington se instala en 1873, mientras que el del observatorio de McCormick fue instalado en 1883. Sin embargo el vidrio Flint del objetivo de Washington sufrió a los tres años una alteración por la que fue necesario pulir nuevamente los vidrios durante dos meses dentro de la cúpula. Con este telescopio se descubrieron, entre otros objetos, los satélites de Marte en 1877. El refractor de 40 pulgadas de Yerkes fue el último gran trabajo de la casa Clark pues a partir de entonces la empresa Brashear consiguió encargos más importantes. Paralelamente en Europa, los grandes vidrieros ingleses, alemanes y franceses fueron tan célebres como los Clark en Estados Unidos. Los hermanos Henry, por ejemplo, tallaron numerosos objetivos desde 1870 a 1904, entre los cuales había 18 objetivos fotográficos para la elaboración de la Carta du Ciel, pero esa es otra historia para contar en otro momento.

La fe de Clark en sus lentes le llevo a él y a sus hijos a construir solo refractores. Parecía que las lentes habían llegado a su límite teórico y práctico, pues una mayor abertura producía, por el propio peso de la masa del cristal al estar solo sujeta por los bordes, que estos se combasen lo suficiente para producir defectos en la imagen. Con los espejos esto no ocurre. Se cree que Clark siguió intentando superar la lente usada en Yerkes, gastándose una fortuna en el proyecto, pero murió, y ninguno de sus hijos siguió aquel proyecto. Los espejos tomarían el relevo, pero no olvidemos que un hombre como Clark, logró sin conocimientos previos, ser el gran artesano de los grandes observatorios americanos.

Y puesta ya en escena, la materia básica por parte de Mitchel y Clark, solo quedaba ya que el gran gigante dormido, Estados Unidos, despertase de su letargo. Y lo hizo de la mano de W. Burnham, un observador visual hasta la médula. Tras recibir una aceptable educación primaria, como muchos de sus contemporáneos, tuvo que recurrir a ser autodidacta, para mejorar su formación. A los 20 años dejó su ciudad natal para dedicarse al periodismo. Con 23 años viaja a Londres, donde compra por curiosidad un telescopio barato de 3 pulgadas y como diría más tarde, “bueno para el paisaje pero decepcionante astronómicamente”. Burnham se casó con María Cleland con la que tuvo seis hijos. Se establece en Chicago en 1866 donde compra un segundo telescopio, un refractor de 3, 75 pulgadas que tampoco acaba de satisfacerle aunque pueda sacarle algún partido. Al vivir muy cerca del observatorio de Dearborn, donde Clark acaba de instalar su famoso telescopio de 18, 5 pulgadas, en 1869, Burnham se une a un grupo que va a observar el eclipse de Iowa en el que iba Alvan Clark. Esto sirvió para que Burnham encargase más adelante a la casa Clark un telescopio de 6 pulgadas. En 1870 recibe el telescopio y lo instala en un pequeño observatorio creado al fondo de su jardín. Desde 1866 Burnham era redactor oficial de tribunales en Chicago. A la salida de su trabajo, siempre que el tiempo lo permitía, Burnham observa con su flamante refractor de 6 pulgadas desde 1870 a 1874 todas las noches, descubriendo 300 pares nuevos de estrellas dobles. La noche del 27 de abril de 1870 descubre su primer nuevo par. Entre estos pares se encuentra una de las binarias más rápidas que hay en el cielo, β Delphini. Estos asombrosos éxitos captaron la atención del gran observador inglés, el reverendo Webb quien lo propuso para las Becas de la Real Sociedad Astronómica.

El telescopio no tenía por supuesto, ni seguimiento, ni motor, ni micrómetro, y por lo tanto Burnham no podía medir las posiciones relativas de las componentes. Afortunadamente empezó a cartearse con el barón Ercole Dembowski, cuya reputación era mundial y tenía un telescopio Merz perfectamente equipado para hacer mediciones. Así fue como el barón comenzó a medir los nuevos pares de Burnham. A pesar de no ser un astrónomo profesional, Burnham accede a grandes telescopios. En el verano de 1874 observa con el 9 pulgadas del observatorio de Dartmouth y descubre 27 pares. La noche del 11 de agosto de ese mismo año puede observar por el recientemente instalado 26 pulgadas de Washington y descubre 14 nuevos pares. Durante esta breve estancia hace amistad con Edward S. Holden (1846-1914), quien llegaría a ser director del observatorio de Link. Tanto Holden como G. W. Hough, futuro director del observatorio de Dearborn, serian fundamentales para la carrera de Burnham.

Burnham normalmente partía de una estrella doble ya catalogada y observaba las estrellas que había a su alrededor con la esperanza de descubrir signos de duplicidad.

En 1878 los pares descubiertos con su telescopio de 6 pulgadas eran ya de 451 y fueron publicados en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society. Aquello demostró que un simple aficionado medianamente equipado podía obtener incluso mejores resultados que profesionales con telescopios de mayor abertura.

El observatorio de Dearborn, cercano a la vivienda de Burnham, sufrió en sus propias carnes algunos sucesos en poco tiempo como el incendio de Chicago en 1871, todo un desastre nacional, o el pánico financiero de 1873, que lo sacudieron indirectamente. Pero cuando el observatorio estaba al borde de la ruina, un inteligente Burnham ayudado por un periodista, logró que este publicara un artículo en el diario Tribune, en donde decía “que no parecía muy decente que el gran refractor permaneciese inutilizado, carcomido por el óxido y el polvo, mientras el joven Burnham, de Chicago, estaba a punto de publicar una lista nueva de estrellas dobles descubiertas con su pequeño refractor de 6 pulgadas”.

Aquello demostró que un simple aficionado medianamente equipado podía obtener incluso mejores resultados que profesionales con telescopios de mayor abertura

Gracias a este artículo, se recaudaron fondos y se restauró el instrumento bajo una nueva cúpula. Y así, en septiembre de 1876, es nombrado acting director del observatorio, pero sin sueldo. Allí descubriría 413 pares nuevos en varios años. Pero Burnham tiene ya 6 hijos y la dirección del observatorio supone demasiado trabajo, por lo que le sucede en el cargo Hough. Todo el mundo le pide consejo en temas astronómicos, por ello, cuando un hombre de negocios de Chicago llamado Lick, dona 700.000 dólares para construir un observatorio astronómico, el congreso le pide a Burnham que realice un informe para el emplazamiento del nuevo observatorio. Parece que un buen lugar es en la cordillera de las Montañas Rocosas a 100 kilómetros de San Francisco. Por ello, Burnham coge su telescopio de 6 pulgadas y se queda a observar con él durante cuatro meses. A Burnham no le queda duda sobre la idoneidad del emplazamiento. El gran refractor se instala en Monte Hamilton.

En 1880, publica un informe en el que somete a examen al Catalogo Bedford, en la revista de la Royal Astronomical Society. En ella señala errores persistentes del almirante William H. Smyth Bedford, en estrellas que no habían estado registradas anteriormente. Burnham mide y observa 126 estrellas de ese grupo, señalando errores de un promedio de 25’’ en la separación y 7º en el ángulo de posición. Burnham comentaría “que las medidas de Smyth, son en el mejor de los casos, simples estimaciones oculares”. Ambos amaban las estrellas dobles, es cierto; pero mientras que Smyth es conocido y admirado por sus descripciones liricas, Burnham será recordado por la descripción de sus cualidades estéticas, como “elegante”, “esplendido par” o “delicado objeto”, expresiones que salpicaron las observaciones realizadas con su seis pulgadas.

Holden acaba de ser nombrado director del observatorio de Washburn e invita a Burnham para que este observe por el refractor Clark de 15, 56 pulgadas. Burnham comienza a observar por este telescopio en 1881, por el que descubrirá 87 pares y realizará multitud de medidas. Muchas de las estrellas dobles que Burnham había descubierto hasta entonces tenían menos de 1’’ de separación, superando las descubiertas por los Struve, por lo que el interés por los pares de Burnham fue creciendo. Desde 1881 hasta 1888, nuestro astrónomo, reparte sus observaciones entre Washburn, Dearborn y Lick. En 1888, el observatorio de Lick le ofrece un puesto de astrónomo. Trasladarse supone una pérdida económica importante y un sacrificio para su familia que tendrá que vivir en una zona menos confortable. A pesar de todo Burnham acepta, pues la tentación de poder observar por el refractor de 36 pulgadas vence su resistencia. En Monte Hamilton solo disponía de unas cabañas de madera, a donde los alimentos se subían en mulas, había que cortar leña para calentarse y el agua se recogía de la lluvia. Por todo esto, su familia se instala en San José, relativamente cerca de Monte Hamilton. Allí conoce a Edward Emerson Barnard, amistad que duraría el resto de su vida.

Barnard era bastante más joven que Burnham y tenía en un pedestal a este último debido a su trayectoria en el mundo de las dobles. Barnard se había imaginado a Burnham como un hombre corpulento y serio; pero descubre en Monte Hamilton a un hombre pequeño, de ojos azules, cubierto de polvo, amable y tremendamente humano. Barnard ni fumaba ni bebía. Burnham fumaba sin cesar y disfrutaba bebiendo una buena copa de vino. Es más, mientras Barnard se frustraba e impacientaba con la aparición de nubes en el cielo, Burnham se ponía a leer un libro o jugaba a las cartas tranquilamente. Dos personas completamente opuestas, sin duda, pero que compartieron muchas de las noches de observación en Monte Hamilton.

Burnham aumentará a otros 198 los pares descubiertos, aunque dio prioridad a medir y recopilar las dobles descubiertas; pero en 1892, una oferta de los tribunales de Chicago muy buena, hace que Burnham abandone Monte Hamilton.

Cuando el 40 pulgadas del observatorio de Lake Geneve financiado por Yerkes se instala en 1897, Burnham es invitado para que disponga del telescopio dos días a la semana. Chicago queda a tres horas, así que los fines de semana se desplaza hasta el observatorio y emprende la ardua tarea de realizar casi diez mil medidas de pares abiertos para el estudio de sus movimientos propios. Abandona por ello, el descubrimiento de nuevos pares. En los años que estuvo en Yerkes solo descubrió 8 estrellas dobles nuevas.

En 1900, publicará su importante A General Catalogue of 1290 Double Stars, en el que se pueden encontrar todas las observaciones de pares Burnham hasta 1899 además de la actualización de los pares conocidos. Pero lo más destacable es la aportación de 400 pares más cerrados de un segundo de arco, que hasta ahora casi eran una excepción. Otra cosa curiosa es que comparativamente la mayor aportación en cantidad y calidad fue realizada por su pequeño refractor de 6 pulgadas. Los grandes telescopios no aportaron a Burnham pares tan interesantes.

Burnham lamentablemente nunca pudo dedicarse completamente a las estrellas dobles, salvo en Lick, debido a sus obligaciones profesionales. Pero dejó plantada una semilla, un testigo que recogió su amigo G. W. Hough, director del observatorio de Dearborn. Hough, descubrió 622 pares en sus observaciones entre 1886 y 1895. De los pares de Hough (Ho), 123 tienen una separación menor al segundo de arco y 77 por debajo de 0, 5’’. Pero a pesar de todo, lo cierto era que de los 10.000 pares registrados, ni siquiera hay 1.000 pares inferiores al segundo de arco. Otro tema a tener en cuenta era que desde J. Herschel no se había realizado un catálogo general de estrellas dobles. Por ello, Burnham comienza a medir y repasar aquellos casos que le parecen erróneos, publicando finalmente en 1906 una obra titulada “A General Catalogue of Double Stars Within 121º of the North Pole”, en dos volúmenes, en donde están contenidos datos de más de 13.600 estrellas dobles y múltiples.

Burnham siempre se mostró escéptico ante la idea de que la fotografía pudiera suplantar la habilidad de un observador visual. Burnham fue un astrónomo aficionado que nunca quiso ser profesional. Trabajó con una mezcla de ilusión, fortaleza e inspiración que le llevaron a demostrar a los grandes sacerdotes reinantes de las estrellas dobles, los Herschel y los Struve, que con un instrumento mucho menos grande, su modesto 6 pulgadas, se podían descubrir pares que ellos no habían detectado. Fallece la mañana del 11 de marzo de 1921 tras una larga enfermedad. Aquel día las banderas ondearon a media asta en Yerkes. Aquel día Burnham pasó con toda justicia a ser una leyenda en el apasionante mundo de estas esquivas estrellas.

 

 

Notas:

(1)- Revista Neomenia 43. Articulo Luis Alonso.

(2)- Revista Neomenia 49. Articulo Luis Alonso.

 

BIBLIOGRAFIA

 

  • Esos astrónomos locos por el cielo. Paul Couteau.

  • Burnham, una vida detrás del ocular. Neil I.

  • Estrellas binarias. Robert Aitken.

  • Astronomica Scrapbook. J. Ashbrook. Cambridge.

  • New Double Stars, with remarks (1857). A. Clark, W. Dawes.

  • New Double Stars discovered (1859). Royal Astronomical Society.

  • Wikipedia

 

Fuente: laisladelaastromia.com

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