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15/01/2012

Es raro el día que transcurre sin ecos agudos que te provocan sobresaltos. Me había prometido no escarbar en las letanías diarias que entretienen mis ratos, cuando recibo tres duros impactos que desestabilizan mi sosiego

JAVIER DYSART

Hay ocasiones en que sientes necesidad de relajar la mente y despreocuparte de lo que nos llega desde el exterior. Es raro el día que transcurre sin ecos agudos que te provocan sobresaltos, acontecimientos que te hacen reír o llorar, según el estado anímico del momento. Me había prometido no escarbar en las letanías diarias que entretienen mis ratos, tanto vía papel, como por Internet o, simplemente, por ondas radioeléctricas, cuando recibo tres duros impactos que desestabilizan mi sosiego. Los tres inesperados impactos me provocaron emociones distintas: una de pasmo, otra por falta de rubor, y la última de descojono.

Impacto: de pasmo

Eso fue lo que sentí, pasmo extremado, cuando escuché al portavoz del Grupo Socialista, José Antonio Alonso, poniendo como ejemplo a la Junta de Andalucía por su “gestión eficaz, antidespilfarro de dinero público, políticas de austeridad y control del gasto público”. Al escuchar tan ocurrentes chanzas, me sentí auténtico tontolaba por ser incapaz de comprender la sincera predica lanzada por el portavoz socialista desde la tribuna del Congreso. Fue un manifiesto de irresponsabilidad meditada que ocupará reseña destacada en el historial de estupideces parlamentarias. El discurso del señor Alonso se produce precisamente coincidiendo con varios y escandalosos escándalos dentro del entorno de la Junta de Andalucía.

El portavoz socialista destacó, como ejemplo de gestión, al Gobierno del señor Griñán precisamente en el mismo instante que se destapan bochornosos despilfarros de la trama de los ERES y, a más, con los testimonios que últimamente está revelando Juan Francisco Trujillo, chófer del ex director general de Trabajo de la Junta, Javier Guerrero, sobre la cocaína que consumían ambos con el dinero de las subvenciones de los parados y resto de generosas dádivas. Destacan además las múltiples irregularidades y procesos abiertos en la propia Junta por enchufismos, familiarismos, prejubilacionismos, reptilismos, nepotismos, amiguismos y desviaciones dinerarias varias. Por lo que se puede deducir de lo dicho por el señor Alonso, todo esto parece ser lo normal para poder presumir de gobierno “austero y de gestión eficaz”.

Los tres inesperados impactos me provocaron emociones distintas: una de pasmo, otra por falta de rubor, y la última de descojono

Impacto: falta de rubor

Europa  Press

No tardé en comprobar la total carencia de rubor del protagonista cuando me llegaron noticias del reciente viaje a Florida, Estados Unidos, del ex ministro de Defensa y presidente del Congreso de los Diputados, José Bono, y de la petición formulada a la tripulación del vuelo para que le colocase en los asientos de primera clase, a pesar de volar con billetes en clase turística. De alguna forma me confortó el saber que la propia tripulación le negó la posibilidad, por lo que tuvo que aguantar las diez horas del viaje en clase turista, como el resto de los pasajeros iguales. El señor Bono es un conocido político que ha tenido distintas responsabilidades y ha disfrutado de variados privilegios. Ahora ya no está en esa primera línea de flotación y, por tanto, debería dar ejemplo con su conducta, comportamiento y discreción. No es de recibo que, creyéndose aún merecedor de distinciones, trato diferenciado, y boatos, utilice su responsabilidad política del pasado para exigir favoritismos y servidumbres. Su falta de rubor produce vergüenza ajena.

Impacto: descojono

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Aún se me alteran las carcajadas con lo sucedido a un inconformista gallego. Resulta que, cansado y descontento de su pirulí fofo y enclenque, decidió recurrir a Internet para encontrar remedio a su problema de mínimos. No le costó gran trabajo dar con la solución. Tras revisar el listado de mecanismos y precios, decidió cumplimentar el pedido con el aparato que mejor se adaptaba a sus deseos. Sin pausa solicitó el envío del “alargador de pene” elegido, con el ruego de tenerle en su poder coincidiendo con la jornada de Reyes. Y así fue. Días antes de la fecha señalada recibió puntualmente el envío. El hombre, al dirigirse a retirar el paquete, mostraba una gran ilusión porque, a partir de ese momento, lo de la pilila enana, pasaría a ser historia.

Lo malo es que cuando las cosas se tuercen, pues eso, arrasan con las ilusiones, y eso le pasó al infeliz gallego. Al abrir el paquete descubrió que le enviaban, en calidad de alargador, una ‘lupa de aumento’ para poderse ver la salchichina un poco más grande.

El deseo se cumplió al pié de la letra. Son cosas del marketing.

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