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Fernandoalamo

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    19-05-2012 21:04

    Apuestas

    Categoría:

    Ciencia

    | Tipo: Reportaje | Tags:

    apuestas

    las

    una

    | 0 Comentarios

    Una de las cosas que solemos hace en nuestra vida de forma relativamente habitual son apuestas. A veces son por alguna idea o certeza que tenemos en la cabeza y nos la ponen a juego. Pero cuando en este terreno entran los científicos y empiezan a apostar cómo funcionará la Naturaleza entonces la cosa se vuelve bastante más interesante; porque sabemos que el ganador se llevará la gloria de forma objetiva mientras que el perdedor… en fin, veamos algunos ejemplos. Algunos ya os los he contado alguna vez, pero vale la pena ponerlos de nuevo en este contexto.

    La primera apuesta de la que quiero hablaros fue acerca de la redondez de la Tierra. Un defensor de la hipótesis de la Tierra plana, John Hampden, ofreció en 1870 la suma de 500 libras (una buena suma para la época) contra todo aquel que pudiera demostrar que la Tierra no era plana. Wallace había perdido dinero en inversiones poco prudentes pero tenía conocimientos de agrimensura de su juventud que sabía que le ayudarían, así que aceptó el reto.

    La prueba se hizo en el canal artificial de Old Bedford River: un largo y tranquilo canal artificial.

    image

    Si se ponían tres puntos suficientemente alejados a la misma altura del dicho canal y coincidían, podía asumirse que la Tierra era plana, pero si el punto medio estaba más alto que los otros dos, entonces había que aceptar la redondez de la Tierra. Más o menos así:

    image

    El resultado determinó que Wallace era el ganador, por lo que recibió el dinero. Hampden, no obstante, nunca aceptó la derrota y lo llevó durante el resto de su vida a los tribunales y enviando, de paso, unas cartas con unas lindezas a su mujer como la siguiente:

    Señora, si el ladrón infernal de su marido llega a casa un día en camilla, con todos los huesos del cráneo reducidos a pulpa, sabrá usted por qué. Dígale de mi parte que es un maldito ladrón, y tan seguro como que su nombre es Wallace es que no morirá en la cama. Ha de ser una desgracia miserable verse obligada a vivir con un criminal convicto. No piense ni le haga pensar que he terminado con él.

    Como habréis podido intuir, incluso el mismo Wallace se arrepintió de haber hecho tal apuesta. Es lo que tiene enfrentarse con fanáticos y tener razón.

    Vamos con otra apuesta. En 1600, el astrónomo Johannes Kepler se apostó con su rival Cristiano Logomontano a que descubriría la fórmula para la órbita de Marte en ocho días. Kepler anotó la existencia de la apuesta, pero no las cantidades, así que no se sabe lo que perdió. Y efectivamente perdió porque no tardó 8 días, sino 5 años en averiguarlo. Esos cálculos ayudaron para sentar las bases del sistema newtoniano, en las páginas de los Principa de Newton.

    Curiosamente, los Principia deben su existencia, en parte, también a otra apuesta. En 1684 estaban sentados Christopher Wren, Robert Hooke y Edmund Halley discutiendo sobre temas filosóficos. Kepler había descubierto que las órbitas de los planetas estaban gobernadas por la inversa del cuadrado y los tres, además de Newton, se preguntaban si esa misma ley era la que regía las órbitas. Además, las órbitas eran elípticas, lo que desbordaba por completo los conocimientos matemáticos de aquellos tres hombres. No obstante, Hooke les dijo que estas leyes, seguramente, podrían ser deducidas partiendo de la del inverso del cuadrado de la distancia. Wren y Halley se mostraron escépticos y este último le dijo a Hooke que si era capaz de demostrarlo en el transcurso de dos meses le regalaría un libro por valor de 40 chelines.

    Tras esperar los dos meses, Hooke no logró resolverlo. En 1684 Halley fue a visitar a Newton en Cambridge y cuando llevaban un cierto tiempo hablando le preguntó cómo se moverían los planetas alrededor del Sol si la ley de atracción fuera inversamente proporcional al cuadrado de la distancia. Newton contestó inmediatamente: ‘En elipses’. Halley le pidió ver los cálculos, pero Newton no pudo encontrarlos. Entonces, prometió que volvería a hacer esos cálculos y se los enviaría. Y así le incitó a escribir los Principa.

    Otra apuesta que se recuerda fue la de Lord Rayleigh contra Lord Kelvin. Kelvin afirmaba que la radiactividad no podía explicar el calor interior generado por la Tierra que había escuchado en una charla que había dado Rutherford. Rayleigh le apostó cinco chelines a que antes que hubieran pasado seis meses declararía que Rutherford estaba en lo cierto. Antes de ese tiempo, Kelvin reconoció su pérdida, la confesó en público ante la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia y pagó sus cinco chelines.

    Las apuestas en ciencia hacen que los investigadores se pongan manos a la obra y las respuestas a veces suelen sorprender a más de uno. Y así sucedió con el mismísimo Richard Feynman, quien apostó (desconozco la cantidad) sobre si la simetría levógira se mantiene en las reacciones subatómicas. Nuestro héroe se equivocó. Posteriormente, se jugó 1.000 dólares a que nadie podría construir un motor de menos de 0, 4 milímetros. Quería realmente perder para fomentar la investigación sobre la nanotecnología. Y, efectivamente, perdió, pero se sintió defraudado porque el fabricante de instrumentos científicos Bill McLellan utilizó la tecnología existente para lograrlo.

    Más divertida fue la apuesta en 1974 entre Stephen Hawking y Kip Thorne acerca de si Cygnus X-1 contenía un agujero en su interior (lo que podía saberse si su masa era superior al límite de Chandrasekhar). Hawking se apostaba un año de suscripción a ‘Penthouse’, mientras que Thorne lo hacía con 4 años a ‘Private Eye’, ya que las apuestas eran de 4 contra 1. A Thorne le gustaba hacer apuestas arriesgadas y esta vez ganó.

    Thorne y Hawking no se cansan de apostar y hacen algunas de aquellas que a los aficionados a la ciencia simplemente nos arranca una sonrisa. Como la que hicieron en 1997 ambos hombres contra el físico John Preskill (agarraos bien): Cuando un estado cuántico puro inicial experimenta un colapso gravitacional para formar un agujero negro, el estado final al término de la evaporación de dicho agujero negro será siempre un estado cuántico puro.

    Preskill tenía razón. Pero Hawking no se desanima con esto de las apuestas y en 2000 hizo otra con Gordon Kane por 100 dólares sobre el posible descubrimiento del bosón de Higgs.

    En 2005, el experto británico en clima James Annan se jugó un 50 contra 1, nada menos de 10.000 dólares, con dos científicos rusos a que las temperaturas globales medias entre 2012 y 2017 serían mayores que entre 1998 y 2003. Annan decía que no hay demasiado dinero en la ciencia climática y todavía estoy buscando una buena jubilación. Si gano sería un buen complemento para mi pensión.

    Otra apuesta nació de un intento de Enrico Fermi en demostrar a Laura, su futura mujer, que había avanzado en su ‘americanismo’. Iban caminando con otro amigo, Franco Rasseti y Fermi dijo:

    — Dentro de un rato cruzaremos la línea Mason-Dixon.

    — ¿La línea Mason-Dixon? ¿Y qué es eso? — preguntó Laura.

    — ¡Fantástico! Pero ¿es que no sabes? — comenzó Rasetti.

    — Es la línea divisoria entre el Norte y el Sur — explicó Fermi.

    — ¿Qué clase de línea es esa? ¿Se trata de una línea imaginaria? ¿Es una línea física? — preguntó Laura.

    — Está formada por dos ríos, el Mason y el Dixon — contestó Rasetti con su acostumbrada seguridad.

    — ¿Dos ríos? ¡Estás completamente equivocado! — exclamó Fermi con ironía – Mason y Dixon fueron dos senadores, uno del Norte y otro del Sur.

    En vista del desacuerdo, apostaron un dólar. Resultó que Charles Mason y Jeremiah Dixon eran dos astrónomos ingleses. Pero Fermi, que nunca supo perder, reclamó el dólar de la apuesta ‘porque puede concebirse que unos astrónomos ingleses lleguen a ser senadores americanos; pero dos ríos… jamás’.

    Fuentes:

    ‘Rivalidades científicas’, Joel Levy

    ‘El Universo’, Isaac Asimov

    ‘Eurekas y Euforias’, Walter Gratzer

    ‘Historia de la ciencia: 1543-2001″, John Gribbin

    http://www.historiasdelaciencia.com/?p=179

    ‘Átomos en mi familia’, Laura Fermi

    El desafío de la Tierra Plana lo tenéis más detallado en psicobyte (por el contenido, diría que casi todo lo que pone está sacado del primer libro que he citado en fuentes). Las imágenes las he sacado de allí.

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